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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 07 Dic 2015 - 07:22 CET
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“¿Qué se quiere hacer decir a la Familiaris Consortio?”, de Ernesto Juliá Díaz, y “La Habana y Dresde, referencia y metáfora”, de José Antonio Nieto de Miguel

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 12 de Noviembre) (*)

¿QUÉ SE QUIERE HACER DECIR A LA FAMILIARIS CONSORTIO?

Artículo de Ernesto Juliá Díaz publicado en religionconfidencial.com el pasado día 12 de Noviembre

En las dos sesiones del Sínodo recién concluido la Exhortación apostólica de Juan Pablo II, Familiaris Consortio, ha estado presente de diversas maneras. En un primer momento, la nefasta, confusa y acomplejada Relatio ante disceptationem primera del Sínodo de 2014 apenas la mencionaba: un simple: cfr. FC 34. En la Relatio post disceptationem, que cambió profundamente la anterior, sin cambiar del todo el planteamiento de las cuestiones examinadas, ya se le citó hasta seis veces, en diversos contextos, y no sólo con cfr. En la Relatio final de la segunda y definitiva sesión del Sínodo, que aun reafirmando la doctrina perenne de la Iglesia, mantiene el método de análisis social cultural, en vez de poner toda la luz en el gran proyecto de Dios con la familia humana, aparece citada en más ocasiones, y casi siempre apoyando una pastoral adecuada, de acogida, a las personas que se encuentran en situaciones familiares difíciles, incluidos los divorciados, casados después civilmente.

Da la impresión de que el Sínodo se ha quedado en “pretender curar superficialmente -con parches- las heridas”, más que de “manifestar la vacuna que sanaría de raíz las heridas; y que haría posible que ni siquiera surgieran”.

Quizá por ese planteamiento, en ningún caso se han citado estos tres párrafos del n. 84, de la Familiaris consortio, que ponen de manifiesto la grandeza de la familia en la mente de Dios, y se hacen del todo necesarios si no se quiere manipular la enseñanza de la Exhortación sobre este delicado problema.

“La Iglesia (…) fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

“La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos».

Se añade, además, una indicación clara: “(se) prohíbe a todo pastor —por cualquier motivo o pretexto incluso pastoral— efectuar ceremonias de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído”.

A la vez, se recuerda a las personas en esa situación que: “pueden obtener de Dios la gracia de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y en la caridad”.

En ningún momento se habla de un atajo, de una pastoral que, manteniendo la unión conyugal civil en todos los sentidos y en toda su plenitud y vivencia, pueda llevar a esas personas a vivir los Sacramentos.

Sin embargo, en un artículo en la revista La civiltà cattolica, su director Antonio Spadaro hace, entre otras, una afirmación que da lugar a pensar que pretende interpretar a su modo las palabras de la Relatio ; y el sentido de la Familiaris consortio . Dice:

“La tensión acerca de la situación sacramental de los divorciados que se han vuelto a casar civilmente nace precisamente del hecho de que la “Familiaris consortio” afirmaba sobre ellos. “Que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida”(n. 84). Es un concepto que el papa Francisco ha repetido muchas veces”. ¿Está seguro de que es éste el origen de la tensión, y no la consideración del pecado presente en esa relación conyugal?

Y continúa, en su “interpretación”:

“Pero esta apertura plantea el serio problema sobre qué es esta reconocida “comunión eclesial”. ¿Cómo es posible estar verdaderamente en comunión eclesial sin llegar, antes o después, a la comunión sacramental? Postular que sea posible una plena comunión eclesial sin una plena comunión sacramental no parece un camino que pueda dar tranquilidad”.

En ninguna línea de los números 84-86 de la Relatio se postula una “plena comunión eclesial”, y por supuesto, tampoco en la Familiaris consortio. La indicación pastoral va claramente en la línea de animarles a una mayor participación en la vida de la Iglesia, y a dar los pasos para favorecerla y hacerla crecer”. Si no se dan los pasos, esa plena comunión no se da. De hecho, en el n. 86 de la Relatio se reafirma claramente, que el proceso de acompañar a las personas en esa situación, y a discernir su estado, “no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio, propuestas por la Iglesia”; y esas exigencias están muy bien expresadas en los párrafos de la Familiaris consortio que hemos recogido en estas líneas.

El Sínodo ha terminado, las interpretaciones no. Parece que algunos se obstinan, cediendo a un subjetivismo de la conciencia, en querer decir al Sínodo lo que nunca ha dicho.

Artículo en: http://www.religionconfidencial.com/tribunas/quiere-hacer-decir-Familiaris-Consortio_0_2598940087.html

LA HABANA Y DRESDE, REFERENCIA Y METÁFORA

Artículo de José Antonio Nieto de Miguel, catedrático y abogado, presidente de la Asociación Cultural Salzburgo, publicado en El Norte de Castilla el pasado día 19 de Noviembre

El cálculo documentado que fijó Josef Heinz Eibl en su obra ‘Mozart, Chronik eines Lebens’ (Mozart, crónica de una vida) y que desde el 23 de marzo al 3 de noviembre de 1991 recogió aquella gigantesca exposición en el palacio de Klessheim, en Salzburgo, que con el título de ‘Imágenes y sonidos’ quería reflejar la vida de Mozart, en su capítulo 4 dejó claro que Mozart vivió 35 años, 10 meses y 9 días (es decir, para simplificar, 13.097 días) y pasó 10 años, 2 meses y 8 días (3.720 días), viajando, aunque «los viajes son caros, poco confortables, fatigosos y poco rápidos»; esto quedó envuelto en belleza por René Féret en las primeras imágenes de su película ‘Nannerl, la hermana de Mozart’, premiada en importantes festivales de cine, como en Montreal, Göteborg o Chicago. Y Mozart, durante esos 3.720 días de viaje, pudo recorrer y dejar su huella y su torrente de genialidad cohesionando Europa; así pudo hermanar a muchas personas con su música en prácticamente todo el Viejo Continente, desde Nápoles hasta las Islas Británicas. Y Mozart ha desembarcado ahora en La Habana. Y se ha roto la estadística de Eibl en el Festival celebrado del 16 al 24 de octubre, el final más apropiado del proyecto ‘La música clásica europea en el entorno social de La Habana vieja’, financiado por la Unión Europea, con la supervisión artística del Mozarteum de Salzburgo y del Lyceum Mozartiano de La Habana. Y toda La Habana se ha volcado con el proyecto: el 16 de octubre tuvo su acto inaugural en la Catedral, con el ‘Concierto en sol mayor para flauta y orquesta (KV 313)’ y la ‘Misa en do menor (KV 427)’; o en el concierto a cargo del Mozarteum, en el Oratorio San Felipe Neri; o en la clausura del Festival en el Teatro Martí con la Orquesta Sinfónica del Lyceum Mozartiano, con dos sinfonías de Mozart (KV 16 y KV 551) y esa página, con latidos de testamento y despedida, que es el ‘Concierto para clarinete (KV 622)’.

La Habana ha llenado sus hoteles en estos días demostrando que la alta Cultura es hoy causa inagotable de turismo. Pero ha recordado al mundo el mensaje de aquellas palabras del Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba el año 98: «Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba». Y uno, europeísta, humanista y mozartiano, ve con agrado que haya sido precisamente la Unión Europea la que con Mozart como mejor aliado se ha abierto a Cuba. Y no se puede dejar de lado que este Festival Mozart en La Habana ha coincidido allí con un preacuerdo entre representantes del Gobierno colombiano y de las FARC, que puede llevar a una paz definitiva en Colombia. Y que precisamente con Mozart ha llegado la primera gran manifestación de un deshielo diplomático que hace reales aquellas palabras de Fidel Castro en 1973, cuando dijo que «las relaciones diplomáticas con EE UU se reanudarían cuando allí hubiera un presidente negro y en Roma un Papa latinoamericano».

Si la oferta de La Habana ha sido una manifestación doble de apertura, el mensaje transmitido desde el corazón de Europa es de cicatrización de heridas y de reconciliación. Como ya recordé en estas mismas páginas el 21 de junio de 2013, entre el 13 y 15 de febrero de 1945 bombarderos ingleses y norteamericanos dejaron prácticamente convertida en escombros la bellísima ciudad de Dresde, la llamada precisamente por su belleza ‘la Florencia del Elba’. Y en esta destrucción siempre fue un símbolo la Frauenkirche, esa joya del barroco en Alemania, que el propio Mozart pudo contemplar en toda su grandiosidad tras su llegada a Dresde el 12 de abril de 1789. La antigua Alemania del Este (RDA) no quiso acometer su reconstrucción porque prefirió que sus ruinas fueran como un símbolo de los horrores de la guerra. La reunificación posterior de Alemania impulsó una reconstrucción de la Frauenkirche que habría de ser una imagen de reconciliación, máxime cuando se llevó a cabo con donaciones de todo el mundo.

La reconstrucción terminó hace diez años y ha querido celebrarse con la organización de tres conciertos en tres rincones del mundo unidos por una línea invisible: el primero, en el Carnegie Hall de Nueva York el 15 de octubre; el segundo en la Frauenkirche de Dresde el día 24, también de octubre; y la línea se ha cerrado en Singapur el pasado día 14. Los intérpretes, de primera magnitud mundial como la Orpheus Chamber Orchestra de Nueva York, la violinista Mira Wang y Jan Vogler, violonchelista y director artístico del Festival de Dresde. Las obras, todas relacionadas con Dresde, han sido de Mendelssohn, Saint-Saëns y Schumann. Pero sobre todo el estreno del ‘Duo concerto’ del compositor alemán Wolfgang Rihm, un encargo especial para este décimo aniversario.

Richard Strauss estrenó en Dresde ‘El caballero de la rosa’ el 26 de enero de 1911. Y en esa hermosa primera escena cargada de erotismo (brillantes Koch/Stoyanova en Salzburgo.2015 o la misma Koch/Fleming en Baden-Baden.2009) Octaviano resume el amor que siente por la Mariscala en una frase: «aber das Ich vergeht in dem Du…» (pero el yo se disuelve en el tú). Y aunque sea ideal y pueda sonar arcangélico, no estaría mal que este fundirse en la otra persona pudiera servir de base a cualquier relación humana.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5750/23277460546_128699848a_b.jpg

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