Por Javier Pardo de Santayana

( Sex Pistols, foto en Uncyclopedia)
Parece que el entorno de los “Sex Pistols” se muestra indignado ante lo que está a punto de ocurrir. Para quienes no les conozcan diré que los Sex Pistols fue un conjunto musical y revolucionario, de esos que empiezan por peinarse raro y hacer movimientos convulsivos para hacerse notar del vecindario. Gente de la farándula que en vez de cantar “comme-il-faut” y hablar de amor y de esas cosas tan bonitas o tan tristes de la vida, se dedican a decir sandeces y a insultar al personal sin motivo aparente, por lo que habrá que suponer que intentan suscitar un interés centrado en proyectar la imagen de unos jóvenes insatisfechos. Yo, por mi parte, confesaré que jamás seguí sus vicisitudes porque, de entrada, no veo la necesidad de pegar esas berridos que pegan los del rock canalla, los del “metal pesado” y los que, que, como ellos, exhiben ex-profeso voces tan destempladas y desagradables como sus crestas o sus melenas despeinadas.
A lo que tendría que añadir los nombrecitos que se ponen, como es el caso concreto de este grupo: un título que traduciríamos por “Pistolas del Sexo” y al que no puedo por menos de atribuir una intención más o menos sucia. Como la que ellos mismos atribuirían a uno de sus miembros al que conocieron con el pelo verde y una camiseta de Pink Floyd con un “I hate”, o sea un “Yo odio”, cuando cambiaron su apellido por el de “Rotten “ que en inglés quiere decir “podrido”.
Bueno, pues el caso fue que esta muchachos tan difíciles ganaron una buena pasta porque, incomprensiblemente, a los jóvenes de la generación siguiente a la mía – y me temo que también a la siguiente – parecen encantarles estas cosas, lo que me hace temer que se ha perdido lo que en su sentido más exacto solíamos conocer como una “buena educación”. Ahí tienen ustedes a uno de los artistas, de apellido “Vicious” (Vicioso en el sentido más exacto), que murió poco después de sobredosis. Claro que también podrá orientarles a ustedes un comentario que recojo en Wikipedia en el que se relaciona su éxito con la falta de mensaje de la izquierda británica, como si sus berridos sirvieran como sustitutivo del correspondiente mensaje ideológico. Ilustrativo puede ser también que los muchachos arremetieran hasta con su Reina; algo impensable en un país como Inglaterra. Una canción suya – “God Save the Queen” era su título – la presentaría nada menos que como cabeza de un régimen fascista. Hasta se preguntaría si la buena señora era en realidad un ser humano… Sí, no se rían ustedes, que es verdad.
Pues bien, decía yo en el comienzo de este articulo que los “SexPistols” están ahora que trinan, y ustedes se preguntarán por qué. Pues porque ha pasado el tiempo y no pueden soportar lo que ha ocurrido con su nombre. Y esto es que, curiosamente y contra toda lógica, la celebración de los 40 años transcurridos desde el inicio de sus exabruptos ha sido aprobada sin mayor problema por doña Isabel y por el alcalde londinense en una exhibición de “fair play”; pruebas estas fehacientes de que sus gestos obscenos y antidemocráticos han quedado al final en agua de borrajas al convertirse en mito. Es decir, que con el paso del tiempo, los ”Sex Pistols” se han convertido en unos rancios personajes como aquellos de los museos de cera o como los datos curiosos de las citas contenidas en los libros. Se acabaron, por tanto, la sorpresa, la transgresión y la osadía para dar paso a la curiosidad. Sí; efectivamente, por mucho que los comentaristas intenten sublimar sus excesos concediéndolos el aura de lo irreverente y de lo antiguo, aquellos jóvenes vociferantes no son ya sin un rostro más de lo ridículo y lo “friki”, como los abanicos de los de Loconomía y tantas otras ocurrencias con las que los pretendientes a la fama querían superarse unos a otros por su excentricidad.
Ahora nos dicen que el heredero de quien en su día promoviera la figura del citado grupo musical ha decidido mostrar públicamente su horror – la celebración del aniversario contará incluso con el vergonzante apoyo de una subvención – quemando aparatosamente unos recuerdos familiares que hoy se valorarían al alza como codiciadas piezas de museo. Gesto grandioso, por lo que se ve, que pasaría a ser una especie de forma de protesta contra el inevitable hecho de que aquel entusiasmo de adolescentes malcriados se ha quedado simplemente en esto; que el atractivo que tuvo en otro tiempo es ahora exhibición de unos excesos del pasado que tienen que ver con la tendencia a resaltar más el gusto por lo malo y lo perverso que el lado bueno y bello de las cosas.
Como si el mal tuviera una ventaja intelectual cuando, en realidad, tan sólo se traduce en mejor venta.
Pero no nos extrañemos, que también nosotros tenemos en nuestra política quienes se hacen los indignados y juegan a faltones y desvergonzados. Solo que esto es bastante más grave que lo de los “Sex Pistols”, porque los nuestros pretenden gobernarnos.
Home