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A vueltas con los nombres

Tres foramontanos en Valladolid 01 Jul 2015 - 07:22 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Retrato de María Cayetana de Silva, duquesa de Alba. 1795. Óleo de Francisco de Goya y Lucientes, en la Colección Alba. Foto en pintura.aut.org. 19,4 x 13) (*)

El tema de los nombres da mucho de sí aunque no lo parezca. Ahora lo traigo a colación huyendo de esa caterva de políticos que se nos viene encima y cuya descripción superaría la colección de la pintura negra de Francisco de Goya. Así que huyo siquiera por unos pocos días de ese aquelarre de “frikies” y me dedico a otro asunto más ligero pero no menos curioso.

Nunca llegué a entender el criterio que se aplica para decidir si un nombre es bonito, aceptable, extraño o simplemente feo. Por ejemplo, Cayetana suena a algo parecido a “alcayata”, y sin embargo es tenido por fino y elegante, pienso yo que porque fue nombre de duquesa. En cambio, Teodosia o Petronila suenan a rústico pese a sus intensas resonancias clásicas. Y algunos nombres están pidiendo el chiste y sin embargo se ven como normales, Este es el caso, por ejemplo, de Agustín, que es un nombre apreciado, o del sugerente Casimiro.

Una cosa que debe tenerse en cuenta en este tema es el peligro que supone la combinación del nombre de pila con el apellido, porque puede resultar bastante chusca. Clásico es el ejemplo de don Armando Guerra. Ahora hay una chica en el fútbol femenino a la que llaman Vero Boquete, que además de sonar cuando menos curioso, en gallego macarrónico podría significar – “ver o boquete” – ver el boquete”, o sea el agujero. Y, sin embargo, Verónica, su verdadero nombre, es decididamente eufónico. Quiere esto decir que los progenitores, sean éstos A o B, debieran caer en la cuenta de lo que van a hacer con sus retoños cuando los van a bautizar, e imaginar entonces lo que les obligan a poner en sus tarjetas de visita. Su amor de padres no debiera admitir un acto tan cruel como éste.

Otra combinación es la de dos apellidos cuya unión engendra una expresión curiosa, como es el caso de Valiente Chasco, para mí persona conocida. O la combinación de dos más el nombre de pila, como el archiconocido Dolores Fuertes de Barriga.

Luego hay nombres que no parecen decir nada pero que suenan también raro rarísimo. Por ejemplo los del antiguo periodista Acisclo Karaj o del el torero de Santoña Sérvulo Azuaje. O el de Paramio, el ideólogo del Pesoe, que no sé cómo sus padres no se dieron cuenta al ponerle el nombre de Ludolfo. Claro que con esto puede conseguirse un efecto de cierta trascendencia: evitar que los hijos pasen ignorados por la vida o que la gente no sepa como dirigirse a ellos, cosa que ocurre en cambio, por ejemplo, con el clásico José, al que no se sabe si llamarle así o utilizando el “Pepe” clásico. Y claro, uno acaba diciéndole “oye, tú”.

Con las mujeres el problema es otro. Como es sabido, en España siempre predominaron para ellas las advocaciones de la Virgen, y éstas suelen referirse a lugares y cosas muy concretas. Así tenemos nombres como: Camino, Puerto, Mar, Llanos, Nieves, y otros muchos, incluido Regla. Y también sustantivos que corresponden a sentimientos gozosos como Esperanza, Felicidad y Gloria, pero también muy tristes, como Dolores, Soledad y Angustias, que hasta me entran las ganas de llorar al escribirlos.

Ahora la novedad es que en este panorama han irrumpido bastantes nombres nuevos. Algunos tan sólo en apariencia, pues son nombres de santos pero expresados en las “lenguas vernáculas”. Para los niños, cosas como Kepa, Jon (que así seguidos suenan raro, raro), o, para las niñas, Edurne, Ainhoa, – que es un topónimo y no un nombre de santa . y otros muchos que ya no producen extrañeza porque están de moda. Pero también los hay que reproducen nombres extranjeros tan traídos por los pelos que dan risa al oírlos en su versión castiza. Ni siquiera sabemos de qué santo vienen: quizá de Hollywood o del fabricante de una marca de gayumbos.

En fin, todo sea por la novedad, que en el fondo es lo que la gente de hoy anda buscando, pues los hijos escasean y los padres no desean repetir sus propios nombres en tan escasa descendencia.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm6.staticflickr.com/5349/18859998552_dec3b32de6_b.jpg

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