Por José María Arévalo
( ‘Santa Teresa de Jesús’. Talla de Venancio Blanco en bronce, encargo de la congregación de las Carmelitas de Alba de Tormes. Foto en El Norte de Castilla) (*)
Quedé con los compañeros acuarelistas para ver juntos la exposición de Las Francesas ‘Impresionistas’, que reúne un centenar de grabados, dibujos y pasteles de artistas como Renoir, Degas o Van Gogh, y se me olvidó ofrecerles ver también juntos la de “Venancio Blanco. Desayuno con el dibujo”, en la Casa Revilla, así que me fui a ésta con dos de mis hijos y me la encontré a punto de ser clausurada, incluso creo que algún día después de la fecha prevista, el pasado día 7. Pienso que a lo mejor sigue pudiéndose ver, y, créanme, vale la pena también. Venancio Blanco además de extraordinario escultor, es un magnífico dibujante, ahora comentaremos.
Sirven de motivo principal a la exposición los dibujos sobre Teresa de Jesús que el escultor salmantino realizara en servilletas de papel, con lo que se entretenía Venancio Blanco mientras esperaba la primera comida del día, el desayuno, para pasar el rato y entrenar la muñeca. Y además de dibujar muchas imágenes de Santa Teresa, diseñaba también maternidades, tauromaquias, flores y otros temas, de los que salió después más de una idea para esculpir. La Fundación del artista y el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua han hecho una selección de esos dibujos de los últimos años, entre 2007 y 2014, y además se exhiben también algunas pequeñas pero geniales esculturas en bronce para las que hizo los bocetos colgados, un San Juan de la Cruz, un homenaje a la ‘Música acuática’ de Händel o un retrato de Belmonte, y varias más.
“Para el escultor Venancio Blanco (Salamanca, 1923), «el primer dibujo de una mañana es como el Padre Nuestro», escribía Pablo Garcinuño en El Norte de Castilla de Ávila, cuando se presentó esta muestra con grandísimo éxito en esa ciudad, a principios de año. “Con esa madrugadora idea en la cabeza se levanta cada día a las cinco de la mañana para salir de casa y coger fuerzas en una de las cafeterías cercanas a su taller. «Yo no sé si voy a desayunar por el café o por el dibujo; lo que está claro es que, mientras me ponen el café, hago el dibujo», señaló ayer en Ávila, en la inauguración de una exposición que recoge medio centenar de servilletas de bar en las que el artista plasmó sus inquietudes”.

( Uno de los dibujos de Venancio Blanco sobre Santa Teresa) (*)
“Gran parte de los trazos que se exponen retratan a Santa Teresa de Jesús, una santa andariega que aparece siempre de viaje y, en ocasiones, acompañada por San Juan de la Cruz. El Premio Nacional de Escultura en 1959 siempre se ha sentido muy unido a la mística abulense. «Me la recordaba mucho mi abuela con su borriquillo –afirmó–. A mi abuela, que no sabía leer, no la engañaba nadie porque era muy lista; Santa Teresa, además de ser lista, sabía leer y escribir. España tiene que estar orgullosa de tener esta santa».
Y contaba que el director de la exposición, Gonzalo Santonja, que ha elaborado el texto del catálogo, ya observó hace años que, cuando quedaba con el escultor salmantino, este siempre utilizaba las servilletas de los bares para trazar figuras. «A veces incluso llegaba un poquito tarde para dejarle acabar los dibujos», reconoció.
“Lo que se puede ver en estas servilletas, nunca antes mostradas al público, son «trazos naturales, limpios, luminosos, cristalinos y preciosos. Yo me atrevería a decir que son trazos teresianos», señaló Santonja. Además de los temas religiosos y taurinos, habituales en la obra de Blanco, se recrean flores, retratos, mujeres embarazadas, motivos musicales, etc. Solo se emplean tintas de colores en un par de servilletas; en el resto, los trazos negros son el único contraste con el blanco del papel.
( ‘Juan Belmonte’, escultura de Venancio Blanco en la muestra) (*)
Pero lo mejor son las cinco esculturas en bronce del artista, Premio de las Artes de Castilla y León en 2001, que incluye también la muestra: ‘Juan Belmonte’, ‘Suerte de Varas’, ‘Homenaje a Häendel’, ‘San Juan de la Cruz’ y ‘Santa Teresa de Jesús’. Esta última obra fue un encargo de la congregación de las Carmelitas de Alba de Tormes.
Me parece que esta muestra ha tenido menor relevancia en Valladolid que en Ávila, donde ha sido uno de los primeros acontecimientos de la celebración del V Centenario. Quizá hubiera merecido una sala más importante que la Casa Revilla. Nuria Urbano , directora la Fundación Venancio Blanco, gracias a la cual ha sido posible esta exposición, es la comisaria de la muestra.
El pasado año, después del verano, se daba la noticia de que la obra del escultor Venancio Blanco (Matilla de los Caños del Río, Salamanca, 1923) tendrá sede permanente en la sala de exposiciones de Santo Domingo (Salamanca). Así lo acordaron el propio artista, el alcalde de la ciudad, Alfonso Fernández Mañueco, y el presidente de la Fundación Mapfre, Antonio Huertas, con la firma de un convenio, gracias al cual el Ayuntamiento aportará la sala de exposiciones y difundirá sus actividades; y la Fundación Mapfre aportará anualmente 50.000 euros a la Fundación Venancio Blanco para sufragar los gastos derivados de la organización de las muestras y de las actividades que se realicen. Además cederá temporalmente las esculturas de su propiedad realizadas por Blanco. Finalmente, la Fundación Venancio Blanco pondrá a disposición de estas instituciones la colección del escultor salmantino, que incluye cerca de un millar de piezas en bronce, miles de dibujos y otras piezas realizadas con distintas técnicas.

( ‘Suerte de Varas’, escultura de Venancio Blanco en la muestra) (*)
Hoyesarte, cuando daba la noticia, explicaba que de 1943 a 1948, Venancio Blanco cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, y en 1941 viajó a Italia, donde descubre la escultura como forma de vida. Es miembro del grupo de los Seis Escultores, constituido en los años 60 en Madrid, que se integra en el marco de la escultura neofigurativa. Blanco, partiendo de la tradición, busca su identidad con un lenguaje propio, renovando la escultura contemporánea e incorporando su personal expresión plástica, principalmente a través del bronce. Desde 1977 es miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En 1981 fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma y pertenece también a la Pontificia e Insigne Academia Artística dei Virtuosi al Pantheon de Roma, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, y Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.
Además de los antedichos Premio Nacional de Escultura en 1959 y Premio de las Artes de Castilla y León en 2001, obtuvo la Primera Medalla de Escultura de la Exposición Nacional de Bellas Artes (1962), el Gran Premio de Escultura de la V Bienal de Arte de Alejandría y la Medalla de Oro de la IV Bienal de Arte Sacro de Salzburgo.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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