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Cincuenta años del club Tempero

Tres foramontanos en Valladolid 13 Jun 2015 - 07:29 CET
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Por José María Arévalo

( Cartel conmemorativo) (*)

La semana pasada daba la prensa la noticia del 50 aniversario del Club Tempero, buena noticia y más para los que hemos participado muchos años en sus actividades, acompañando –cuando procedía- a nuestros hijos, que son los que han disfrutado de este club juvenil, o echando una mano. Yo recuerdo haber dado una sesión para el inicio de la actividad de guitarra con los chicos, que más adelante se hicieron con el instrumento y tuvieron mejores profesores que yo, simple aficionado a acompañar rancheras y otros sones de mi época. Les había enseñado a mis hijos a empezar a tocar y cantar las canciones más sencillas, empezando por las de niños, hasta que avanzaron ellos tanto y cambiaron de tal forma las modas que en pocos años solo tomaba la guitarra en familia con algunos villancicos por Navidades. Así es la vida.

El último domingo de mayo celebró el Club su fiesta de aniversario en el centro cultural Aldebarán, justo pasado el Camino Viejo de Simancas, y antes tuvimos una misa en San Lorenzo, que presidió el vicario del Opus Dei en España, don Ramón Herrando, que vivió en Valladolid cuando todavía era seglar, por aquellos años de que hablo o algo antes, cuando Tempero estaba en un piso de la calle Enrique IV. Se trasladó después el club a la calle Felipe II, a las instalaciones que dejó el Colegio Mayor que pasó a ser el “Peñafiel”, en la calle Estudios, obra corporativa del Opus Dei. Y más recientemente ha ocupado las instalaciones, en la Calle Gardoqui, del Centro Deportivo Niara, que ahora tiene un magnífico complejo en el Camino Viejo de Simancas, nada más pasar la primera rotonda, a la derecha, del que ya escribí en estas páginas en junio de 2010, cuando se inauguró.

He vuelto a ver el artículo, con el estupendo buscador que tenemos en este blog, y está encabezado por una llamativa foto del nuevo polideportivo Niara, cuando en la calle Gardoqui solo tenía una pequeña cancha de baloncesto en el patio de la casa, que ahora disfruta Tempero. Mis hijos iban al club en la calle Felipe II, así que yo he ido menos por Gardoqui, hasta hace poco que hemos empezado a tener los abuelos un retiro espiritual mensual por las mañanas, de once y media a una, que a mí me viene muy bien y alterno con los del Colegio Mayor Peñafiel, sobre todo si no puedo ir a éste, que es por la tarde los segundos lunes de mes, ya que el de Tempero –la dirección espiritual del club está encomendada al Opus Dei- es el jueves siguiente. Alguna vez voy al de Niara, que lo tiene también, para padres de los socios y amigos, los terceros miércoles. Y hay otros que ya ni conozco, como es sabido está muy extendida la labor de la Obra.

( Un grupo de socios en la fiesta del Club ) (*)

Pues de aquellos primeros años del club en la calle Enrique IV me encontré, en la celebración del domingo, varias viejas glorias que vinieron expresamente para la fiesta, como Chus Prieto Valtueña, que acabó aquí Medicina, hizo la tesis, después fue catedrático, y ahora es cabeza principal del CIMA, el centro de investigaciones médicas de la Universidad de Navarra. Y José Antonio Parada, abogado vallisoletano con el que trabajé tantos años desde la asesoría de la Renault, ya que nos llevaba los casos hasta que trasladó su bufete a Salamanca. José Antonio y yo estamos ya jubilados pero Chus sigue en la brecha. Como otro puntal de Tempero de aquellos años, Pepe Rabadán, que sigue con sus clases como catedrático de Cirugía en nuestra Universidad. Y los González Enciso y otros muchos; fue un placer ver a todos en la fiesta.

En aquel artículo sobre la inauguración del Centro Deportivo y Cultural Niara explicaba “la importancia que tuvieron estas actividades deportivas en la adolescencia de mis hijos. Engancharon sin dificultad, y junto a partidos y excursiones fueron recibiendo una formación humana y espiritual que ha sido la base de su posterior trayectoria profesional. Así que siempre lo he recomendado a quienes han querido oírlo; todo lo que podamos hacer los padres para encauzarles bien en estas edades, es poco”.

( Repostero del Club, en la fiesta que se celebró en Aldebarán. El lema dice: “Despacito y buena letra, el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas” ) (*)

Me parece que ya he contado en otro artículo anterior cómo el club consiguió enderezar al más revoltoso, entonces, de mis cuatro hijos varones – los otros eran mucho más pacíficos y la niña había encajado muy bien en un club similar, para chicas, el Club Trechel-. Antes de los diez años empezó a salir no sabíamos muy bien con quién ni por donde, porque cuando su madre, que era muy sacacorchos, le preguntaba qué había hecho, no le sacaba más que “nada”, “lo de siempre”, “por ahí con los amigos”. Pero cuando ya pudo ir a Tempero, la aventura de las excursiones le atrajo, y ya no había fin de semana que se perdiera una. Así que el sábado por la mañana salíamos en familia, y ya el resto del “finde”nos quedábamos sin hijos, pero sabiendo donde estaban y lo que hacían. Con algún sobresalto que otro de su madre cuando decían que tocaba “puenting” u otros deportes similares que empezaban a llevarse entonces, o se retrasaba el regreso a casa. No tuvieron ningún accidente hasta que ya empezaban a superar la adolescencia, y justo entonces el revoltoso – que ya estaba de lo más formado- se dio un buen tajo con un hacha haciendo leña en un campamento de verano, y otro casi se despeña con una bicicleta haciendo con los de Tempero, por cuarta vez, el camino de Santiago. Bueno, en diez años de club, no está nada mal.

Volvamos a la celebración actual. El Norte de Castilla daba un simpático reportaje, con muchas fotos, de las que hemos seleccionado las que ilustran esta página, que titulaba “Medio millar de personas celebran en Simancas el aniversario del club Tempero”. El Club Juvenil Tempero –subtitulaba- ofrece desde hace 50 años una amplia gama de actividades educativas y de ocio juvenil, desde excursiones y campamentos, a teatro, apoyo al estudio o voluntariado.

( Va a empezar la entrega de trofeos ) (*)

“Alrededor de medio millar de personas pusieron este domingo el broche de oro a los 50 años de historia del club juvenil Tempero en Valladolid con la celebración de una multitudinaria comida familiar en la finca Aldebarán, en Simancas que tuvo como colofón la entrega de premios dentro de la gala con la que se conmemora la efeméride. La comida fue el colofón a varias semanas de actos, uno de los cuales fue la representación del musical Aladín y la lámpara maravillosa, en el C.C. José Mª Luelmo”.

“El Club Juvenil Tempero –explicaba El Norte- fue puesto en marcha en 1965 por familias vallisoletanas que querían que sus hijos se divirtieran y aprovecharan el tiempo libre. En este tiempo ha ido creciendo y actualmente tiene como proyecto más destacado el crear una escuela deportiva”.

Mi más cordial enhorabuena al actual equipo directivo del club por el éxito de esta celebración, en la que nuestra familia no pudo participar de lleno pero a la que estuvimos unidos de corazón. Ya sabéis que siempre podréis contar con nosotros.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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