Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Álvaro en El Norte de Castilla, el pasado día 15) (*)
La que se está armando… Cuando aquí nos automachacábamos con la corrupción de quienes manejan fondos oficiales, ahora salen los norteamericanos y revelan que también en el campo del balón redondo hay un importante nido de ladrones. Vamos, que el fútbol es algo parecido a la cueva del famoso Alí Babá.
Curiosamente quienes sospecharon del tinglado o fueron informados en primera instancia no pertenecían a un país de tantos como hay en los que decir deporte es decir fútbol. Pero sí es nación de eficacia habitual y que sabe reaccionar con rapidez ante estas cosas de la moral que podemos llamar pública. Así que armó la gorda. Y lo hizo muy oportunamente: precisamente en vísperas de la elección del presidente de la FIFA para un nuevo mandato.
Como estaría la cosa que el responsable del invento, o sea el sonriente señor Blatter, no se limitó a lamentarse de tener bajo su responsabilidad a unos depredadores, sino que insistió en presentarse para la reelección como si no pasara nada. Y lo asombroso fue que la ganó. Todos pusieron caras de que nada había cambiado, y le votaron a él, así que salió del escenario entusiasmado y creyendo haber escapado del enredo. Pero sólo dos días más tarde, mostrando que la dureza de su faz no era fingida, volvió a asomarse al escenario y dimitió sin más, eso sí, con toda la elegancia que permite tan embarazosa situación.
Por lo visto la compra de los votos necesarios para convertir a un lugar determinado en sede de los campeonatos promovidos por la institución era cosa digamos que habitual. Pero no quedó ahí la cosa, porque tampoco faltaron trampas arbitrales y saldrían a colación casos y más casos de venta de partidos, algunos tan curiosos como aquel del gol de los franceses al que precedió una ostensible mano, o la anulación de un gol español por un árbitro egipcio de mal recuerdo para nuestros aficionados. Pero ahora a ver como desfacemos el entuerto. Por lo pronto nos topamos con un lío muy gordo: el de los campeonatos del mundo de Qatar y Moscú, aún por celebrar y de cuyo turbio origen parece haber constancia fehaciente.
Yo ahora me pregunto: ¿pero no se lo olían ustedes desde siempre? Cuando veían ese grupo de paniaguados procedentes de países donde la corrupción es poco menos que total, ¿no se temían que anduvieran metidos en el negocio de la compraventa? Vamos, que sin necesidad de ser excesivamente mal pensado, era de suponer que detrás de determinadas votaciones había bastante que investigar. Y aún habremos de ver si no ocurre algo parecido con el movimiento olímpico, tan pulcro, elegante e impoluto, pero en el que no sería de extrañar que ocurriera otra cosa parecida. Y lo mismo podría decirse de la UEFA, que debe este ya próxima a caer.
Por lo pronto, en esto de la FIFA ya ha habido quienes han cantado la gallina, y, como suele ocurrir en esos casos, están ya diciendo: puesto que me han cogido, ahora contaré ya todo lo que sé del tema y van ustedes a ver que no soy único; que hacían lo mismo todos los demás. O sea, que era cuestión de ambiente bien sabida. Pero vivíamos muy bien y podría haberse eternizado si unos quisquillosos norteamericanos no hubieran metido la nariz. Mas como sí lo hicieron, a estas horas hay muchos que quisieran esconderse o salir corriendo hacia el anonimato.
Compra de partidos, maletines, amables recomendaciones a los árbitros… Por lo que puede verse, la naturaleza humana es insaciable. Por eso a mí me extraña que la gente sea tan pánfila, Y lo digo yo que jamás acepté aquel dicho de que todo ser humano tiene precio. Pero precisamente porque hay muchos que lo creen, me extraña que aquí, donde se habla más de fútbol que de otra posible actividad humana – aquí, donde hay una institución deportiva que se considera “más que un club” – llegamos a la conclusión de que tanta pasión promovida y desatada depende al final de esos tejemanejes “comerciales”.
¡Qué pena nos da ahora recordar a tanta gente bien intencionada que se jugó el prestigio intentando ganar para España el honor de albergar determinados acontecimientos deportivos! Especialmente cuando se sabe, como ahora, que detrás de los grandes lemas del deporte se mueven la falsedad y el trapicheo. Uno se da cuenta de que en todas partes cuecen habas y de que aquí hay mucho pardillo. Se da uno cuenta de que en el fondo, quienes creen acabar de descubrir este pecado son en el fondo almas muy cándidas o, a veces también, bastante hipócritas.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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