Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Tansu Özmen en Facebook) (*)
Entre las noticias del día leo en el periódico una historia que no sólo me parece fascinante, sino también sumamente extraña. La noticia se refiere a un músico gaseado en Auschwitz, aquel sitio infernal sobre el cual hace chistes uno de los concejales del nuevo equipo del ayuntamiento madrileño.
Los judíos eliminados de esta forma por los nazis fueron legión, así que el dato no parece nada novedoso. Pero al seguir leyendo descubro que el protagonista de la historia no era judío de religión, sino bautizado, es decir, cristiano. Así que le mataron por ser su familia judía de origen.
Ya esto hace que su caso sea distinto del habitual. Mas, por si acaso fuera poco, tal como tengo dicho Viktor Ullmamm tenía la condición de músico; no sólo como intérprete sino sobre todo como buen compositor. No de los del montón, sino de muy altos vuelos. En efecto; de vuelos tan altos que compuso una ópera que ahora andan retocando y completando para darla a conocer en breve plazo.
Seguramente ustedes supondrán que cuando le confinaron por primera vez ya la tenía escrita e incluso estrenada, mas la historia no fue de esta manera, ya que la presentó estando ya en un campo de concentración aunque no aún en Auschwitz. El lugar era desconocido para mí: un pueblo cuya fotografía aérea el periódico nos muestra a todo color. Su nombre es Terezin y se halla situada an un punto de lo que fue Checoslovaquia. De él nos sorprende sobre todo su contorno en forma de polígono al estilo de las fortificaciones de Vauban.
El lugar en cuestión era un campo de concentración entonces, pero por lo que veo no propiamente del programa de la solución final, es decir, de aquella que incluía la eliminación física de las personas. O sea, que se distinguía de los llamados “campos de exterminio”, cuya solo enunciado ya es de echarse temblar. Y aquí es donde me falta algo más más información que me permita imaginar el ambiente que reinaba allí, pues es difícil de encajar un hecho que es real real y sin embargo incoherente: que en un campo de concentración como éste Viktor Ullmann no sólo pudiera componer su ópera, sino que le fuera permitido el estrenarla, porque esto exige la movilización de mucha gente y contar, como mínimo, con una serie de instrumentos musicales. Según parece, Terezin sería utilizado como engaño de la propaganda oficial para ocultar el horror que habitaba tan sólo un poco más allá. Para ello se simularía la existencia de una “colonia judía” en la que estaría permitida “incluso” alguna actividad de tipo cultural. Me temo que en este caso anduvo algo lenta de reacciones la Gestapo.
El caso es que, en efecto, la ópera se estrenó en Terezin después de dos ensayos, y se hizo con el pomposo y sugerente título de “El emperador de la Atlántida”. Naturalmente el reportaje no llega a detallar en qué instalaciones se desarrolló un estreno que fue a la vez la última representación de tan ambicioso acontecimiento cultural. Sólo sabemos que este fue el momento del comienzo de lo que fue un final dramático. Por lo visto el argumento contenía incisivas alusiones a la “guerra total”, y el protagonista aparecía con el título de “Overall” (recordarán del himno alemán aquello de “Deutschland Deutschland über alles”). Así que la obra podía tomarse como un duro y simbólico alegato contra el Führer.
Muchas cosas quedan aún por preguntarse para poder trazar fielmente el argumento de lo que, curiosamente, bien podría dar pie para una nueva ópera: la que se basaría en la tragedia del compositor católico Viktor Ullmann y el libretista Peter Kien, muertos en las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz. Esas cámaras de gas que tanto le divierten a nuestro concejal y que tan poco parece importar a su mentora, esa señora de gesto atravesado que pretende nuestra regeneración.
Así que, fíjense ustedes por dónde, ahora me entero de que en el cenicero al que alude nuestro concejal están, entre otros muchos, un gran músico y un experto libretista. Precisamente quienes tuvieron el valor de convertir en arte su crítica a los asesinos que harían luego ceniza de sus cuerpos.
Pedro Halfter se ha propuesto culminar la obra a partir de la versión que sobrevivió al asesinato del autor y el libretista, y que fue completada por un profesor preso como ellos con la ayuda de un médium que se supone conectó con Ullman. He aquí otro detalle fascinante. El objetivo es transformarla en obra para gran orquesta, puesto que originalmente se compuso como opera de cámara. Supongo que nuestra alcaldesa y su compinche no faltarán al estreno previsto para el año próximo en el Teatro Real de Madrid, mas no estoy seguro de ello. Hombre, si hubiera sido una sesión de rap hasta podrían invitar a su compadre gaditano, que tiene nombre de “colegui”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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