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Una nueva matanza de cristianos

Tres foramontanos en Valladolid 09 Abr 2016 - 07:20 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 29 de marzo) (*)

Una nueva matanza de cristianos. Esta vez se produce en un país musulmán cuya personalidad está marcada por esa circunstancia religiosa. Pero sé que muchos de sus habitantes no se contentaron con tener la mayoría sino que aún pretenden la exclusiva, y la imponen de la forma más cruel y desconsiderada.

Se trata de Paquistán, donde ya nos han acostumbrado a estas burradas. Como ya saben, ahí está la desgraciada Asia Bibi, acusada de blasfemia y condenada a muerte. Quizá usted mismo haya abogado como yo por ella uniéndose a un clamor universal. Y quizá recuerden también un artículo mío titulado “El último mártir” que se refería a aquel ejemplar ministro que aun sabiendo que le matarían actuó según sus propias convicciones orgulloso de sufrir por Cristo, a quien quiso imitar incluso en esto. Y no es este de hoy el primer caso de matanzas dirigidas contra los cristianos, pues tan sólo hace tres años una turba nublada por el odio asaltó un barrio de familias creyentes y se llevó por delante ciento sesenta viviendas, mientras un ataque perpetrado con bombas dejaba un buen numero de iglesias sembradas de cadáveres. Fueron nada menos que ciento cuarenta los asesinados. Así que el caso de hoy llueve sobre mojado, con la siniestra peculiaridad de que se dirigió preferentemente contra los mas pequeños, ya que la bomba se hizo explotar en un parque por ellos frecuentado. ¿Puede alguien concebir mayor vileza que ésta?

Leo la terrible noticia esta mañana. He subido al pueblo para dejar el coche en el taller y luego he ido a misa de nueve y media en la que, naturalmente, he echado de menos una oración por nuestros hermanos masacrados; algo que a mi juicio debiera convertirse en un clamor de todos los creyentes. Como no pude evitar imaginar lo que habría con certeza sucedido no ya en Paquistán, en Nigeria o en cualquier otra parte del planeta, sino aquí mismo, en este mismo pueblo, sí nosotros mismos retrocediésemos a mis años de niño simplemente, cuando lo más probable habría sido que el párroco al que oigo decir misa hubiera sido preso para darle “un paseo” y arrojarle ya muerto a la cuneta. Y que lo mismo habría ocurrido con los demás párrocos de la comarca e incluso conmigo mismo de haber tenido entonces suficiente edad.

Y sin embargo ya nos acostumbramos a oír noticias como ésta; es decir, que ya vamos dando por cosa natural el acoso a la Fe incluso aquí en España. Precisamente esta mañana acabo de leer que en nuestras islas Baleares están detrás de suprimir la misa televisada del domingo y que para ello alegan que el programa sólo es visto por un limitado número de fieles. Pero ese número es el de los enfermos; que los fieles sanos van directamente a oír la misa al propio templo. Lo cual nos permite calibrar la categoría moral de algunos de nuestros actuales gobernantes, que con sus propios argumentos demuestran despreciar a los más necesitados de apoyo y atención. Y no olviden ustedes que para mayor vileza las autoridades baleares se permiten comparar a los enfermos o discapacitados con los lascivos seguidores de hipotéticos programas de cine pornográfico. ¿Puede alguien por ventura superar en bajeza y mala baba a esta pandilla de repugnantes mequetrefes, de zafias violadoras de lo sagrado, de chistosos de mal gusto que salen sin embargo incólumes de sus ataques de maldad? Porque aquí mismo, en las fachadas de esta misma iglesia pueblerina, yo mismo leí hace dos años “No hay mejor iglesia que la que arde”. Y tengo la impresión de que aquello que juzgábamos ya irrepetible está como volviendo al primer plano; que todo aquello es otra vez posible. Es más, que hay una decidida voluntad de retornar a los malos viejos tiempos para repetir algo que ya vivimos y por lo que en su día lucharon nuestros padres.

Quizá sea por eso por lo que sólo lamentamos lo que sucede fuera, como es el caso del Reino de Bélgica o de la República Francesa; que aquí los atentados se utilizan para otras cosas diferentes como cambiar gobiernos, por ejemplo. Y además reina de nuevo el odio a los cristianos.

PS: Compro el periódico y veo un comentario gráfico de Puebla al filo de lo ocurrido tanto en París como en Bruselas: dos españoles caminan uno junto al otro y el primero dice “ahora toca decir JE SUIS…CRISTIANO”. Y el segundo responde “Ah, no no, yo soy ateo”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1500/26109018826_6a01e1a137_o.jpg

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