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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 28 Sep 2015 - 07:21 CET
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“¿Por qué imponer un modelo único de escuela, laico y público?”, de Salvador Aragonés, y “¡Venga Movilidad!” Antonio Burgos

( Viñeta de Napi en El Economista el pasado día 15) (*)

¿POR QUÉ IMPONER UN MODELO ÚNICO DE ESCUELA, LAICO Y PÚBLICO?

Artículo de Salvador Aragonés publicado en almudi.org el pasado día 9

Para que los padres puedan elegir la enseñanza de sus hijos, tiene que haber distintos modelos educativos. Desde hace demasiado tiempo se está utilizando la escuela, la enseñanza, como blanco de las luchas ideológicas, sin que los distintos componentes de la sociedad se pongan de acuerdo sobre cómo debe ser la comunidad educativa en el Siglo XXI. En el caso concreto de España se han aprobado ocho leyes orgánicas sobre la educación en los últimos 35 años, y ninguna de ellas ha tenido la virtud de conseguir un consenso sobre el papel que deben tener los tres principales protagonistas o sujetos de la educación: los padres, los profesores y los alumnos. La “escuela” no es ningún protagonista ni sujeto de la educación, sino simplemente la estructura física que da abrigo a la práctica de la educación. La Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobado por la ONU, en su artículo 26 dice: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”.

Y añade a renglón seguido: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

Análogamente el artículo 27 de la Constitución española del 1978 afirma: “Se reconoce la libertad de enseñanza”. Y también: “Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca”. Y además: “Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca”.

Es decir que hablar de enseñanza, es en primer lugar hablar de libertad, una libertad ejercida por personas y no por entes públicos: libertad de los padres para elegir el centro, libertad de la sociedad para crear centros docentes, libertad y autonomía de los centros para elegir el modelo educativo que quieran, con respeto a las leyes, y libertad de cátedra para los profesores, dentro del respeto al modelo educativo del centro.

A esta suma de libertades se le opone la opresión de quienes quieren imponer en la sociedad democrática el principio de una escuela única, de un modelo único, queriendo así uniformar la sociedad, como se hizo en los regímenes totalitarios fascistas y comunistas del Siglo XX. El fascismo y el totalitarismo no han muerto, rebrotan cada vez que se habla de libertad y de derechos fundamentales, como en el caso de la enseñanza.

Si la libertad de enseñanza proclama y fomenta una pluralidad de modelos educativos porque la sociedad democrática es plural, ¿por qué imponer un modelo único de escuela, laico y público? Si la escuela debe ser pública y laica, como piden unos 100.000 firmantes de una iniciativa legislativa popular (ILP), ¿dónde está la libertad de los padres a elegir, como pide la Declaración Universal de Derechos Humanos? Se le privaría a los padres de su derecho fundamental no ya a elegir entre una escuela pública o privada, sino entre un modelo educativo u otro, incluso dentro de la escuela pública. Si se pide una escuela laica, legítimamente, ¿por qué se impide una escuela confesional o de otro tipo? ¿Dónde está la libertad? ¿No estamos cayendo en un fundamentalismo laicista?

¿Por qué se impide que haya una pluralidad de modelos educativos? Y me responden: porque los ciudadanos somos todos iguales y no caben discriminaciones. Pero ¿la igualdad está por encima de la libertad? Esto ya se ensayó en los regímenes comunistas y fascistas y fracasó estrepitosamente. La igualdad se consigue cuando todos los alumnos tienen las mismas oportunidades ante los distintos modelos educativos. Es decir que todos los centros deberían recibir los mismos recursos públicos, y eso hoy por hoy no es así, pues la financiación con dinero público de las escuelas de iniciativa privada o social no alcanza el 65 por ciento del coste que tienen los centros públicos, donde además los profesores tienen un mejor salario. El resto tienen que ponerlo los padres y así se discrimina la escuela.

Con todas las discusiones ideológicas no hemos mejorado la calidad de enseñanza en España, pues cada año, en los controles de nivel, o en las pruebas de PISA, estamos en la cola de Europa, y cuando no fallan las matemáticas falla la comprensión lectora, o la expresión escrita, o las ciencias naturales, o… Tenemos un modelo fracasado ¿Por qué la escuela pública no ofrece una pluralidad de modelos educativos, como pasa en tantos países de nuestro entorno?

Ahora que empieza el curso son algunas reflexiones cuyo único interés está en lanzar a la opinión pública la necesidad de un gran pacto sobre la educación. Sobran leyes, y falta consenso y libertad.
Artículo en: http://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/10205-por-que-imponer-un-modelo-unico-de-escuela-laico-y-publico

¡VENGA MOVILIDAD!

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC de Sevilla el pasado día 18

En la Inquisición de lo políticamente correcto hay palabras sagradas, casi tan incompresibles para algunos (entre los que me cuento) como el latín que usaba la Iglesia como lengua litúrgica antes del Concilio Vaticano II. Y del que decía el ingenioso y enciclopédico Santiago Amón que el Papa Juan XXIII había hecho muy mal en suprimirlo sin la aprobación de la Unesco, pues había convertido en lengua muerta una lengua viva, vivísima en el Vaticano y en la más alejada iglesia del último pueblo. Las palabras sagradas de la progresa son Movilidad, Visibilidad, Sostenibilidad y una que no sé qué significa, pero que se usa tela: Transversalidad. Que debe de ser ponerse de perfil para no tener que pronunciarse, como aquí hago con sumo gusto y según norma de la casa, pues todas esas palabras me parecen gilipolleces. Sí, he dicho gilipolleces, ¿passsa algo? Gilipolleces transversales a las que les doy visibilidad y sostenibilidad con estas líneas, ¡toma ya lenguaje de los progres!

La antología de todas estas voces figura en unos barrotes para estacionar bicicletas que puso el Ayuntamiento en tiempos de Monteseirín y del Tío de la Mariscada. No los aparcamientos de las bicicletas públicas de Sevici, no: unos barrotes para poner las bicicletas particulares. Y pone en ellos lo que es el culmen de la gilipollez de esta palabrería de la progresía. Bajo en el escudo de las armas chicas de Sevilla, del NO8DO, pone: «Infraestructuras para la Sostenibilidad de la Movilidad». ¡Está clarísimo! Las infraestructuras son los barrotes. La sostenibilidad, que apoyadas en esos barrotes se mantengan en pie las bicicletas, con una cadena y un candado, para que no las manguen. Y Movilidad, pues darle a los pedales y tratar de dar lo más por saco posible a los peatones, subiéndose por las aceras.

Esta mentalidad tan de moda tiene su culminación en la inmediata celebración municipal de la Semana de la Movilidad, que contra lo que su nombre indica, no es una fiesta móvil, sino a fecha fija, y que culmina en la jornada del 20 de septiembre, declarado Día sin Coches. Que es cuando las autoridades practican la clásica demagogia de no montarse ese día en el Audi del taco que usan los restantes 364 del año y van al despacho de la mamela en autobús, en bicicleta o andando.

En Sevilla, el Día Sin Coches, el 20, lo va a celebrar también el alcalde como el Día Sin Zoido. Pues le va a dar un contrahomenaje recordando a la gente la barrabasada que hizo arrasando los árboles en el famoso Arborizoido de la calle Almirante Lobo. Tienen organizado no sé qué «evento» (otra palabra de ese léxico) en Almirante Lobo para que se vea bien no la Torre del Oro, que fue lo que Zoido puso por excusa, sino la mamarrachá que hicieron talando las plataneras casi centenarias. Pero, hombre, don Juan Espadas, ya que están ustedes por allí: ¿por qué no dedican también el día a recordar a los sevillanos lo que su correligionario Monteseirín perpetró al lado, en la Puerta Jerez? O la jangá suprema de la falsa peatonalización de la Avenida, donde no dejó un árbol vivo y puso esos extraños naranjos guiris que ni dan azahar para anunciar la Semana Santa ni ná. El gran embuste del correligionario de Espadas fue la peatonalización de una Avenida que no peatonalizaron, sino que «descochizaron» y entregaron al tranvía, a las bicicletas, a los patinadores, a los veladores y al Charro de Triana. El peatón tiene menos espacio para caminar ahora que antes de la peatonalización. Menos movilidad, vamos, para decirlo con la cursilería al uso. ¿Por qué no dice usted algo también de esto, señor Espadas, en vez de recordar lo que a algunos nos duele la boca de proclamar, el absurdo arboricidio de Zoido en Almirante Lobo, que sus buenos votos le costó?

Donde yo quiero ver Movilidad no es en las calles, sino en la Junta. Movilidad para que haya alternancia en el poder, que los sociatas llevan ahí apalancados 34 años y no hay quien los mueva. Para Sostenibilidad, la del PSOE contra la Movilidad en la Junta.

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2015/09/re091815.html

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm6.staticflickr.com/5835/20892415843_8bcd23b3c3_o.gif

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