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La travesura (Cuento de Navidad). I

Tres foramontanos en Valladolid 20 Dic 2015 - 07:27 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Amador Muñoz García. Felicitación de Navidad en Hispacuarela de Facebook) (*)

Gaspar de Ahram entró en el ascensor y pulsó el botón que le haría descender al gran salón del hotel. Era un hombre corpulento como los campesinos de su tierra natal y tenía el cabello del color de las puestas de sol sobre el mar Rojo, cuando la arena en suspensión filtra los rayos y nos fuerza a entornar los ojos. Educado en la fe del Islam, ahora, en su madurez, había experimentado un cambio tan sorprendente que él mismo se sentía maravillado.

Gaspar siempre fue un hombre estudioso y amante del saber; de aquí que fuera tenido por sabio entre sus compatriotas. La afición a la arqueología, que ocupaba casi todo su tiempo hasta el punto de superar casi siempre el hambre y el sueño que como ser humano sentía, le tenía cavilando hasta altas horas de la noche, cuando ya habían salido las estrellas y el desierto se poblaba de ensoñaciones.

El caso es que, buscando información sobre los hititas en una vieja biblioteca, había caído en sus manos un libro sagrado que relataba la vida de Jesús de Nazareth. El libro era muy antiguo y estaba sumamente deteriorado, pero de tal modo fascinó a nuestro sabio, que desde que éste lo leyó se propuso visitar los territorios que allá por el siglo primero habían conocido la presencia de tan excelso personaje. Pero antes de salir, Gaspar de Ahram lanzó un mensaje por Internet exponiendo los motivos de su fascinación y su deseo de viajar al país de nacimiento de Jesús. De esta manera fue como conoció a las dos personas con las que ahora se iba a reunir.

***

En el amplio recibidor del hotel le esperaban tres hombres: uno de ellos era algo mayor que él en edad. Su piel parecía casi tan blanca como su larga barba. El segundo, de tez oscura y labios gruesos, no podía ocultar su condición de africano. El tercero, moreno y de corta estatura, lucía un estrecho mostacho que perfilaba su labio superior.

“Gaspar, he aquí al señor Martínex, que nos acompañará en nuestra visita a Madrid” dijo el hombre de la barba blanca. “Es el cónsul de mi país y ha tenido la amabilidad de prestarse a ser nuestro guía”.

“Encantado” dijo Gaspar estrechando su mano. “Yo soy Gaspar de Ahram, y como quizás ya le hayan dicho, vengo desde las orillas del mar Rojo.” “Sí, sí, lo sé” respondió el hombre del bigote. “Es curioso que se hayan reunido aquí tres personas de lugares tan distantes. Pero ya me han puesto al tanto de su fracaso en Israel.”

El hombre de la barba blanca asintió. “Fíjese usted. Yo estaba en la ribera del mar de Aral, rodeado como siempre por mis libros de astronomía, cuando, el año 2000, buscando datos sobre el retorno del cometa Halley, tropecé con la historia del nacimiento en un pueblo de Israel de un hombre fascinante llamado Jesús de Nazareth, o Jesús el Nazareno. Lo encontré por pura casualidad, ya que durante la época comunista este tipo de libros estaba totalmente prohibido en mi país. Seguramente el dueño de aquel tomo prefirió correr el peligro de una posible represalia a hacerlo desaparecer, y optó por esconderlo detrás de un grueso ejemplar cuyo título era tan escasamente atractivo que hacía poco probable que alguien decidiera sacarlo de la estantería.”

Y prosiguió diciendo: “Alguien me llamó para decirme: Melchor de Kabanbay, hoy he visto en Internet un mensaje en el que un tal Gaspar de no sé qué se interesa por ese Jesús del que tanto hablas. Y así fue como conecté con mis dos amigos”.

“Mi historia es parecida” dijo el africano. “Yo era animista como una gran parte de mis compatriotas. Mis dioses eran tantos que me tenían hecho un verdadero lío. Pero un buen día, cuando huía con mis bártulos de la persecución de una tribu vecina, fui acogido por un padre católico que me dio un pequeño libro. También hablaba de Jesús. Cuando pude regresar a mi hogar para reanudar mis estudios antropológicos en la garganta de Odluvai lo leí y tanto me impresionó que me hizo desear conocer la tierra donde vivió aquel hombre, a quien yo también tengo por el Hijo de Dios”.

“Lo que acaba de decir Baltasar de Shinyanga completa la ronda” dijo Melchor. “Pues sí. Así fue como acabamos por ponernos los tres en contacto e iniciar el largo viaje que nos ha traído aquí. Pero, como usted dice señor Ramirez, nuestra visita a Israel ha sido un auténtico fracaso. Ni siquiera hemos podido acercarnos a Belén, y el ambiente vivido en las pocas horas que permanecimos en el país más parecía de guerra que de celebración. Realmente lo que allí encontramos era exactamente lo contrario de lo que debiera ser. Viendo tanto odio ¿quién podría decir que allí nació la misma fuente del amor?”

“Desde luego no puede concebirse mayor vergüenza que ésta” terció Gaspar de Ahram. “Lo que nos hace pensar hasta qué punto hemos extraviado el camino y lo necesaria que es la conversión. El escándalo de Belén, ahora escenario del odio y de la muerte, golpea cualquier conciencia sensible y hace caer el mayor oprobio sobre nuestra generación.”

“De todas formas todavía no tengo clara la causa de esta grata venida suya a Madrid” señaló el señor Ramírez.

“La razón no puede ser más sencilla” explicó Melchor de Kabanbay, que llevaba la voz cantante. “Al no poder dirigirnos a Belén, preguntamos en el mismo aeropuerto de Tel-Aviv si entre los países con raíces cristianas y larga tradición de Navidad había alguno para el que aún pudiésemos encontrar un billete de avión, dando la casualidad de que acababan de cancelar tres billetes para Madrid. Así que no tuvimos la menor duda de que éste sería nuestro destino.” “Y aquí estamos, porque no queremos morirnos sin vivir estas fiestas cristianas” añadió Baltasar de Shinyanga.

“El caso es que yo soy católico pero no muy practicante” respondió el señor Ramírez, carraspeando. “Ya saben, hace uno la primera comunión y luego se va uno enredando con la vida… Pero cuenten conmigo. Yo les llevaré por ahí y podrán ver como las celebramos…”
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PS: Primera parte del publicado en mi libro de cuentos y relatos “Salpicón de Historias con salsa agridulce”

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5748/23114899463_c52ed350e1_b.jpg

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