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Carta abierta a un “compañero”

Tres foramontanos en Valladolid 11 Nov 2015 - 07:22 CET
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Por Carlos de Bustamante

Al Excmo. Sr. Teniente General D. José Julio Rodríguez Fernández.

Compañero: Como V.E. verá, no comienzo esta carta con nuestro tradicional y consabido “Querido amigo y compañero”. El porqué, aunque muy triste, se lo puede V.E. imaginar: porque ya ni es querido ni tampoco amigo. Aunque en absoluto sea de mi agrado, sí es compañero.

En nuestra siempre jerarquía de empleos, es V.E. “mi General”; pero por mucho más antiguo y siguiendo la inveterada tradición, también soy yo “su Coronel”. No obstante y porque creo saber casi todo lo referente a nuestra disciplina militar, no será este sólo Coronel quien cometa el grave error de faltarle al respeto.

Así pues y con el respeto debido me tomaré la licencia de darle la “teórica” que, al parecer, no ha recibido o se le ha olvidado. Como me es sumamente costoso que un militar de su graduación haya perdido de pronto los valores que sin duda recibió en su Academia de San Javier, he de pensar que por posible demencia senil a edad poco frecuente, debería V.E. acudir al especialista en daños cerebrales sobrevenidos. Como espero llegar a tiempo de sanar su mal, me permito aconsejarle que recuerde V.E. el juramento que pronunció “besando luego con unción nuestra Bandera” –tan distinta, ¡ay!, a la de su nuevo partido- y de lo que V.E. ha cometido un público perjuro.

Que Dios, compañero, no se lo demande.

El puzle que intento recomponer desde hace tiempo, con esta decisión suya (de la que no es muy libre tomar por un grave compromiso anterior), parece que va encajando. Particularmente había una pieza del “juguete” que se me resistía más que ninguna: cómo siendo V.E. el JEMAD del Ejército español, se avenía a ser ordenanza de una Sra. Ministra; sí, mi general, ésa que lo fue de Defensa y que no por casualidad eligió a V.E. como Jefe del Estado Mayor de la Defensa y servil portador luego de su en absoluto pesada cartera ministerial reglamentaria. Sin olvidar, entre otras, la ignominia del Alakrana…

Para mayor dificultad en resolver el inusual puzle, parece que acompañaba complacido a su Superiora. Aquélla que, de forma difícilmente comprensible para un viejo soldado como es su Coronel, tuvo la osadía de marchar codo con codo del rufián que portaba la indecente pancarta con el inaceptable letrero de “la puta España”. Se comprende ¡ahora! que su incipiente y posible demencia venga de aquellos polvos…

Tengo, pues, ahora la penosa satisfacción de rematar el puzle dichoso con estos lodos que apestan como extraídos de una fosa séptica.

Recapacite V.E. se lo ruego: ¿acaso no ve el dolor que ha causado con su fuga a ninguna parte adhiriéndose al de la coleta? ¿Acaso no le puede importar, mi general, que le retire/mos el Querido amigo por el solo e inevitable compañero? ¿Puede su conciencia laxa no remorderle en lo más profundo por este acto gravísimo de perjuro? Recapacite, mi general y renuncie, antes de que sea tarde, a ese nº -2- que le han ofrecido como caramelo envenado. ¿No ve, mi general – y perdone mi no muy afectuosa carta de chorreo-, que le han utilizado por un triste plato de lentejas “podemitas”, o sea podridas?

Para que todo lo dicho, y por decir en esta carta, no sean sólo reproches (de los que ruego a V.E. perdone si fueron intempestivos), permítame que, a modo de chascarrillo militar, le narre el suceso acaecido en la Legión de nuestras FF.AA. con motivo del último desfile del pasado día 12 de Octubre:

Según cuentan, su nuevo leader (Sr. Iglesias) además del infumable Podemos es acérrimo defensor –incluso puede que militante- del partido “animalista”. Según la ideología de los ínclitos componentes (entre los cuales V.E. ahora se encuentra), les pareció disparate que nuestra muy querida Legión llevara como mascota una cabra con la vestimenta jocosa del gorrillo cuartelero y legionario. Recogido el “guante” de su gran error, los de La Legión decidieron enmendarlo a la mayor brevedad dada la importancia del personaje molesto. Prescindieron de la tradicional cabra y pusieron en su lugar otro animal de la misma especie pero distinto “género” (¿). O sea, un macho cabrío o “cabrón según la RAE”.

Con la seguridad de ser del agrado de los de este partido dada la excelente acogida en los humanos de Podemos de la ideología de marras (“de género”), admitida incluso en nuestras RR.OO. , remataron la faena con un nombre: “Pablo”, de reconocido prestigio (¿véase su leader) entre los de nuestra especie.

Recapacite, pues, mi general en qué lío se ha metido…, porque estos legionarios, de los más aplaudidos, por cierto, durante el desfile –tal vez, digo yo, por el cambio de mascota- son, con perdón, la leche…

Con mi más respetuoso saludo éste, “su Coronel”, queda a las órdenes de V.E.

Fmdo.: Carlos de Bustamante (Coronel de Infª retirado por Mutilado Absoluto por la Patria en Acto de Servicio).

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