Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 14 Sep 2015 - 07:29 CET
Archivado en:

“Ricos y pobres ante el aborto”, de Alejandro Navas, y “Asimetría”, de Mikel Buesa

( Viñeta de Nieto en El Norte de Castilla el pasado día 7 ) (*)

RICOS Y POBRES ANTE EL ABORTO

Artículo de Alejandro Navas publicado en El Mercurio, Santiago de Chile, el pasado día 26 de agosto

«En Chile hay abortos clandestinos, y la gente que tiene recursos lo hace en buenas condiciones; la gente que no tiene recursos lo hace en malas condiciones, con riesgos para la salud de la mujer». Esta reciente declaración de la Presidenta Bachelet expresa una lógica singular. ¿Qué ocurriría si la aplicamos a otros ámbitos? Por ejemplo, al delito fiscal. Es sabido que los millonarios y las grandes empresas pueden eludir con facilidad el pago de impuestos. Cuentan con los abogados y asesores fiscales más cualificados, capaces de aprovechar los huecos de la legislación o de organizar tramas de empresas fantasma radicadas en paraísos fiscales («ingeniería financiera»). En cambio, el modesto empleado por cuenta ajena o el jubilado que malvive de su pensión no cuentan con esos recursos, no están en condiciones de emitir boletas para enmascarar transacciones dudosas. Ante esta disparidad, ¿no sería una exigencia de la igualdad despenalizar por completo el delito fiscal? Así, todos -ricos y pobres- podrían defraudar por igual.

¿Y qué decir del crimen organizado? La codicia ha sido y sigue siendo un poderoso móvil de la conducta humana. Muchos consideran que los bienes están mal repartidos y optan simplemente por apropiarse de lo ajeno, con o sin violencia (en Chile, últimamente más bien con una violencia creciente).

De siempre, los delincuentes han sabido organizarse para robar con más eficiencia: desde bandas locales hasta carteles multinacionales, que tratan a los gobiernos de tú a tú (México). También aquí el simple ciudadano de a pie se ve discriminado: no cuenta con la capacidad logística ni con el armamento de las grandes bandas. ¿Por qué no despenalizar también el robo, para que todos puedan acceder a los bienes ajenos en igualdad de condiciones?

Si el aborto trata de la eliminación de vidas humanas, un Estado de Derecho que haga honor a su nombre debería preocuparse de la protección de los más débiles.

Cuando en los años 70 se debatió en el Parlamento alemán la legalización del aborto, el diputado socialista Adolf Arndt señaló que esa medida equivalía a la capitulación del Estado de Derecho, que había consistido precisamente en el sometimiento voluntario del más fuerte al imperio de la ley. Durante siglos de evolución social y política en Occidente hemos ido generando procedimientos para regular tanto el acceso como el ejercicio del poder, de modo que quien manda se sujeta a reglas y se asegura la protección de los débiles. Esta evolución culmina en el Estado de Derecho: elección democrática de los gobernantes, separación de poderes, imperio de la ley.

Supuesto que se admita -lo que es mucho admitir- que entre la madre y el feto se da un insuperable conflicto de intereses, no deja de ser terrible que la solución sancionada por la ley sea la muerte de la parte más débil, el feto, a manos justamente de aquellos a cuyo cuidado está entregado: la madre que decide abortar cuenta con la ayuda de médicos, autoridades y jueces.

Nadie media para alcanzar una solución pacífica a ese supuesto conflicto, como se suele hacer en otros ámbitos de la vida. El seno materno, lugar acogedor y seguro por excelencia, se convierte así en una trampa mortal, en el punto más negro de la carretera de la vida.

Los débiles vuelven a quedar a merced de los fuertes en este retorno imprevisto de la ley de la selva. ¿Cómo se compagina la noble retórica de la dignidad de la persona y del respeto a los derechos humanos con este brutal retroceso?

Artículo en: http://www.elmercurio.com/blogs/2015/08/26/34666/Ricos-y-pobres-ante-el-aborto.aspx

ASIMETRÍA

Artículo de Mikel Buesa publicado en Libertad Digital el pasado día 8

El señor Artur Mas, con ese lenguaje difuso y confuso que suele emplear con frecuencia, ha dicho en una entrevista en Onda Cero que si España pretendiera «lesionar el comercio» con Cataluña -supongo yo que una vez que él, Mas, hubiera logrado su objetivo secesionista-, entonces el perjuicio sería mutuo, pues «la lesión sería por ambas partes». Traducido al español, lo que el dirigente nacionalista viene a señalar es que, cuando Cataluña se haya independizado de España, a los españoles más nos vale cuidar y mantener las relaciones comerciales con su república, pues en caso contrario todos saldremos perdiendo.

Lo malo de estas declaraciones de Mas es que tiene razón: todos perderemos de manera inevitable con la independencia de Cataluña, pues desde ese momento la que ahora es región española dejará de estar integrada en el espacio económico europeo, aparecerán unas fronteras que ahora no existen y se desencadenarán todos los demonios económicos que conducirán a una reducción de los intercambios comerciales. Sin embargo, lo que Mas presenta como una equivalencia -todos perdemos- en realidad será una desigualdad, pues los catalanes perderán mucho más que el resto de los españoles.

En mi libro La pachorra conservadora, que dentro de unos días distribuirá La Esfera de los Libros, hago los números pertinentes con la última información disponible -la de la Tabla Input-Output de 2011 que este mismo año ha publicado Idescat-. Los resultados muestran que Cataluña verá reducidas sus exportaciones en casi una cuarta parte, perderá por ello un 16,4 por ciento de su PIB, lo que dejará secuelas, por falta de recaudación, en un déficit público monumental. Estimulado por las declaraciones de Mas, he hecho los mismos cálculos para esa España coja de Cataluña y la cuenta señala que, como mucho, si no hay desplazamientos de empresas hacia nuestra geografía, la pérdida comercial dañará un 2,1 por ciento de nuestro PIB.

Esto es lo que tiene la asimetría: unos luchamos por no perder dos de cada cien euros de nuestra renta, mientras que otros están dispuestos a dejarse dieciséis en el empeño. Como diría Astérix: estan bojos aquests catalans nacionalistes!

Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/mikel-buesa/asimetria-76612/

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by