Por Carlos de Bustamante

( La Maesta. El pacto de Judas y La despedida de los apóstoles. 1308-1311. Temple sobre tabla de Duccio di Buoninsegna en el Museo de la Ópera del Duomo de Siena. Pintura.aut.org. 99,8 x 53) (*)
Después de lavados los pies, comenzó la cena.
Transcurría con normalidad. Si normal puede llamarse -aunque los demás seguro no lo supiesen- a cenar si no Con Dios, sí sirviéndole como yo hice.
Miré a Jesús, aunque en realidad no le quitase ojo en toda la cena, y le vi con seriedad desacostumbrada. Gravedad como de un gran acontecimiento. Lo fue. Como jamás nadie hubiera imaginado.
-“En verdad os digo que uno de vosotros me hará traición”.
Una bomba no podía causar sorpresa mayor. Todos estupefactos.
-Señor -uno tras otro-, ¿soy acaso yo?
Y Él en respuesta dijo:
-“El que mete conmigo su mano en el plato -para mojar el pan en la salsa, se comprende- ése es el traidor”.
Los más próximos no sabían ni dónde colocar las manos. Todos, menos uno. Tarsicio, esclavito, etíope y negro, pero no tonto, supo enseguida de quién se trataba. Torva la mirada, no la osaba levantar del suelo.
Con todo, va el tío y pregunta:
-“¿Soy yo acaso Maestro?”
-“Tú lo has dicho” -solo yo lo oí, creo-. “Lo que has de hacer, hazlo pronto” – añadió por lo bajines.
Tarsicio sabía, aterrado, quién iba a ser el traidor. Pero traidor ¿de qué?, me preguntaba. Pronto sabría la respuesta.
Pero antes…
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm4.staticflickr.com/3924/18964359949_eca6d7ccb4_b.jpg
Home