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Aparcamientos sexuados

Tres foramontanos en Valladolid 03 Dic 2015 - 07:20 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Angel Sánchez Gerada en gerada.es) (*)

No sé si como añadido para acrecentar la confusión en que hoy vivimos, o como componente esencial de ésta, andamos liados todo el día con el sexo. Tenemos hasta una teoría, incluida nada menos que en el catálogo de la corrección política, que es como el Índice, no de los libros prohibidos, sino de los principios impuestos en este mismo tema por la progresía. Se trata, sí, de una teoría que llaman “de género”, según la cual uno podría pertenecer a cualquier sexo, fuera éste uno de los ”clásicos”, el del opuesto al aparente, otro intermedio o incluso varios a la vez. O sea que usted podrá elegirlo según el gusto del consumidor, ya que el que determinará el color de los patucos del recién nacido no será dado por bueno desde el nacimiento, por lo cual convendrá buscar un color neutro del ovillo de lana o de perlé a la hora de vestir al tierno infante en espera de que, crecido ya éste en conocimiento y en edad, tome la necesaria decisión. Claro que para hacerlo deberá concluir cuál le apetece más, y esto requiere cambios en el sistema educativo que le permitan conocer las opciones que se ofrecen al “consumidor”.

No es difícil constatar que este falaz planteamiento no concuerda con el feminismo a ultranza que propugna la igualdad de los hombres y mujeres, y sin embargo coexiste con ellos como si fueran poco menos que complementarios. En efecto, nunca habrán ustedes observado choque alguno entre ambas actitudes sino más bien un acuerdo fraternal, quizá por ser ambos del gusto de las habituales etiquetas de la “progresía”. De ahí que no me sorprenda demasiado la nula reacción de las de “Femes» y otras activistas siempre dispuestas a poner el grito en el cielo cuando perciben algo fuera de la consabida “corrección política”. como es ejemplo significativo y evidente la última ocurrencia de la alcaldesa de la capital de España.

Desde luego la citada señora referida ya apuntaba maneras desde siempre. Imagínese, improbable lector mío y conocedor del ambiente circundante, que un caballero que fuera alcalde de Madrid se propusiera – como ella se ha propuesto – poner a las mamás a barrer el suelo de colegios y guarderías. ¿Ante un comportamiento tan machista, no les parecería a ustedes lógico ver a las inquietas activistas mesarse los cabellos o enseñar los turgentes e indignados pechos? Pues asombrosamente ninguna ha dicho nada.

Y ahora se la ocurre lo de los aparcamientos. Antes de entrar en ello diré, para quienes no vayan como yo a Madrid en coche, que aparcar éste resulta prohibitivo a poco que uno haya de permanecer algún tiempo en la ciudad. Mi mujer va una vez al mes a comer con sus amigas y aparcar el coche la resulta más caro que el almuerzo. Y aun anuncian que cerrarán al tráfico algunas zonas de la capital. Total, que, por muy cerca que se viva de ésta, ir a hacer recados o visitar parientes sale por un pico. Y aquí es donde entra de nuevo nuestra edil, que, a falta de ideas más sensatas, vuelve a la carga con otra ocurrencia que a mi juicio debiera desatar también toda la ira de la progresía en su versión más feminista.

Según ella, mientras para los hombres priva la prisa por llegar al lugar de trabajo o donde deseen realizar la actividad que justifica su desplazamiento, las mujeres se toman la cosa con más calma y se permiten ser tentadas por los anuncios y los escaparates. Así que en beneficio de estas últimas ha concebido la novedad de los aparcamientos “disuasorios” orientados según sexo y dotados de supermercados y servicios varios.

Supone efectivamente la señora que, mientras los caballeros dejan simplemente el coche y se van directos al autobús o al metro, sus esposas – quizá cansadas de barrer el colegio de los niños y prendadas de la magia del comercio o el tirón de la peluquería – prefieren tomarse con mayor tranquilidad el paso por los aparcamientos, favoreciendo así la economía empresarial aunque no tanto el bolsillo familiar. O sea que la imagen que de la mujer tiene quien se jacta de su modernidad hasta el punto de liderar el grupo de los antisistema, es la de la típica “maruja”.

“¡Horreur!” que dirían los personajes del TBO.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5641/22983286300_ccb4d01173_o.jpg

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