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Apócrifo IV. 11. Pesadillas

Tres foramontanos en Valladolid 04 Nov 2015 - 07:25 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Cristo de Juan de Juni en el Convento de Santa Teresa en Valladolid) (*)

Fue un sábado horrible. Para Tarsicio no había consuelo. Después de una noche de pesadillas sin apenas pegar ojo y aún somnoliento, recordé algunas de ellas: las turbulencias que en forma de tornados tras el monte Calvario, me trajeron algunas de Sus últimas palabras de hombre vivo. También otras de los que presenciaban tanto horror o las de los que las de los que habían conseguido que fuera entregado al suplicio.

Su cara desfigurada por los golpes y sucios salivajos, no denotaban rencor alguno, sino de Amor fuerte por los mismos que le habían crucificado. Desde la Cruz escuchó, como yo pese a la distancia, cómo los sacerdotes y ancianos del sanedrín se mofaban de Él.

“A otros ha salvado; sálvese, pues, a sí mismo, si Él es el Cristo, el escogido de Dios”. Y aunque podía, no lo hizo. Siguió clavado.

Giraba sobre mí mismo en el suelo de la cabaña, sudando a mares. No se me había ido esta pesadilla con las dudas, cuando enseguida me venía otra. Las palabras de Gestas el ladrón impenitente. “Sálvate a ti mismo y a nosotros si de verdad eres el Cristo”. El Mesías, tampoco lo hizo. Más sudores y jadeos angustiosos. Dudas horribles. Tentaciones, Pesadillas.

“Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”. “Ésta es mi sangre que será derramada por vosotros y por todos los hombres para remisión de los pecados”.

No había entregado ya su Cuerpo? me agitaba convulso. ¿No había derramado ya su Sangre? ¿Para qué más entonces? Y dudaba de lo que bien sabía.

“Yo soy el camino la verdad y la vida”, le había oído en otra ocasión. Más dudas. Más angustia. Más y mayores sudores. ¿Camino Él de la muerte? ¿Verdad Él de muerte en la cruz? Desesperación. Más aún. ¿Vida Él en la terrible agonía? Quise despertar y no pude. Más dudas. ¿Me habría equivocado? Peor: ¿nos habría engañado…?

Desperté sobresaltado con un brinco hasta el techo de la cabaña. Entendí con el golpe lo que eran tentaciones del demonio. Y aún no amanecido, corrí a mi Madre.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/1/781/22330396526_c5a50e5c05_b.jpg

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