Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Ya estamos en el nivel del porno y las micciones

Tres foramontanos en Valladolid 22 Jul 2015 - 07:25 CET
Archivado en:

Por Javier Pardo de Santayana

( El Manneken Pis, en el centro histórico de Bruselas ) (*)

En lo que se nos presenta con la etiqueta de una ola de “regeneración” política y social estamos llegando a un punto de surrealismo tan increíble como cierto. En un tiempo récord, diría yo que nunca visto, el friso de nuestros nuevos y ambiciosos representantes públicos se ha hecho ya digno de un museo de feria o de un zoo de animales exóticos. Se diría que es imposible reunir en tan escaso tiempo tanta burrada junta: la acumulación de maldades y sandeces – por no decir de marranadas,- que hoy mismo estamos presenciando quedará ya para la historia.

En efecto, en cosa de veintitantos días hemos visto cosas realmente asombrosas. Tenemos, por ejemplo, aupados a responsabilidades de gestión política y manejo de los fondos públicos – esa materia tan sensible que está en el centro mismo del supuesto esfuerzo de regeneración – a individuos caracterizados por un comportamiento soez y miserable que va más allá incluso de lo que alardea la izquierda muñidora de nuestra “corrección política”. Cosas que no se podrían enseñar a las visitas so pena de desprestigio nacional: un muestrario de bajezas morales y de evidente mala educación.

Vemos expresiones de fobia antijudía que en cualquier otro lugar de Europa provocarían una reacción de repulsa como para enviar a sus autores a la cárcel: chistecitos sobre la desgracia de unas niñas violadas o mutiladas, y jóvenes y no tan jóvenes revolucionarios colocando como partícipes del presupuesto público a padres, hermanos, y amantes en un familiar reparto de bicocas practicado con la mayor desfachatez. Pero aún quedaba bastante por ver. Lo último del repertorio ha sido el nombramiento como directora de Comunicación del ayuntamiento de Barcelona a una – iba a decir señora – que se dedica a promover un porno que si ya era repelente como tal, más lo es aún por su ridículo disfraz de “propuesta alternativa”. Su libro de presentación nos la muestra despatarrada y orinando de pie en plena vía pública mientras se ríe a carcajada limpia. Todo, como ven, muy elegante y refinado, propio sin duda del famoso “seny” y de la responsabilidad política asumida. Algo que deja ya en mantillas incluso a los municipales asaltadores de supermercados.

Yo intento imaginar la reacción de tanta gente bien educada y bien formada como supongo habrá en España; gente pensante que ha leído y viajado, que sería capaz de mejorar la sociedad con su palabra y con sus hechos. Esa mayoría del sentido común que incluso ha estudiado nuestra Historia; gente cabal que a veces se ilusiona y otras veces se aterra ante tanta estupidez y maldad exhibida impunemente. Gente de bien a la que preocupan el futuro y la familia. Y yo me digo: ¿en dónde está, y qué hace ahora ante este circo impresentable? ¿Se da cuenta de que esta gentuza cuya proporción me niego a estimar indicativa de una mayoría, se alía no sólo para mayor escarnio con los destructores del mobiliario urbano, sino también con quienes quieren cargarse las unidad de España y que, por lo que se ve, no se consideran europeos ni en sus palabras ni en sus hechos? Yo supongo a mis lectores paralizados por el asombro cuando ven como los pretenciosos pandilleros del tic tac y sus amigos nos revelan su grosería natural, o cuando constatan que muchos bienintencionados españoles – quizás ellos mismos – han contribuido a esta situación kafkiana que rompe los últimos límites de lo aceptable en una sociedad culta y sensata. Supongo que se preguntarán: ¿qué habremos hecho para merecer todo esto? Y sobra decir que yo podría explicárselo.

Ante tanta zafiedad de cuerpo y alma mi sensación es parecida a la que siento cuando veo películas de invasiones de marcianos, donde aparecen situaciones que nos superan por su excentricidad. Claro que esta panda de “freacks” no representa – así lo espero por lo menos – a la sociedad española con la que tratamos en nuestro día a día. Nunca vimos, por ejemplo, a una mujer orinando de pie en la calle, y menos pisando luego moqueta en los ayuntamientos; sólo recordamos aquellos avisos que prohibían hacer aguas mayores y menores en algunas esquinas de nuestros pueblos y ciudades, pero entonces los funcionarios de los ayuntamientos no eran los que allí “hacían sus necesidades”, sino quienes pegaban los carteles. Y ¡ay de quien osara hacer chistecitos para mofarse de aquellos niños, hombres y mujeres que vimos hacinados o amontonados, ya cadáveres, en los campos nazis de exterminio! O se mofase de niñas mutiladas, o violadas y asesinadas luego. Pero claro, eran tiempos antiguos, cuando la gente aún carecía de teléfonos inteligentes. Años de plomo, que llaman algunos.

Busco palabras para describir lo que estamos presenciando y me viene a la mente la palabra “despiporre”, que aunque no aparece en mi diccionario del 55, me parece expresiva a la hora de referirme e algo que veo fuera de toda medida razonable; una ruptura total con la lógica, la ley, la ética, la estética y los buenos modales ciudadanos y sociales: una especie de gran desmadre nacional que nos deja totalmente entontecidos.

Sí, entontecidos, pues no he visto enseñar un solo pecho a las ardorosas feministas – siempre movilizadas en cambio contra los católicos -, o poner el grito en el cielo a los garantes de lo “políticamente correcto”, torpemente empeñados en justificar lo injustificable. O pontificar, esto a los vehementes defensores de los derechos humanos, tan sólo interesados en la vergonzante exhibición de mal gusto del incomprensible orgullo gay, repudiado incluso por los homosexuales de cierto nivel intelectual, que se indignan al ver la exhibición de zafiedad de unos maromos en ligueros y vestidos de monjas, por ejemplo. Estoy seguro que pensarán que “no se trata de eso”.

Para mayor abundamiento, ahora los griegos amigos de la pandilla del tic tac y su reata de tontos útiles nos amplían el panorama con una exhibición de caradura y actitudes chulescas encaminadas a no pagar las deudas, una parte sustanciosa de las cuales fueron contraídas precisamente con nosotros. O sea que preferimos gozar de la condición de cornudos y apaleados.

Habría que pellizcarse , como decían los antiguos, para llegar a constatar que todo esto sucede realmente aquí, en el viejo continente y en un país de vieja estirpe que fue el primer estado moderno de Occidente, poseedor de una cultura propia y de un idioma de extensión mundial. Un país con experiencia contrastada, que ha pasado por mucho y que no debería caer tan fácilmente en estas triquiñuelas; un país que no ha mucho sirvió de ejemplo de impulso y buen sentido y que hace sólo unos años aún se ilusionaba con un proyecto de unidad y progreso: que parecía ser capaz de entender todas estas cosas y también de qué iba el nuevo siglo.

PS: Según me informo en Yahoo, orinar en la calle cuesta más de dos millones de euros a los barceloneses.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm1.staticflickr.com/512/18793078473_0bf872a773_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by