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Modas por Internet

Tres foramontanos en Valladolid 16 Sep 2015 - 07:26 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Un ‘muppie’ aderezado con su ropa informal. Foto en El Periódico ) (*)

Recordarán mi asombro de hace dos veranos, cuando sin el previo aviso de las pasarelas amaneció una marea de chicas en pantaloncillos. Hoy la marejada ya se ha extendido entre las no tan jóvenes y las señoras de mediana edad, y si la cosa sigue así no extrañará ver a venerables ancianas de la misma guisa. Se diría que esa osadía de la pierna tan al aire como da de sí, y que a veces hasta nos permite ver los bajos de los bolsillos entre los bordes desflecados de la sucinta prenda, produjo tal conmoción entre el sexo femenino que salir así a la calle llegó a ser excesivo para algunas de nuestras mujeres. Pero la tentación las andaba ahí acechando, de modo que, al seguir vigente la costumbre, muchas otras talluditas se fueron animando tras de sentir en su interior fundadas dudas y lanzar – estoy seguro de ello – interesadas miradas al espejo.

Saben ustedes que es frecuente que en este blog se recojan situaciones para mí curiosas pero que pasan inadvertidas para la mayoría de la gente, como el fenómeno en el que acabo de adentrarme; aparatoso de por sí, mas sorprendentemente ignorado por los medios e incluso por los propios ciudadanos, que lo han asimilado casi sin que en ellos provocara comentario alguno. Y, sin embargo, no me digan que esos pantaloncillos, para los que tan bien encaja nuestro dimunutivo, no cambian el paisaje urbano y no conmueven la fibra íntima del español de a pie.

Hoy me gustaría enmarcar este fenómeno en un ambiente de mayor enjundia y referido más a los hombres que a las mujeres de nuestro país. Se trata de la permeabilidad de nuestro varones a los nuevos prototipos estéticos, hoy en frontal contraste con la idea que de sí mismo y de su “virilidad” ha tenido el español tradicional. En efecto, ser un “tío” suponía despreciar cualquier debilidad en este aspecto, de entrada considerado como una muestra de afeminamiento. Así, por ejemplo, la atención a las sutilezas de la moda.

Cierto es que hay cosas que sí fueron cambiando con el tiempo. Por ejemplo, al crecer había muchos jóvenes – no yo, desde luego – que pasaban simplemente del peinado de la raya a un lado al pelo hacia atrás como muestra de haber pasado a cumplir algunos años más. También desaparecieron los bombachos incluso para jugar al golf, casi los pantalones cortos, y, naturalmente, aquellas impertinentes ligas que convertían las piernas en tinglados. Pero fueron cambios tardíos en su aparición que ahora se producen cada poco tiempo, de tal forma que no acaba uno de cuajar cuando ya aparece otro distinto.

Alguien ha comparado esta transformación de ahora con las que experimenta el camaleón al adaptar su color al del lugar que pisa, pues, de la misma forma, entre los jóvenes parece haber cierta predisposición a cambiar según la última moda en su aspecto y en su aire como reflejando que en cada momento sintonizan con la línea del gusto internacional más “in”; indicación ésta de un cierto despiste social y moral que les mueve a adaptarse a lo que les señalan desde fuera: casi siempre los yankees, y en este caso a través de las redes de Internet. Así estamos ahora en la tipología “hipster”, como denota la invasión de nuevas barbas – ver mi artículo titulado “Una boda atípica”, de 3 de diciembre de 2013 – inundando hasta los foros deportivos más reacios, como el del baloncesto, donde ahora vemos ya, sin que produzcan el natural rechazo, fisonomías como de peligrosos yihadistas.

Según leo en un periódico, ya en mayo cambiaron las tornas y, como consecuencia del libro de una señora norteamericana, desde entonces se ha visto surgir un nuevo estilo que proscribe el rudo aspecto “hipster” de la barba y el aspecto de un rudo pero refinado leñador, y propone otro – el de “muppie” – caracterizado por ser la imagen misma de la “corrección política”. Y si no, dígame usted cómo podríamos calificar una moda que pone su acento en todo cuanto hoy nos proponen como recomendable, desde el cuidado de la salud, que atenderá todas las indicaciones del cardiólogo respecto al trato del corazón humano a base de “running” y alimentos saludables, e inclinará a sus seguidores a la colaboración, no tanto en lo que antes considerábamos generosa acción caritativa, como en lo que los “gurús” de la democracia califican de acción solidaria propia de organizaciones laicas “no gubernamentales”. Y, por supuesto, asignan al hombre un perfil de ser comprometido con la biodiversidad, la última tecnología de Apple, y todas esas cosas tan buenas y bonitas que merecen entusiasta aprobación. Y, por supuesto, son blogueros como los tres de los “Foramontanos”, pero en inglés – no faltaría más: o sea “bloggers”.

Con todo, convendrá adoptar estos rasgos tan aparentes y correctos con la posible rapidez, no sea que venga otra señora norteamericana, escriba un nuevo libro, y uno tenga que cambiarse hasta de calcetines.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm1.staticflickr.com/633/21259800751_c54c65a5db_o.jpg

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