Por José María Arévalo

( Royal Academy Gallery. Summer Exhibition, 2015) (*)
Reproducíamos, hace unos días, la conferencia que impartió el pasado 8 de octubre, en la Casa de Cervantes, don Javier López de Uribe y Laya, académico de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, como lección inaugural en la solemne apertura del Curso Académico 2015-2016, que tituló “En contra del relativismo artístico”. Por las mismas fechas la revista de la Real Academia publicaba un artículo del mismo autor, el arquitecto vallisoletano López de Uribe, titulado “Arte, pero ¿qué es eso?”, que guarda cierta relación con el tema de la conferencia, completándola de alguna manera, y que tiene también el mayor interés y actualidad, por lo que vamos a reproducirlo en tres artículos, dada su extensión para nuestras páginas, incluyendo en el texto las Notas que el autor sitúa al final del artículo.
“Mi visita –escribe el académico López de Uribe- a la exposición «Summer Exhibition 2015», celebrada por la Royal Academy of Arts para artistas emergentes y destacados en el panorama internacional, que en opinión del comentarista sobre arte del Evening Standard «It´s the best Summer Exhibition I have seen», ha contribuido a poner por escrito algunos de mis pensamientos sobre este tema. Se trata, desde luego, de un terreno minado: basta con escuchar y leer lo que dicen y escriben la mayoría de los artistas actuales sobre su propia obra y sobre el arte en general, para comprender o no la diversidad infinita de opiniones que se presentan sobre el tema. Arte es, hoy en día, una palabra equívoca.
¿Qué actitud se puede adoptar ante el arte actual? Unos se emocionan ante un cuadro y a otros no les dice nada. Hasta que comienza a hablarles… Para que eso suceda hace falta ver mucho, porque la educación estética es muy necesaria: sin educación no hay arte. Hay que cultivar la capacidad de admiración. Mark Rothko, cuando la gente se sorprendía ante sus cuadros, decía que «lo más acertado es guardar silencio» ( J. M. CEJAS. El baile tras la tormenta. Ed. Rialp, Madrid, 2014, p. 118)
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Algunas de sus importantes obras se llaman «Sin título» para dejar claro que la persona que las contempla es la que debe titularlas en su interior, porque no hay palabras para describirlas. Y, en palabras de otro autor tan reconocido como es Antoni Tapies: «pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida» (Exposición «Comunicación sobre el muro». Fundación Tapies. Barcelona, 1992).

( Royal Academy Gallery. Summer Exhibition, 2015) (*)
Pablo Picasso es más modesto en su opinión sobre el arte: «el objetivo del arte –dice– es quitar el polvo a la vida diaria de nuestras almas» (Exposición «Dibujar el espacio. De Picasso a Plensa». Palacio de Sástago. Zaragoza, 2015); y para Joan Miró «las obras deben ser concebidas con fuego en el alma, pero ejecutadas con frialdad clínica» ( Exposición «Esculturas con dibujos». Ayuntamiento de Valladolid. Museo de la Pasión. Valladolid, 2015).
Resulta llamativo que, para estos cuatro grandes artistas, el arte tiene alma. ¿Y cuál es el alma del arte? En mi opinión, el alma del arte se llama la belleza. Trataré de demostrarlo.

( Little Witheshead. In The Corner. Saatchi Gallery) (*)
Ahora, para muchos el arte es, sobre todo, un espacio de comunicación que no tiene por qué corresponderse con la belleza sino que tiene una función social. El arte, dicen, debe ser reflejo de la sociedad. Para otros, el arte consiste en hacer cosas buenas, tiene más que ver con el proceso y producción de objetos útiles que adquieren textura y forma; se intenta buscar imágenes sencillas y reconocibles elevándolas a la categoría de arte. También hay quienes consideran que el arte hoy en día es una cualidad dinámica, en constante transformación, inmersa además en los canales de consumo, con un aspecto efímero, de percepción instantánea.
Para los mercados del arte, el arte se ha convertido en un foco de inversión más. El valor comercial determina su calidad, que pasa a depender del interés que suscite. Una gran exposición será tal en tanto que su éxito público esté garantizado por una serie de cocientes cuantitativos, una reunión de factores creados artificialmente para hacer política y generar riqueza. Los expertos en mercadotecnia tratan de convertir al espectador en mero consumidor que resulte seducido por la confluencia y consenso de esa serie de factores, la mayoría de las veces vulgares e irreverentes, que nada tienen que ver con la belleza auténtica, borrada por lo superficial y lo efímero, pero eso sí: sorprendente. Son enormes maniobras de propaganda, montajes publicitarios y comerciales que hacen subir el valor de obras que no tienen nada que ver con la creación, con el talento creativo.

( Jordan Baseman. The Cat and the Dog. Saatchi Galler) (*)
Abundan exposiciones de colaboración en diversas formas de protesta y reivindicación social, de llamar la atención sobre determinados acontecimientos. Si el arte es sólo transmisión de ideas, ¿por qué no manipularlo para conseguir determinados fines que despierten emoción e interrogantes, y que hagan creer a quienes no lo entienden o no se emocionan con él que son culpables por ignorantes?»
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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