“Zaida”, de Alfonso Ussía, y “Consentimiento sexual informado”, de Ignacio Aréchaga

( Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla, el pasado día 11) (*)
ZAIDA
Artículo de Alfonso Ussía publicado en La Razón el pasado día 2
Zapatero –perdón, Sánchez-, ha concedido a Zaida Cantera, ex militar, el número 6 de la lista del PSOE por Madrid al Congreso de los Diputados. Ella, después de profundas reflexiones, ha aceptado. Zaida Cantera, oficial del Ejército, cumplidora, trabajadora y con un gran atractivo físico fue acosada sexualmente por un teniente coronel en 2008. En 2011 fue procesado, y en el mes de julio de aquel mismo año ascendido a coronel. Todo ello con un gobierno socialista y una mujer al frente del Ministerio de Defensa, Carmen Chacón.
En 2013, con un Gobierno del Partido Popular, el coronel fue juzgado y condenado. Pero la ex militar arremete contra Morenés, y disculpa a Chacón, la ministra que ascendió a su acosador.
La vida nos depara muchas sorpresas.
Zaida Cantera quiere ser diputada para cambiar el sistema militar. Dice que la cúpula militar sigue funcionando como antes de la transición, lo cual es mentira. La Institución militar, y Zaida lo sabía con anterioridad a su ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza, es una institución jerárquica. Y la cúpula, como ella dice, funciona como las cúpulas de las Fuerzas Armadas de Francia, el Reino Unido, Alemania, Holanda, los Estados Unidos de América y Rusia. Lo de la transición es una bobada.
Zaida sufrió en el ejército el acoso de un militar, y todos los que tenemos a las Fuerzas Armadas como una institución modélica, lo lamentamos profundamente. Un caso aislado. Su situación la aprovechó una diputada de UPyD, inteligente y antimilitarista, para escribir un libro. No ha escrito ningún libro respecto a las miles de mujeres acosadas sexualmente en asociaciones o administraciones civiles. Irene Lozano también defendió al extraño oficial que de acosado pasó a acosador. No elige bien. Su entrevista biográfica en formato de libro se la encomendó a Máximo Pradera.
Zaida, fuera ya del Ejército, del que se separó voluntariamente, colaboró con “Podemos”. Asegura que le encantaría ser ministra de Defensa para adecuar –quizá como en Venezuela-, las Fuerzas Armadas a las necesidades de la sociedad, reuniéndose con todas las capas y estratos militares y oír sus propuestas y necesidades. Es decir, un Ejército asambleario, que no existe ni en su Venezuela del alma, ni en Cuba ni en Corea del Norte.
En ocho años, el PSOE que ahora abraza Zaida desde la fascinación reconocida por Sánchez, no cambió ni una coma de ninguna ley para la protección de la mujer que sufriera acoso sexual en el Ejército. Y Morenés, al que ella culpa de todo lo que le sucedió durante el mandato de Carmen Chacón, ha incluido en el Código Penal Militar y la ley de Régimen Disciplinario, al acoso sexual como delito. Y simultáneamente, otra leu por la que se paraliza cualquier ascenso de un procesado de acoso sexual hasta que no exista sentencia. Para Zaida Cantera, el ascenso a coronel de su acosador, firmado por Carmen Chacón, no es responsabilidad de Carmen Chacón sino de un tal Pedro Morenés que por aquel tiempo no era ministro de Defensa ni se figuraba serlo.
Zaida Cantera, número 6 por Madrid del partido que ascendió a su acosador, sabe perfectamente que en las Fuerzas Armadas se respeta, valora y defiende a las mujeres hasta extremos ejemplares. Los militares son los últimos custodios del señorío en España. Y el señorío no es de derechas ni de izquierdas, ni anterior o posterior a la transición, como cree la nueva mujer política del PSOE. Zaida Cantera no sólo se ha abrazado a la mentira, sino a la fácil demagogia antimilitarista. Y con el respeto que me merece su pasado sufrimiento, le deseo lo mejor para su vida y una mayor capacidad para la reflexión. Vengarse de la institución militar por el acoso de un teniente coronel ascendido por el PSOE no merece otra respuesta que la educada indiferencia.
Artículo en: http://www.ame1.org/cultura.asp?idReg=17125
CONSENTIMIENTO SEXUAL INFORMADO
Artículo de Ignacio Aréchaga publicado en Aceprensa el pasado día 6
En los agitados años sesenta California era la cuna de la revolución sexual. Ya estaba bien de reglas, de convencionalismos sociales y religiosos que encorsetaban el instinto sexual. Hacer el amor era incluso un modo de desestabilizar la alienante sociedad capitalista.
Medio siglo ha pasado, y otra vez California vuelve a ser pionera: pero ahora es el primer estado que aprueba una ley que obliga a regular el consentimiento sexual en las universidades, so pena de perder la financiación estatal. Bajo la nueva ley, las universidades deben exigir a sus estudiantes que haya “un consentimiento voluntario, consciente y afirmativo para iniciar cualquier actividad sexual”, consentimiento que puede ser verbal o comunicado mediante acciones, en cada etapa de la relación sexual. Un “sí” es un sí, un “no” es un no, y no cabe interpretarlo como un “no pero sí”.
La “consent policy” es la última moda en las universidades americanas. El motivo es afrontar un problema real: la multiplicación de agresiones sexuales a estudiantes universitarias. Algún informe ha asegurado que una de cada cinco universitarias ha sufrido agresiones de este tipo. Otros han relativizado esas cifras, en las que se incluye desde una violación a haberse sentido presionada a tener relaciones sin realmente desearlo o por estar bajo los efectos del alcohol.
Sean cuales sean los números, las universidades se han lanzado a adoctrinar a los estudiantes sobre el consentimiento sexual y a regular cómo y cuándo debe obtenerse. La definición del consentimiento sexual no es tan simple como podría parecer. La Universidad de Nueva York declara al New York Times que, en sus colleges, la definición de consentimiento oscila entre una frase y más de dos páginas.
El Goucher College, una pequeña institución de artes liberales en Baltimore, ha necesitado 33 páginas para explicar a sus estudiantes sus directrices al respecto. Su política hace hincapié en la importancia del consentimiento, que define así: “Se requiere que cada participante obtenga o dé su consentimiento verbal a cada acto de actividad sexual. Para que el consentimiento sea válido, todas las partes deben ser capaces de tomar una decisión racional y razonable sobre el acto sexual, y deben tener una misma comprensión del acto en el que consienten”. Sin duda, todo esto es deseable, pero, en un asunto en el que intervienen tanto las emociones, el instinto y los deseos, quizá sea irreal pensar que los participantes van a celebrar antes un seminario para debatir sobre sexualidad.
Las universidades no se han limitado a publicar reglamentos. También hay talleres sobre el consentimiento, foros para orientación de los nuevos alumnos, instancias a las que presentar quejas, y en algunas universidades el tema se ha incorporado al curriculum. Todo parece poco para que los estudiantes asuman estos criterios que deben embridar sus instintos.
Todavía está por ver si todo esto sirve para algo. En una actividad íntima entre dos personas, en caso de conflicto sobre quién consintió en qué, todo quedará en la palabra de uno contra la de la otra (a no ser que acabemos pidiendo el consentimiento firmado). Así que los despachos de abogados van a encontrar aquí un nuevo filón.
Si las Universidades quieren hacer algo efectivo, podrían también establecer algunas barreras razonables, como pueden ser los residencias universitarias no mixtas, o luchar contra los abusos del alcohol, que están en el origen de muchos problemas de descontrol sexual. Pero en estos aspectos las autoridades universitarias han tirado la toalla.
No deja de ser paradójico que los descendientes de la generación de la revolución sexual se vean ahora sometidos a reglamentos detallados y discursos políticamente correctos sobre el sexo. Entonces era de buen tono ridiculizar las reglas y prédicas sobre la moral sexual, a veces con razón por su insistencia desproporcionada y casuística. Pero ahora parece que se está redescubriendo la importancia de poner límites.
Los límites son tanto más necesarios cuanto que entre muchos estudiantes ha cambiado también el sentido del sexo. Antes existía una presunción generalizada de que había una relación entre el sexo y el amor, aunque no siempre fuera en el contexto de una relación establecida. Ahora para muchos estudiantes –ellos y ellas– el sexo es algo puramente lúdico, y más vale ponerse de acuerdo en las reglas del juego.
Ver artículo completo en: https://blogs.aceprensa.com/elsonar/consentimiento-sexual-informado/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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