Por Javier Pardo de Santayana

( Nepal. Acuarela de Rosa Mª Valbuena, de la Agrupación de Acuarelistas Vascos. Foto en albertodeburgos.blogspot .com.es /2011/06/v-bienal- internacional-de-acuarela.html) (*)
Impresionante lo ocurrido en el Nepal. Un país destruido. Nuestra sorpresa se acrecienta al conocer el número de españoles que allí estaban en el momento del gran terremoto. Y es aún final de abril, cuando aún no parece tiempo para la aventura sino para la rutina del trabajo. Serán parados, se plantea uno, más luego llega a la conclusión de que, salvo en el caso de algún ingeniero y de los miembros de las ONGs, quienes van a aquellas tierras no lo suelen hacer para ganarse allí la vida. Además, ahí está la necesidad de pagarse los gastos previos, los hoteles y la alimentación. Asombro en todo caso.
Ante el gran desastre del país, el gobierno español reaccionaría con buenos reflejos intentando localizar a nuestros compatriotas y negociado con los del Nepal y la India una repatriación casi inmediata. Y pronto organizaría vuelos de socorro. Hasta la oposición reconocería la buena respuesta de nuestros gobernantes.
Sin embargo, el mismo día en que, ante la imposibilidad de conectar con algunos de nuestros compatriotas, salían hacia allá guardias civiles y militares españoles autorizados para intervenir en la afanosa búsqueda, aún pude ver en la televisión como una joven se lamentaba en tono de reproche de que aún se careciera de noticias de buena parte de los desaparecidos.
Y he de decir que lo comprendo, porque la angustia lo justifica más que plenamente. Nada hay más angustioso que la desaparición de alguien al que se quiere. Pero el hecho me movió a cavilar sobre otra cosa.
Sí; cavilé sobre el grado de exigencia de unos ciudadanos que, como nuestros jóvenes de hoy, se formaron en el limbo de la extinta Sociedad del Bienestar. Y sobre la falta de perspectiva que experimentamos. No importa que se trate de un temblor de tierra que destruyó de golpe un país exótico y lejano (estamos hablando nada menos que del “Techo del Mundo”). No importa que en el momento del seísmo quienes allí se encontraran buscaran el riesgo y la aventura voluntariamente, ni que hubiera que lanzar la búsqueda en un lejano valle arrasado por los desprendimientos. No se comprenderá el esfuerzo sobrehumano que se realiza: un esfuerzo en el que otros se verán obligados a exponer también sus vidas. Nada de esto será considerado suficiente. Siempre quedará algo pendiente para quienes tienen la convicción de que todo es posible, y por tanto, exigible para satisfacer las necesidades de los sufridos ciudadanos. Siempre quedará algo pendiente para alcanzar la perfección.
En tiempos como los actualesa, en los que se atraviesan continentes enteros sin mover las posaderas del confortable asiento de un avión, se dará por supuesto que por intrincado que sea el lugar no habrá dificultad que valga para localizar y rescatar a quien quedara aislado, como si en todo el mundo fueran exigibles el wi-fi y las instalaciones de recarga de los móviles. Sí; para el hombre de hoy si sucede algo que le contraría o angustia será preciso buscar un responsable al que podamos exigir tener todo previsto. Y en gran parte de los casos se simbolizará la indignación montando plataformas, enfundándose camisetas reivindicativas o, si es posible, aprovechando la ocasión para sacar rédito político. Ya saben ustedes: basta con lanzar el mensaje de la incompetencia de los gobernantes y de su intención perversa y desconsiderada para con la “ciudadanía”, y si no hay una medicina especial para un caso concreto o un medio de conectar con un pariente situado al otro lado del planeta ni siquiera admitiremos la posibilidad de que pueda haber dificultades para conseguirlo. Siempre se encontrará ocasión para la queja; siempre se podrá culpar a los políticos, responsables por lo visto de todo cuanto malo ocurra dentro y fuera del país salvo en el caso de que pertenezcan al partido propio. Se diría, en efecto, que vivimos en una sociedad poblada de insaciables que no dejan pasar una y de listillos que se las saben todas.
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Por eso digo yo que en esta ocasión del terremoto del Nepal alguien debe estar haciéndolo tan bien como para que por el momento y aun estando en campaña electoral nadie se atreva demasiado a criticarle. Pues situaciones parecidas a ésta fueron aprovechadas por los “irresponsables” de todos conocidos para obtener votos de los incautos una vez convertidos en seres exigentes con razón o sin ella mediante manipulación mediática que alteró actitudes y discursos, minusvaloró lo importante y dio valor a lo superfluo. Y sacó partido de los mecanismos ideológicos, de los amanerados tics de los políticos y de lo difícil que se le hace a la gente renunciar a lo que en su día tuvo pero ya no tiene.
Nada más lejos, por tanto, de la experiencia y de la teoría según las cuales ante situaciones complicadas y difíciles lo más eficaz y deseable es el reconocimiento de la realidad, la voluntad y la disposición sincera para sacrificarse si fuera necesario, y, sobre todo, el desarrollo de un esfuerzo común y solidario: un “¡todos a por ello!”. O lo que es lo mismo: un esfuerzo que no admita falsedades conscientes o diferencias artificialmente establecidas con el solo objetivo de machacar al adversario, marcar el propio campo y fomentar la disensión.
PS: Estando en estos pensamientos me llega la noticia del fallecimiento de Jesús Hermida, que tan buena maña se dio a la hora de transmitir y provocar la emoción de los grandes acontecimientos. Yo le imagino relatando sucesos como éste de la destrucción de un país entero, o aportando vibración y verdad a los desastres que sufrimos en los últimos tiempos y que se aprovecharon para sembrar cizaña entre los españoles.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm6.staticflickr.com/5321/17051693353_bedc9980b0_b.jpg
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