Por José María Arévalo

( Acuarela de Josep Halleman en josephalleman.com. música.2003-master-class) (*)
El concierto de clausura de la temporada de la OSCyL no estaba incluido en el abono llamado “Espectacular”, que tenía una selección muy buena y era el que nosotros habíamos elegido, pero lo protagonizaba nada menos que el gran maestro israelí Eliahu Inbal y para dirigir la “Séptima” de Mahler, así que desde el principio del curso nos hicimos con las entradas para el 19 de junio pasado. No nos equivocamos. Quizá ha sido el mejor concierto de toda la temporada. Estuvo extraordinario el maestro y nuestra orquesta respondió como nunca.
“Algo tengo que ver con la explosión de la música de Mahler en los sesenta” decía Inbal en El Norte, a Victoria Niño, que apostillaba: Y es que Mahler no siempre fue tan conocido. “Ya lo dijo él, que su música era demasiado avanzada para su tiempo y no se entendería hasta medio siglo después. Los que se atrevieron a dirigirla tras su muerte – Walter, Adler, Kemplerer– hicieron solo cuatro sinfonías. El renacimiento de su música fue en los sesenta cuando Abravanel, Bernstein, Kubelik o Solti abordaron el ciclo entero. Recuerdo que mi primer concierto con la ONE en España, en 1965, dirigí la ‘Décima’. Las cuatro primeras, pertenecientes a su música íntima y autobiográfica, son programadas frecuentemente. A partir de la ‘Sexta’ hay un cambio de estilo, es una música más moderna, más abstracta. Quizá por eso la ‘Séptima’ no sea muy interpretada. Es difícil técnicamente. Luego la ‘Novena’ y ‘Décima’ retoman la intimidad autobiográfica”.
Recogía Victoria en la entrevista cómo de los dos ‘nocturnos’, de los cinco movimientos de esta ‘Séptima’, titulada “La canción de la noche”, se da por bueno que Mahler se inspiró en el cuadro ‘La ronda de noche’, de Rembrandt. Y en buen artículo del programa de mano del concierto, Inés Mogollón comenta que Mahler seguramente se carcajearía si supiera que esa supuesta nocturnidad del hermoso lienzo de Rembrandt era fruto de la oxidación y el deterioro de los barnices: la restauración de 1947 dio paso a una escena que tiene lugar a plena luz del día y que retrata la compañía cívica de Ámsterdam, eso sí, en la penumbra de un zaguán.
Reconozco que hasta la versión de Inbal con nuestra Sinfónica no había valorado esta sinfonía de Mahler, que solo había oído un par de veces y por disco y que es la menos popular. Muchas veces hemos comentado la diferencia de la audición en vivo y la enlatada, pero en este caso ha sido para mí mucho mayor. Me he encontrado con el mayor número de sorpresas tímbricas de todo su ciclo, acostumbrado como ya estoy, y muy agradablemente, a sus disonancias y otras novedades que anuncian la modernidad. En ésta he entendido mejor que en ninguna los cambios de modos menor y mayor y los estallidos sarcásticos que interrumpen la armonía del conjunto por tan breves instantes que no la perjudican. “Sarcástico con los músicos, con la música –sigo el programa-, con Viena, con la sociedad de su tiempo, consigo mismo, con el público. Compone con mala intención, y se nota”. Para mi gusto en esta Séptima sobre todo. “Mahler, el gran director de orquesta que batalla contra el conservadurismo y la pereza, el judío que se convierte al catolicismo, el hombre permanentemente caricaturizado, triturado por la prensa y la crítica, contraataca desde su obra de una forma singularmente compulsiva y singularmente bella”.
Volvemos a la entrevista con Victoria Niño, que nos explica cómo Inbal ha hecho el ciclo completo de Mahler allá donde ha sido director titular, –Frankfurt, Praga, Berlín, Venecia, Tokio–. “Una vez en Taiwán se me acercó una persona del público tras dirigir la ‘Tercera’ para reprocharme que la versión era distinta al disco que tenía. Claro, le aclaré, yo soy distinto cada día, cada concierto es diferente. Cada vez que tocamos una obra hay que recrearla como si fuera la primera vez pero todo está en constante desarrollo”.
Esta es una idea constante en el discurso musical de Inbal, por eso no acepta verdades absolutas de los maestros historicistas. “Está bien acercarnos a los tempi, las estructuras, la intensidad, con que creemos debían sonar las obras de Beethoven o Mozart en su tiempo, pero nosotros no somos los mismos humanos que aquellos. No podemos obviar 200 o 300 años de historia. La música debe ir con su tiempo porque la recepción cambia. No es lo mismo oír Beethoven en su tiempo que tras conocer la música de Bruckner, Dvorak o Stravinsky. Por eso hay que estar abierto a todas las posibilidades”. Y “la percepción de la música cambia, Beethoven es otro tras Mahler».
El maestro siente lo mismo respecto a Velázquez o Shakespeare, “el arte lo vemos y sentimos con los ojos del hombre de hoy”. También la composición guarda su misterio, “decía Stravinsky que no sabía de dónde salía su música. Hoy conocemos un 4% de su obra, la siguiente generación sabrá un poco más, un 5%”. Buena entrevista esta de Victoria Niño, adecuada para la altura del gran maestro, que será –para nuestro gozo- director principal invitado de la Sinfónica de Castilla y León en la nueva temporada 2015-2016.
Sobre nuestra orquesta, Victoria le tiró de la lengua: La próxima temporada estrechará lazos con la OSCyL, “podré opinar pero no tengo la responsabilidad de un director artístico. Me gusta esta orquesta tiene un sonido cercano al de las alemanas, no parece española. Creo que puedo ayudar a hacer este repertorio sinfónico”.
Lo veremos dirigiendo a nuestra orquesta en la Sinfonía n.º 11 de Shostakóvich; el Concierto para trompa de Óscar Navarro, la Rapsodia española de Ravel, y La consagración de la primavera de Stravinski. La primera incluida en el abono llamado “Espectacular”, y el segundo en el abono “Bienvenida”, al que creo nos pasaremos este curso, asegurando otros hitos importantes, como todo lo del sello Eliahu Inbal. Pero ya tendremos ocasión de comentar la nueva temporada, que se presenta muy interesante.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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