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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 17 Ago 2015 - 07:24 CET
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“La familia, titular de soberanía”, de Joan Carreras, y “La prótesis caducada del catalanismo en España”, de Federico Jiménez Losantos

( Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla el pasado día 25 de julio) (*)

LA FAMILIA, TITULAR DE SOBERANÍA

Recogemos el artículo de don Joan Carreras en su blog Nupcias de Dios del pasado 14 de Julio, con un Comentario al capítulo II del Instrumentum laboris “La familia y el contexto socio-económico”, documento publicado recientemente como resumen de aportaciones para debate en el próximo Sínodo de Obispos sobre la Familia, capítulo que recoge tras sus observaciones y que también reproducimos

En la Carta que el Papa San Juan Pablo II dirigió a las familias en el año 1994, se preguntaba de manera retórica: ¿Qué espera la familia de la sociedad? Y respondía: Que sea reconocida como sujeto social. En lugar de verla como aquella realidad sometida a la jurisdicción de los Estados y de la Iglesia, el Papa señalaba la soberanía de la familia, es decir, el poder exclusivo de esta institución consistente en tejer las relaciones básicas de la persona, que es mucho más que un simple individuo. Gracias a este poder exclusivo, tanto los Estados como la misma Iglesia debería doblar la rodilla ante la familia, es decir, ponerse a su servicio en lugar de pretender invocar derechos sobre ella. Como siempre, la perspectiva legalista de la que hablamos en el anterior comentario nos hace incurrir en un error garrafal de perspectiva: no son las familias las que están al servicio de los órdenes estatal o eclesial, sino al revés. Ella es una sociedad soberana. Esta es la perspectiva que facilita la comprensión de estte capítulo segundo y en general de todo el documento. Es tan grande la misión que le está encomendada por Dios que merece el mayor de los respetos: se le reconoce ser titular de soberanía.

Esta innovadora y radical propuesta de san Juan Pablo II exige también que los mismos miembros de la familia sean conscientes de ese poder insustituible y que comiencen a ejercitarlo por todos los medios políticos y culturales que estén en sus manos. A eso deberían ir destinadas las políticas familiares (nn. 12 y final del 13).

Sí la familia es la institución que genera las relaciones principales de la sociedad, pero ni sus miembros ni tampoco los Estados son conscientes de ello, es lógico que exista esa pobreza tan característica de nuestra época: la soledad. De eso toma nota el n. 13 (6) que pertenece al texto originario de la Relatio fnalis del Sínodo extraordinario celebrado el pasado mes de octubre. No se incurre así en el reduccionismo de considerar únicamente la pobreza económica y cultural (n. 15). No falta tampoco una referencia explícita al tema planteado con gran fuerza en la segunda encíclica Laudatio si’: una mentalidad prepotente y dominadora está en el origen de la falta de respeto y de cuidado por la naturaleza (n.. 16).

Instrumentum laboris. Capítulo II. La familia y el contexto socioeconómico

La familia recurso insustituible de la sociedad

11. La familia sigue siendo hoy, y será siempre, el pilar fundamental e irrenunciable de la vida social. En efecto, en ella conviven múltiples diferencias, mediante las cuales se estrechan relaciones, se crece confrontándose y acogiéndose mutuamente entre generaciones. Precisamente de este modo la familia representa un valor fundante y un recurso insustituible para el desarrollo armónico de toda sociedad humana, según afirma el Concilio: «La familia es una escuela de humanidad más rica […] es el fundamento de la sociedad» (GS, 52). En las relaciones familiares, conyugales, filiales y fraternas todos los miembros de la familia establecen vínculos fuertes y gratuitos, con concordia y respeto recíproco, que permiten superar los riesgos del aislamiento y de la soledad.

Políticas en favor de la familia

12. Se subraya que, puesto que la familia es protagonista de la edificación de la ciudad común y no una realidad privada, son necesarias políticas familiares adecuadas, que la sostengan y la promuevan. Además, se sugiere considerar la relación entre la asistencia social y la acción compensatoria de la familia. Respecto a políticas familiares y a sistemas de asistencia social inadecuados, dicha acción compensatoria redistribuye recursos y tareas para el bien común, contribuyendo a reequilibrar los efectos negativos de la falta de equidad social.

El desafío de la soledad y la precariedad

13. (6) Una de las mayores pobrezas de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones. Asimismo, hay una sensación general de impotencia frente a la realidad socioeconómica que a menudo acaba por aplastar a las familias. Esto se debe a la creciente pobreza y precariedad laboral que a veces se vive como una auténtica pesadilla, o a una fiscalidad demasiado alta que ciertamente no alienta a los jóvenes a contraer matrimonio. Con frecuencia las familias se sienten abandonadas por el desinterés y la poca atención de las instituciones. Las consecuencias negativas desde el punto de vista de la organización social son evidentes: de la crisis demográfica a las dificultades educativas, de la fatiga a la hora de acoger la vida naciente al sentir la presencia de los ancianos como un peso, hasta el difundirse de un malestar afectivo que a veces llega a la violencia. El Estado tiene la responsabilidad de crear las condiciones legislativas y laborales para garantizar el futuro de los jóvenes y ayudarlos a realizar su proyecto de formar una familia.

El desafío económico

14. La vida familiar concreta está en estrecha conexión con la realidad económica. Muchos observan que, en nuestros días, la familia fácilmente sufre múltiples vulnerabilidades. Desde el punto de vista de la economía, los problemas más relevantes son los relacionados con salarios insuficientes, desempleo, inseguridad económica, falta de un trabajo digno y de seguridad en el puesto de trabajo, trata de personas humanas y esclavitud.

En la familia se refleja de modo particularmente agudo el efecto de la falta de equidad económica, que les impide crecer: falta una casa propia; no se engendran hijos; cuando se tienen encuentran dificultades para cursar sus estudios y llegar a ser independientes; se les impide poder hacer planes para el futuro con tranquilidad. A fin de superar esta situación es necesario un cambio estructural de perspectiva de parte de toda la sociedad, como nos recuerda el Papa: «El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo» (EG, 204). Una renovada solidaridad intergeneracional comienza con la atención a los pobres del presente, antes que a los del futuro, teniendo en cuenta en particular las necesidades de las familias.

El desafío de la pobreza y la exclusión social

15. Representan un desafío especialmente importante los grupos sociales, a veces muy numerosos, caracterizados por situaciones de pobreza, no sólo económica sino a menudo cultural, que impiden la realización de un proyecto de vida familiar adecuado a la dignidad de la persona. Es preciso reconocer también que, a pesar de las enormes dificultades, numerosas familias pobres tratan de llevar una vida cotidiana digna, confiando en Dios, que no defrauda y no abandona.

Se ha observado, además, que el sistema económico actual produce diversas formas de exclusión social. Las categorías de personas que se sienten excluidas son varias. Una característica común es que a menudo los “excluidos” son “invisibles” a los ojos de la sociedad. No pocas veces la cultura dominante, los medios de comunicación, las mayores instituciones contribuyen a mantener —o incluso a empeorar— esta “invisibilidad” sistemática. Al respecto, el Papa Francisco se pregunta: «¿Por qué […] nos acostumbramos a ver cómo se destruye el trabajo digno, se desahucia a tantas familias, se expulsa a los campesinos, se hace la guerra y se abusa de la naturaleza?». Y responde: «Porque en este sistema se ha sacado al hombre, a la persona humana, del centro y se lo ha reemplazado por otra cosa. Porque se rinde un culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia» (Discurso a los participantes en el Encuentro mundial de los Movimientos populares, 28 de octubre de 2014).

La exclusión social debilita la familia y llega a ser una seria amenaza para la dignidad de sus miembros. Es especialmente preocupante la condición de los hijos, los cuales es como si a priori fueran castigados a causa de la exclusión y, con frecuencia, trágicamente marcados de por vida por privaciones y sufrimientos. Se trata de auténticos “huérfanos sociales”.

El desafío ecológico

16. Desde el punto de vista de la ecología, los problemas relevantes derivan de un acceso insuficiente al agua de parte de muchas poblaciones, degradación del medio ambiente, hambre y malnutrición, terrenos incultos o devastados, cultura del “usar y tirar”. Las situaciones descritas inciden, con frecuencia duramente, en las dinámicas de la vida familiar y su serenidad.

Por tales razones, y gracias también al impulso del Papa Francisco, la Iglesia promueve y colabora en vista de un profundo replanteamiento de la orientación del sistema mundial, mediante una cultura ecológica capaz de elaborar un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad. Puesto que todo está íntimamente conexo, es necesario profundizar los aspectos de una “ecología integral” que incluya tanto las dimensiones medio ambientales como las humanas, sociales y económicas, para el desarrollo sostenible y la salvaguardia de la creación.

LA PRÓTESIS CADUCADA DEL CATALANISMO EN ESPAÑA

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 26 de julio

Desde hace años, miles de catalanes llevan prótesis caducadas, cuya fecha de deterioro irreversible fue manipulada para venderla y colocarla en 30 hospitales de la Generalidad. Desde hace un siglo, España alberga en su interior el nacionalismo catalán como una prótesis supuestamente benigna que ayuda a mantener el equilibrio del Estado. Pero igual que las prótesis adulteradas por la administración pujolista –Convergencia Democrática de Cataluña, antes de la confesión del Muy Poco Honorable Pujol que la llevó a la fosa– hace tiempo que los dolores provocados por la prótesis catalanista deberían haber alertado sobre el riesgo que para la salud pública revisten ese catalanismo llamado integrador y ese nacionalismo llamado moderado, que no son ni una cosa ni la otra. Ambas son prótesis retóricas caducadas que fatalmente provocarán invalidez o septicemia en el cuerpo intervenido por unos galenos que han convertido la estafa en el negocio del siglo. Para ser precisos, los 101 años pasados desde la creación de la Mancomunidad Catalana como órgano teóricamente administrativo que era en realidad el embrión del Estado Catalán instalado como prótesis en el Estado Español.

De Prat de la Riba a Cambó y Pujol

Nada ha cambiado desde Prat de la Riba –primer presidente de la Mancomunidad– o Francesc Cambó, alevín de Prat en el Centre Escolar Catalá, que desembocó en la Lliga Regionalista Catalana, el partido de la derecha catalanista que pastoreó Cambó hasta la guerra civil, en la que se convirtió en devoto propagandista de Franco. De Prat a Cambó y a Pujol hay una constante inalterable: deslealtad de fondo y suavidad en la forma, un estilo untuosamente clerical que sustituyó al feroz carlismo trabucaire con el que la Cataluña conservadora combatió durante todo el siglo XIX al liberalismo español. La Renaixença, madre de la Lliga, siempre consideró intolerable la Constitución de Cádiz y toda forma de soberanía nacional que supusiera merma de privilegios y tradiciones, por lo común redundantes. El invento genial del catalanismo tras la crisis del 98 fue convertir la defensa de esos privilegios en ideario político, en hacer de la desafección industria y del proteccionismo a los intereses catalanes una alcabala para la paz civil.

Como fruto de unas clases dirigentes cuyos intereses particulares no admitían fácilmente una defensa general, el discurso nacionalista siempre ha consistido en una apelación sentimental a los de casa para defender de los de fuera algo espiritual, sagrado, innegociable, pero que de inmediato se negociaba con ese poder lejano y opresor –Madrit–, siempre tan a mano. La paz civil catalana, el bálsamo de esos delicados sentimientos heridos sin saberlo pero secularmente por toscos castellanos y vagos andaluces podían ser objeto de una cura inmediata y paradójica gracias a unos cirujanos de papel moneda –los catalanistas– que curaban los agravios con aranceles. Lo malo es que el milagro catalanista duraba poco. En realidad, nada, porque aún no se habían secado en la Gaceta o el BOE los decretos que favorecían a ciertos intereses catalanes y ya estaban reproduciéndose las espirituales e incurables llagas que aliviaban por un rato el doctor Prat, o Cambó, o Pujol.

Desvergüenza en Barcelona y en Madrid

El inmoral recurso a la queja de los ricos catalanes contra los pobres «castellanos» –así llamaban y llaman al resto de los españoles– encontró acomodo no menos inmoral en el Gobierno español, del que, por supuesto, en la Corona de Aragón o de España, siempre han formado parte catalanes. En Madrid, sean progresistas o conservadores, liberales o proteccionistas los que ocupen el Poder, tienen un principio universal, porque es común a todos, y particular, porque siempre se aplica a Barcelona: negociar un pacto de insatisfactoria satisfacción, con el que nunca se consideran satisfechos los catalanistas pero al que se han ido acostumbrando todos los Gobiernos. En rigor, pagar el chantaje catalanista es casi un hábito presupuestario.

El genio de Pujol ha consistido en aprovechar el poder mediático de la Izquierda, y en particular de los retro-antifranquistas Polanco y Cebrián, que a diferencia de la enemistad histórica entre socialistas y nacionalistas, han hecho suya la leyenda negra del franquismo en Cataluña que inventó el nacionalismo de los años 70, el de CDC y el PSUC, Vázquez Montalbán y Pujol, el pujolismo-leninismo. Así se ha reescrito la historia de Cataluña al modo soviético, como si Cambó y la flor del catalanismo nunca hubiera ido a Burgos a implorar a Franco la salvación de vidas y negocios. Como si la Transición la hubieran hecho catalanes y vascos, antifranquistas todos, con algún intelectual progre travestido de Conde Don Julián. O como si el 23F los separatistas catalanes no hubieran dormido todos en Perpiñán y Juan Carlos no hubiera llamado a Pujol para decirle: «Tranquil, Jordi, tranquil».

Viendo esta semana el enésimo espectáculo de agravio a la nación española, en la figura del Rey –haciendo lo que Rajoy no quiere hacer y él no debería– y en la retirada del busto de Juan Carlos I en el Ayuntamiento de Barcelona, era inevitable recordar –yo lo he hecho en La ciudad que fue– aquella Cataluña del tardofranquismo y la transición a la democracia, traída por consenso de franquistas y comunistas, pero que tuvo en Tarradellas, no en Pujol, el símbolo de reconciliación cívica, de la concordia de verdad, no la de la propaganda de Cambó. De aquella Cataluña nada queda. Y de aquella ilusión plenamente española que allí se sentía, menos. Hoy, los herederos intelectuales del pujolismo-leninismo son Mas, Xavi y Piqué.

Todos han querido creer a Pujol

El nacionalismo de Jordi Pujol, heredero natural y discípulo aventajadísimo de Prat y de Cambó, ha destruido aquella Cataluña y ha corrompido fatalmente España. Pero no lo ha hecho solo o por un talento especial para el engaño, sino por la voluntad de engañarse de todas las instituciones, empezando por la Corona, siguiendo por todos los gobiernos de Madrid, continuando por casi todos los partidos políticos españoles y terminando por la aplastante mayoría de medios de comunicación. Todos ellos han presentado la prótesis catalanista, la incrustación de CiU en los órganos de poder del Estado, empezando por el CGPJ y el Constitucional como un mal necesario, casi providencial para conseguir tres cosas: evitar la existencia de una ETA catalana, mostrar a los etarras que pueden lograr sus objetivos sin matar y, por supuesto, pactar los presupuestos en Madrid.

Ha dado igual que el PP o el PSOE tuvieran mayoría absoluta: Pujol ha sido interlocutor privilegiado de la Zarzuela y de la Moncloa, mediador de todos los enjuagues empresariales en Cataluña, árbitro de concesiones, fusiones, indultos y prevaricaciones. Un modelo de corrupción tolerable y tolerado, inimitable pero imitado. Salvo Juan Carlos I, todos los Presidentes del Gobierno han sido inquilinos temporales de la Moncloa; Pujol, dueño absoluto de la Generalidad de Cataluña, hasta sin ocuparla. No hay un solo dilema ético en la vida política de los últimos 35 años, desde que en 1980 Pujol llegó al Poder, en el que el nacionalismo catalán haya sido un factor ético, de lucha contra la corrupción o el deterioro de la democracia. De hecho, ha sido la garantía de su ruina. La prótesis catalanista sólo nos ha acostumbrado a cojear. Ahora, caducada en su función e infectada en sus prestaciones, sólo nos permite dos alternativas: o la extirpamos o nos mata.

Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/la-protesis-caducada-del-catalanismo-en-espana-76284/

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm1.staticflickr.com/468/19874800888_bc8a65e99e_o.jpg

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