Por Javier Pardo de Santayana

( Cartel de “Sesión continua”) (*)
De un tiempo a esta parte, mi periódico de cabecera selecciona diariamente una de las películas que nos ofrece la pantalla de la televisión. En este caso se trata de una de Garci, y además el título promete, así que decidimos verla. De entrada, Garci siempre me interesó en cualquiera de sus expresiones, trátese del cine, del fútbol o de cualquier otro posible tema, pues se trata de un humanista-costumbrista de prosa entrañable que refleja sus vivencias como para que usted se las disfrute y las comparta bien acomodado en el sillón.
Como usted puede suponer, la película no es de las de acción, sino de las de contemplación; por eso creo que podría desazonar a nuestra gente joven, tan acostumbrada a los efectos especiales, los mamporros y la gimnástica del sexo. Se trata de la vida de tres personajes del mundo del cinematógrafo: un director, un guionista y un productor, encarnados esta vez por tres actores de nivel superlativo: Adolfo Marsillac, Jesús Puente y José Bódalo. El tema es el de la obsesión por el trabajo cuando éste se hace por vocación y se halla dominado por la pasión creativa. Bien lo refleja el guionista cuando concluida su tarea siente ya un vacío vital y pide a gritos que le den un guión nuevo. En efecto, desea imperiosamente sumergirse en el reto diario y responder a éste haciendo uso de su imaginación y su destreza, que en esto consiste su vida realmente. En cuanto al director, no puede vivir sin verse rodeado por el caótico ambiente del rodaje. Así que los dos, como arrastrados por un a corriente, acaban de los nervios y hasta se muestran agresivos.
Tal como usted bien puede suponer, el efecto de tan intensa pasión resulta destructivo para la vida familiar. Las esposas de ambos cineastas esperaban lograr en sus casas un ambiente más grato que el que tienen, y sus hijos desearían mayor atención y más cariño; no sentir como que estorban. Lo cual sucede al hijo del tercero, es decir, del productor: un joven de dieciocho años que muere trágicamente dejando una carta en la que reprochará a su padre su abandono. Una conmovedora escena nos revelará un inmenso José Bódalo destrozado al constatar que, aunque amó mucho al muchacho, nunca supo demostrárselo. Y el humor hará acto de presencia cuando la esposa de uno de los otros dos, supongo que hastiada de la falta de atención de su marido y de la decepción de una familia que no tiene vida propia, decide enclaustrarse en un convento.
Dije al principio que ésta no era una película de acción o intriga como la mayoría de las actuales. Es una película en el que hay más bien que degustar los sutiles gestos de Alfredo Marsillac, la expresividad de Jesús Puente o el convincente dramatismo del maestro Bódalo. Y, sobre todo, la genial secuencia con que finaliza la película, en la cual, un final de año, Puente y Marsillac, que ya fueron dejando a lo largo del film certeras observaciones sobre la realidad de sus vidas, el cine y el trabajo, vuelcan para deleite de los espectadores la triste realidad de sus desorientadas vidas en una larga, interminable borrachera.
Para concluir nos preguntamos a qué viene el título de “Sesión continua”. De entrada, me parece claro y evidente que resume y sugiere lo que siempre fue el mundo de Garci, con su añoranza de los buenos viejos tiempos de su juventud y de la nuestra: cuando el cine nos transportaba a mundos y situaciones que vivíamos gracias a la fascinación de Hollywood. En un momento determinado, Marsillac – el director – ridiculiza a Jesús Puente – el guionista – porque se expresa con frases de John Wayne. Sí, en efecto, tan intensamente siente lo vivido nuestro amigo, que no quiere ser él mismo, sino que pretende ser como sus personajes, un ente de ficción. En fin, cine dentro del cine.
Pero la lectura que me parece más certera y más profunda es la de que José Luís Garci quisiera subrayar que la vida del cineasta puede verse de tal forma afectada por la pasión creativa, que ésta ya no deje espacios libres; que de tal forma arrastra y que tanto demanda, que hace de ella una “Sesión continua”.
Desde luego a mí me hace también pensar en si esta pulsión y este sinvivir que apunta Garci en su película no alcanzará también a otros artistas; incluso, por qué no, a nosotros mismos, los articulistas de este blog, que bien podemos preguntamos qué nos sucedería si dejásemos de escribir los dos artículos que hacemos semanales. Quizá nos sentiríamos un poco huérfanos, faltos de obligaciones, como vacíos de sentido; con el vértigo de no saber qué hacer. Como si el tiempo sólo fuera un simple espacio en blanco. (No; si al final ésta va a ser la razón por la que tan poco nos importa la posibilidad de que nadie nos lea…)
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