Por José María Arévalo

( “Desatino”, óleo de Carlos Adeva, Premio ACOR 2015) (*)
Hasta mediados de este primer mes del año se ha mantenido en la sala de exposiciones del Teatro Calderón la muestra de las 19 obras seleccionadas, de las 91 que se presentaron, al concurso mejor dotado de nuestra ciudad, el Certamen de Pintura Acor que ha concluido ahora su XVI edición, en la que se ha proclamado ganador el zamorano Carlos Adeva. Y ya ha dejado paso a la exposición de Jesús Capa, que presenta su alegoría escultórica “General electronic city”, realizada con basura electrónica, y que recuerda mucho a la que ofreció en abril de 2011 en esta misma sala con el título de “La Biblioteca Blanca”, ambas formando una especie de macrociudades de edificios en blanco, una construida con libros y esta otra con residuos electrónicos, una urbe de restos tecnológicos, en forma de belenes blanqueados, extendidos por el suelo de la sala, con indudable impacto visual.

( “General electronic city”. Escultura de Jesús Capa en su exposición del Calderón) (*)
Ambas son el reflejo del arte que se lleva ahora, una pintura y una escultura más conceptual, en la que predomina la perfección técnica sobre la creatividad, como ya hemos comentado en artículos anteriores. Vamos a reseñarlas ahora, brevemente, y destacar lo positivo y lo negativo de estas nuevas formas de expresar la belleza, que de todo hay en estas manifestaciones del arte actual. No obstante, en la de Acor, aunque predomina lo que hemos llamado realismo fotográfico, afortunadamente hay todavía restos de la influencia impresionista que dan una nota de diferenciación a la pauta general.
En el certamen de Acor, el jurado ha concedido el premio único convocado a Carlos Adeva, natural de Toro (Zamora), cuando se cumplen 25 años de su carrera como pintor. La obra seleccionada, “Desatino”, por la que ha recibido el premio de 6.000 euros, ha destacado por su “originalidad plástica y elegancia estética”. El cuadro representa una leyenda oriental según la cual las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo que siempre permanece atado entre ellas, a pesar del tiempo y la distancia.

( Mención Especial del jurado ACOR, ‘Folklore’, óleo de Beatriz Marcos) (*)
El jurado en esta edición ha estado compuesto por José Manuel Ciria, hijo de padres españoles pero nacido en Manchester, figura central en el panorama de la pintura española de las tres últimas décadas, y Adolfo Barnatán, escultor nacido en París aunque residente en España desde hace 35 años y con una dilatada carrera profesional en el mundo del arte, así como Francisco de la Plaza, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid.

( Mención Especial del jurado ACOR, ‘Padre’, óleo de Juan A. Martín Oña) (*)
Han concedido además dos menciones especiales o accesit, a las obras de Beatriz Marcos Garrido y Juan A. Martín Oña, ambos burgaleses, tituladas “Folklore” y “Padre” respectivamente. Mientras que el de Martín Ocaña no tiene otra aportación que la ampliación de la imagen, un rostro dibujado, al gran formato que exige el concurso, la de Beatriz Marcos aporta una textura de variaciones sobre la línea formal que imprimen cierto movimiento a las figuras, con indudable originalidad, aunque en realidad es una copia de un efecto típico de fotografía en movimiento. No se puede pedir mayor confirmación de lo que llamo “realismo fotográfico” en pintura.

( “La Biblioteca Blanca”. Escultura de Jesús Capa expuesta en abril de 2011 en la sala del Teatro Calderón) (*)
En cuanto a la exposición actual, ‘General Electronic City’, se enmarca en la convocatoria de artistas locales de la Fundación Municipal de Cultura. De Jesús Capa me encanta su óleo “Peatones”, que pertenece a los fondos de Caja España, una pintura de gran formato, 129 x 193, también muy conceptual, que hemos publicado en estas páginas ilustrando un artículo el 18 de marzo pasado, concretamente –por si quieren verlo- “El Rezongón. 7. Los niños de la guerra”, de Carlos Bustamante. Prefiero su pintura, pero en todo caso Capa tiene la ventaja de no haberse dejado seducir por la abstracción, y aunque haya que preguntarse por sus intenciones últimas en cada obra, en todo caso se entiende lo que vemos. ¿Por qué estas ciudades blancas de libros o restos tecnológicos ahora?
En la presentación Jesús Capa ha explicado que recogió los restos que acumulaban sus familiares y amigos – entre ellos Gustavo Martín Garzo, que le acompañaba, y que explicó que «Jesús ha espigado nuestros restos perdidos y ha construido una ciudad llena de misterio»–- y, con sus componentes, crear la blanca y deshumanizada ciudad que luce en el suelo de la sala de exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid, cual «corporación empresarial». Ha trabajado durante ocho meses para desentrañar todos los elementos tecnológicos propios y ajenos, como teléfonos, electrodomésticos, televisores, radios, móviles u ordenadores para, con sus placas, levantar una ciudad pintada de blanco con su zona empresarial, centro y arrabales.
«Es una ciudad que es casi como una corporación empresarial, una ciudad empresa, un mundo deshumanizado», explicó el artista durante la rueda de prensa antes de constatar que ese es el estilo al que tienden las ciudades cada vez más. Y acabó reconociendo que los componentes que ha empleado contienen la memoria de sus propietarios. «A mí me gusta soñar con las cosas y cuando veo una placa electrónica, veo una ciudad llena de calles».
¿Y por qué estas ciudades blancas? Capa defiende el blanco como el color del momento histórico actual: «no concibo el arte para este momento histórico, de colorines». Bueno, ya digo, arte nuevo, con sus pros y sus contras, en el nuevo año.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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