Por Carlos de Bustamante
( Casas en Wamba . Acuarela de José Mª Arévalo ) (*)
Imposible de estirar el día, que a este jubilata siempre le faltan horas, vuelvo a mi “cuartel de invierno” (Valladolid capital: base siempre de partida), para, con cambio de itinerario, enlazar por otro lado, la ruta, recorrida en un solo día, y finalizada felizmente en Fuensaldaña.
Por motivos que no vienen al caso, pero nunca por saciedad de añoranzas camperas, no ha mucho que, llevado por idéntica ilusión, hice con asiduidad esta misma ruta que les venía narrando, pero por diferente itinerario. El que con la base de partida dicha y operaciones (les diré cuáles en otro momento) y en el vehículo de un excelente y caro amigo, hicimos por tierras de rancio abolengo de los montes Torozos. Con parada y fonda siempre en La Santa Espina (Monasterio de Santa María de la Santa Espina), nuestro destino. Dejada la carretera principal y adentrados por tortuosas secundarias, a unos 17 kms. más o menos (“dos leguas”) de la capital vislumbramos, ¡cómo no! y de lejos, la torre de la iglesia de Wamba, ¡cómo no!, también de Santa María.
“Como la gallina acoge a los polluelos bajo sus alas”, así en ésta, como en casi todas las iglesias de los pueblos castellanos, las casas se agrupan en derredor de la iglesia. Si no bajo sus alas, sí bajo su sombra y siempre bajo la protección de la misma Madre. Tierras de María.
“Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” (Inscripción en el Osario de Wamba).
En la provincia de Valladolid esta el único pueblo de España que empieza por “W”, Wamba. Es una pequeña localidad, situada en el valle del Hontanija, comarca de los Montes Torozos. No es solo famoso por su topónimo, sino también por su bella Iglesia de Santa María Mozárabe (cabecera) y románica (estructura) de los Siglos X y XII. Como la Iglesia de Santa María se encuentra, les dije, en el centro del pueblo, es muy fácil encontrarla. Dentro de ella se encuentra el Osario, en la zona de lo que fue el Claustro.
En una de las paredes del claustro hay una pequeña puerta que esconde, sin duda alguna, uno de sus tesoros, su Osario.
Los Osarios visitables no son muy comunes en España, nada que ver con nuestro vecino Portugal donde se pueden ver espectaculares osarios como el de Campomaior o el de Évora entre otros, por ello el de Wamba toma mayor relieve como el mayor Osario visitable de nuestro país, pese a su menor tamaño. Como de costumbre y perdonen si reiterativa, un poco de historia:
La incierta antigüedad del osario custodiado por la iglesia se remonta al siglo XIII merced a la datación efectuada por el doctor Gregorio Marañón en los años cincuenta del siglo XX. Fue entonces cuando se llevó dos camiones con restos óseos a Madrid para las prácticas de los estudiantes en la Facultad de Medicina, de la cual el doctor Marañón (1887-1960) era catedrático de Endocrinología.
Restos del Claustro y Habitación donde se encuentra el Osario:
Se sabe que en Wamba estaba situada la ciudad visigoda de Gérticos, donde el rey godo Recesvinto falleció en 672 mientras descansaba en una supuesta villa de recreo y donde, como se dice que mandaba la tradición, se coronaba al siguiente monarca, en este caso Wamba, en el mismo lugar en que fallecía el anterior. Más tarde desde el siglo XIII hasta aproximadamente el XVII, los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén se instalaron en la Encomienda de León y de Castilla, que subía hasta León por encima del río Órbigo y bajaba hasta Salamanca. Se cree que fueron aquellos Caballeros los que empezaron a enterrar allí los restos de los monjes de su orden.
La tesis originaria de estos datos se basa en que el osario se concibió, a manera de relicario monumental, para depositar en él los restos mortales de los frailes templarios de toda la península Ibérica. Al parecer fue así, ya que los vecinos mayores del pueblo recuerdan que había por lo menos tres veces más calaveras que las que actualmente se conservan. Los restos empezaron a depositarse a partir de la erradicación y excomunión de esta orden de monjes. Otras versiones dicen que en la plaza de la iglesia hubo un cementerio y que al remodelar la plaza salieron los restos, los cuales fueron colocados en dicha habitación. Con su permiso algo más del famoso Osario: se halla en una de las dependencias del antiguo monasterio, arruinado tras las desamortizaciones decimonónicas. La habitación encuentra tapizada de tibias, fémures y calaveras desde el suelo hasta el arranque de la bóveda, en un mosaico cuidadosamente elaborado por la mano del hombre, en el que de forma más o menos apilada y ordenada, se guardan unas mil calaveras humanas, así como otros tipos de huesos. En este osario, r hay una inscripción, repito, que dice: “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás“. En él hay restos de adultos y de niños, como se pueden ver por el tamaño de las calaveras que allí se encuentran.
Las de Wamba son tierras de sólo “pan llevar”. Quiero decir que fue por la otra vertiente de la Ruta donde dejamos las “tierras del vino”. Si en aquéllas vimos algunas “manchas” verde oscuro alternando con el verde intenso de los majuelos, en éstas son muchas más las “benditas manchas” del monte, que otrora hicieron realidad la “historia” que usted, como yo, habrá escuchado alguna vez de “la ardilla que podía ir desde Gibraltar a los Pirineos de rama en rama sin necesidad de pisar el suelo”. Según esa fábula, España era en tiempos un vergel y hoy… Bueno, tierras éstas de pan llevar y de historia. Se sabe que en este pueblo singular se hospedó durante un tiempo Doña Urraca.
Si en el anterior tramo de la Ruta eran continuas las ondulaciones del terreno, sin ser menos por estos otros pagos, tienen una particularidad: son tan amplias y extensas, que la sucesión de valles, someros en profundidad, dan como resultado grandes vaguadas con tierras frescas y feraces. Frescura que las viene de las aguas que bajan del no muy distante pueblo de Villanubla . Las idóneas para que vean la luz en ellas hermosos trigales. Los que, según las estaciones del año inundan de tonalidades diferentes alcores, valles y vaguadas. Delicia del viajero-relator y campero. Por aquello de que no es oro todo lo que reluce, difícil la preferencia de rastrojos que, arados parecen eriales, a ver con la imaginación bosques inmensos. Montes Torozos. Prodigio de naturaleza exuberante; y caza mayor y menor abundante en ella. No obstante, con o sin monte, así es Castilla: áspera, recia y muy bella en montaneras o rastrojeras. No sería éste pueblo castellano de pro si no tuviera también alguna muestra de cariño a la Virgen.
Tiene por ello dos pequeñas ermitas. Llamada una Ermita del Cristo del Humilladero: Es un modesto edificio del siglo XVI, de planta rectangular, con tejado a cuatro vertientes y rematado en cruz de hierro. Los muros están trabajados en piedra de sillería irregular. Se accede por una puerta situada a los pies, con arco rebajado. Y la dedicada, claro, a su Madre: ermita de la Virgen de la Encina. Festividad que se celebra el 8 de septiembre. Virgen de la Encina a quien mozos y mozas (también mayores y casados) rezan con bailes -jotas castellanas- en la explanada que rodea a la ermita. Tierras de María.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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