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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 21 Dic 2015 - 07:24 CET
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“¿Qué hacer en Siria?”, de Aleix Vidal-Quadras, y “Arte, libertad y religión”, de Alejandro Navas

( Viñeta de El Roto en El País el pasado día 30 de noviembre) (*)

¿QUÉ HACER EN SIRIA?

Artículo de Aleix Vidal-Quadras publicado en La Gaceta el pasado día 24 de noviembre

Tras los terribles sucesos de París el pasado 13 de noviembre los Gobiernos occidentales han iniciado una frenética actividad diplomática y militar para acabar con el Estado Islámico o por lo menos reducir sensiblemente su capacidad operativa a fin de evitar nuevos atentados en suelo europeo. Las reuniones de alto nivel y las preparaciones bélicas se han multiplicado, pero no existe todavía la necesaria unidad de criterio sobre la política de fondo a seguir en el avispero sirio. Básicamente, se plantean dos enfoques distintos cuya lógica y consecuencias a medio y largo plazo son completamente diferentes.

Una escuela de pensamiento, auspiciada por Rusia y a la que por cierto parece adherirse el Gobierno español, considera que hay que apuntalar al dictador Asad e incorporar a Irán a la coalición que combata a las huestes de Abu Bakr al Bagdadi. Otra, en cambio, en la que están Francia, Reino Unido y Estados Unidos, rechaza que Asad pueda ser parte de la solución y propugna, junto con la aniquilación del Estado Islámico, un cambio de régimen en Siria con la desaparición de su actual primer mandatario de la escena. Un examen cuidadoso de ambas opciones y la rápida adopción de una posición común europea resultan claves para una correcta solución del problema.

La prolongación del mandato de Asad después de la liquidación de 300000 sirios por sus tropas no resulta viable porque la población de aquel país no la aceptará. Por otra parte, la continuación de Asad representa la hegemonía iraní en la zona y el reforzamiento de Hezbolá en Líbano, cosas que no van precisamente en la dirección de los intereses de las democracias occidentales. Tampoco se puede olvidar que el mantenimiento de la tiranía alauita alimentaría e intensificaría el flujo de refugiados hacia Europa, con los consiguientes efectos desestabilizadores. El Secretario de Estado norteamericano ha sido explícito al respecto al señalar que la aparición del Estado Islámico, lejos de deberse a la negativa de Estados Unidos y de la Unión Europea a apoyar a Asad, encuentra su causa en la brutal represión sufrida por la primavera árabe en Siria a manos del dictador.

La política inteligente en Siria consiste en atacar implacablemente al Estado Islámico a la vez que se reemplaza a Asad por un Gobierno integrador de fuerzas democráticas de la oposición, hoy emparedadas entre el ejército del autócrata y las hordas del Estado Islámico. Ello requiere prestar sostén financiero y suministrar armamento a la oposición, así como obligar a Irán a retirar sus milicias del teatro del conflicto bajo amenaza de sanciones, mecanismo que ya se ha revelado eficaz a la hora de cerrar el acuerdo nuclear. En cuanto a Rusia, es obvio que se prestaría a una negociación en la que se le podría ofrecer un alivio del castigo que sufre por sus desmanes en Europa Oriental a cambio de dejar caer a Sadam y aflojar su alianza con los ayatolás iraníes.

La insostenible situación que vive Oriente Medio proviene de errores garrafales de los Estados Unidos, concretamente la transformación de Irak en un estado fallido abriendo la puerta a Irán para su injerencia en el país y la falta de acción firme cuando Asad empleó armas químicas contra sus propios ciudadanos. Un error no suele arreglar otro error y la entrega de una región estratégica para la seguridad energética y física de Occidente a su enemigo jurado, que es la teocracia iraní, acabaría de descomponer un tablero ya de por sí peligroso y complejo. Pronto veremos si en este asunto vital prevalece la visión en profundidad o se vuelve a caer en la chapuza.

Artículo en: http://www.gaceta.es/aleix-vidal-quadras/siria-24112015-2135

ARTE, LIBERTAD Y RELIGIÓN

Artículo de Alejandro Navas publicado en Diario de Navarra el pasado día 28 noviembre

En la sociedad de la información y de las redes sociales resulta difícil llamar la atención. El exceso de mensajes y de estímulos invita a la estridencia si uno aspira a destacar. Supongo que este es uno de los factores que explican la trayectoria del artista responsable de la exposición blasfema. Según ha declarado él mismo en alguna entrevista, su madre era una prostituta y drogadicta, quedó embarazada y lo abandonó después de nacer en una clínica de Madrid vinculada a la mendicidad y la prostitución. Adoptado a los siete años, describe su infancia como “una mezcla de maltratos, abusos sexuales y diferentes problemáticas”, que culminarían en un intento de suicidio a los dieciséis. No voy a hacer de psiquiatra, pero está claro que una biografía así explica muchas cosas. En cualquier caso, no lo juzgo como persona. Más bien me daría pena, si no fuera por su habilidad para convertir el escándalo en negocio y autopromoción.

El recurso del arte contemporáneo a la provocación y al insulto tiene más de un siglo de historia. Se entiende que los “creativos” incidan en esa dinámica si les proporciona notoriedad y dinero. “Escandalizar al burgués” se convierte así en un negocio rentable en todas las coyunturas económicas. No voy a entrar en disquisiciones estéticas, y me fijaré más bien en la sociedad que permite o incluso alienta ese tipo de manifestaciones.

Se observa en nuestro país una tendencia a adobar la fiesta y el arte con elementos anticristianos. Con aire cansino asistiremos en la celebración de fin de año o de los próximos carnavales a la proliferación de varones disfrazados de cura o de monja. Algo similar ocurre en sanfermines. Es lógico que las pancartas de las peñas recojan aspectos de la actualidad con un tono satírico y burlón, y sería mucho pedir que el buen gusto fuera el criterio determinante, pero en una sociedad democrática debería ser posible compaginar la libertad de expresión con el respeto debido a los demás, de modo especial cuando la religión está por medio.

En una sociedad moderna y pluralista, donde cada uno puede vivir y buscar la felicidad a su manera –este era el ideal de Federico de Prusia, rey ilustrado por excelencia–, no habría mucho que objetar a manifestaciones de paganismo. Se habla mucho de nuestra sociedad “poscristiana”, pero sorprende esa fijación por lo cristiano cuando se quiere dar rienda suelta a la imaginación o a la espontaneidad. Va a resultar que ser pagano coherente es mucho más difícil de lo que parece a simple vista. Ateísmo significa una vida sin Dios, y lo que encontramos aquí es más bien cristofobia, odio a Jesucristo y a todo lo cristiano.

Se podría analizar la raíz psicológica y antropológica de ese rechazo. Hay mucho estudiado sobre la necesidad de la fiesta para la persona y la sociedad, y se conoce la raíz religiosa de toda celebración. En el fondo, los hombres rinden así homenaje al Creador y se alegran y agradecen los dones recibidos, empezando por la propia vida (no deja de ser ridícula la pretensión, que veremos en las semanas próximas, de vivir las fiestas navideñas sin aludir al nacimiento de Cristo).

Se entiende que un tipo humano como el moderno, supuestamente emancipado de la tutela religiosa, sienta la necesidad de matar al padre. “No hay Dios porque, de haberlo, yo no soportaría no serlo”, decía Nietzsche con su habitual clarividencia. Léon Bloy expresaba lo mismo con otras palabras: “¿Por qué la Iglesia es tan odiada? Porque es la conciencia del género humano”.

Muchos de nuestros poscristianos parecen tener una verdadera obsesión con la Iglesia católica. Después de haber ido detrás de los curas con el cirio en la mano sienten ahora el irresistible impulso de hacerlo con el garrote. Dan la impresión de que no pueden vivir lejos del cura. En el fondo, siguen siendo tan clericales como antes, a pesar del cambio de bando.

Nos vendría bien un poco más del paganismo verdaderamente ilustrado, que respeta y deja vivir. La sociedad moderna, amiga del pluralismo, acepta como un avance que cada uno piense y viva como desee. Como a la vez queremos mantener la cohesión social, pues juntos somos más fuertes y prósperos, acudimos a procedimientos como fuentes de legitimación: el mercado en la economía, la democracia en política, el parlamento y los jueces en la justicia. Corresponde al gobierno la misión de velar por su correcto funcionamiento, garantía de paz y libertad. Lamento que tanto el Ayuntamiento de Pamplona como el Parlamento de Navarra y la Presidenta del Gobierno no hayan estado a la altura en este caso. Han dejado escapar una magnífica oportunidad para mostrar que, efectivamente, gobiernan para todos.

Artículo en: http://www.scriptor.org/2015/11/alex-navas-sobre-arte-libertad-y-religi%C3%B3n-a-prop%C3%B3sito-de-un-incidente-pamplon%C3%A9s.html

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/1/685/23383607752_8638ff832b_b.jpg

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