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Obama, Obama (II)

Tres foramontanos en Valladolid 02 Feb 2016 - 07:22 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Caricatura de Obama)

Se va extinguiendo el mandato del señor Obama – ya ha entrado en el periodo en el que todo presidente norteamericano se convierte en un “lame duck”, esto es, en un pato cojo – y la verdad es que la valoración de su paso por la Casa Blanca conduce al desencanto. Siempre le va a quedar, naturalmente, el aura de haber sido el primer presidente negro del país, que esto no es poca cosa, mas las expectativas que levantaron sus palabras, las esperanzas que se engendraron con su discurso de renovación y esperanza respecto al futuro, se han quedado en su mayor parte en agua de borrajas. Incluso en lo que se refiere a la integración armoniosa de su conciudadanos de color en la sociedad norteamericana nos encontramos hoy en día con la acumulación de llamativos casos discriminatorios, y su papel de pacificador está lejos de haber brillado como no fuera por su ausencia.

Llegados a este punto no puedo por menos de recordar el comienzo de su legislatura, coincidente con mis primeras colaboraciones con los “Tres foramontanos”. El título de “Seducidos” que hizo el segundo de mi serie – y ya vamos por los 765 – reflejaba precisamente aquel encantamiento que acompañaba al nuevo líder como si éste fuera un nuevo y visionario Kennedy. Pero no habría mucho que esperar para encontrar, ya en mi colaboración número 27, un segundo artículo referido a este mismo personaje – “Obama, Obama” era su título – al que seguiría de inmediato aquel etiquetado como “Decepción” con el que me adelantaba al que merece también este remate final de su paso por la presidencia norteamericana.

La decepción a la que entonces me refería yo se fundamentaba en el apoyo del nuevo presidente a a los partidarios del aborto, lo que entraba en contradicción flagrante con la aparentemente sentida invocación a Dios que había elevara sólo unos días antes en su toma de posesión como inquilino de la Casa Blanca. Claro que pronto fue reconocido mundialmente con la concesión del Premio Nobel de la Paz, premio casi siempre puesto en ridículo por la posterior conducta de los políticos premiados, y no digamos cuando imprudentemente la distinción es concedida a poco de iniciar legislatura.

En este caso parece que la fidelidad a lo que se esperaba del entonces nuevo mandatario se tradujo precisamente en una inhibición de las responsabilidades asumidas desde hace tiempo por la nación norteamericana en su proyección internacional. Durante mucho tiempo – un tiempo que podríamos extender a todo el siglo XX – el poderío de Norteamérica había sido un factor clave para la seguridad mundial basado en la solidez y la tranquilidad tan convincentemente transmitida por la libertad que se sabía consustancial con en el origen y los fundamentos del país.

Pues bien, si miramos ahora a Europa no podremos por menos de advertir el desapego que el señor Obama ha venido mostrado hacia este continente. Y una cosa es el hecho de que ahora exista una Unión que ya no es preciso tutelar y que el centro de interés mundial se haya desplazado poco a poco de nuestro continente hacia el Pacífico, y otra el desinterés que este señor he demostrado desde el mismo inicio del mandato. Ya en uno de mis primeros artículos me referí a su ausencia en la primera ocasión en que pudo y debiera habérnoslo mostrado. Algunos vienen achacándolo, y quizá tengan razón, a que es el primer presidente de Estados Unidos cuya familia no es europea de origen o el hecho de que él mismo naciera nada menos que en Hawai, pero en cualquier caso habría sido de esperar que en su visión geoestratégica no olvidara la importancia que hoy tiene el mantener la solidez del concepto de “Occidente”, tan importante para nuestro futuro, sobre todo porque la emergencia de nuevas potencias y el desplazamiento ya citado del centro neurálgico del planeta exige una identificación entre ambos lados del océano que facilite seguir manteniendo como modelo el estilo de vida y el orden político de libertades colectivas e individuales que durante mucho tiempo fueron el modelo propugnado por las instituciones internacionales.

Tampoco parece que el señor Obama se haya implicado crucialmente en la reacción mundial contra el peligro yihadista, excepto, supongo en el blindaje de su país ante una posible repetición del 11S. Otros países, como Francia, Rusia y Turquía han dado la impresión de interesarse e implicarse bastante más que Norteamérica o han reaccionado al menos de una forma más visible y conocida. España misma hace un enorme esfuerzo por contribuir a la paz en el Sahel yen el Oriente Próximo.

Cierto es que en la situación subyacen como causa las luchas internas entre distintas facciones del Islam y que lo mejor sería que fuera éste el que zanjase sus querellas; cierto es también que hemos acumulado algunas malas experiencias de las intervenciones en países ajenos, pero no es menos cierto que la presencia norteamericana en las zonas más calientes del planeta se ha ido diluyendo poco a poco hasta parecer casi irrelevante. Basta con recordar cómo Rusia arrebató sin más a Ucrania nada menos que Crimea segura de que los Estados Unidos reaccionarían proponiendo, como mucho, algunas medidas económicas. Y ahora en el Lejano Oriente se apuntan ciertas dificultades para mantener la Flota norteamericana como reina y señora de las aguas, mientras en el continente americano el solo movimiento al menos perceptible para la opinión pública ha consistido en establecer relaciones con el régimen cubano.

Así que la reacción de su propio país contra el señor Obamaha ha propiciado un creciente radicalismo al menos en el partido republicano, cuyo candidato más potente para la presidencia nos recuerda en cierto modo – tanto en su fingida indignación y sus maneras de “red neck” como en la desconsideración rayana en la chulería que desprenden sus propuestas – a algunos de nuestros especímenes políticos más impresentables. Claro que sin llegar a pretender cargarse la constitución de Thomas Jefferson; que todavía hay clases.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

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