Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Caos total

Tres foramontanos en Valladolid 23 Abr 2016 - 07:27 CET
Archivado en:

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 9) (*)

Y encima tengo el ordenador en estado caótico… Perdone mi improbable lector que me desahogue, pero, como decía Camba, hay años que no está uno para nada. Y conste que hasta ahora siempre fui un optimista a ultranza; siempre saqué no se sabe de dónde aquellos recursos necesarios para mirar la vida por el lado bueno. Pero he llegado a un punto en el que incluso éstos se me resisten ya; tal es el estado de confusión y de desorden de cuanto encuentro a mi alrededor.

Mi sensación general es parecida a la que se percibe en una mudanza cuando se tiene la casa patas arriba, con los muebles a medio cargar, los enseres amontonados, las cortinas descolgadas y enrolladas las alfombras. En fin, cuando estamos en un desbarajuste de trastos esparcidos por doquier. Nada está ya en su sitio, y el futuro acomodo de cada cosa sigue pendiente de llegar: realidad que bien podríamos comparar con lo que vemos ahora a nuestro alrededor; esto es, con un gobierno en funciones viendo pasar el tiempo mientras una sonora panda de energúmenos se pelean entre si por aquello de cargarse al adversario y agarrar cuanto antes el sillón que ansían. El espectáculo resulta penoso: un tipo que se permite ir a ver al Rey en mangas de camisa y se besa con otro más o menos semejante en el congreso de los diputados con el pretexto del amor fraterno, en el hemiciclo una mujer con el bebé en sus brazos como decoración del “agit-prop” y un mequetrefe con las cejas arqueadas pretendiendo enseñarnos el catón, un alcalde que recibe a las autoridades llevando pendientes en la oreja como cualquier “colegui”, otro que tal baila y que se mofa de los muertos en sus casposos “tuits”, una caterva de palmeros apoyando a una aspirante a pirómana que enseña sus turgentes senos en una capilla sólo por exhibir su odio a los cristianos, y una concejala de cultura in pectore exhibiéndose en plena vía pública despatarrada y orinando.

Ignorantes ciudadanos que de nada tienen la menor idea y que no saben qué hacer con el poder; gente impresentable que nos avergonzaría ver en cualquier lugar serio y razonable. Y, pisando ya moqueta, matones envalentonados por haber salido indemnes de la quema de contenedores y los amigos de los asesinos que buscan segundas lecturas de una historia trágica que causó más de ochocientas muertes. ¿Les extraña ustedes el símil que les puse?

Se trata de una chusma que no se puede presentar a las visitas y que es amiga de los subcultura de los ocupas con ka, como es el caso de alguna alcaldesa a la que todo esto la parece bueno y saludable. Tan bueno como la costumbre de colocar a la familia con un sueldo inalcanzable para la mayoría de los españoles. Y aún esto no es todo, porque lo que en otros tiempos era el “seny” está hoy representado por una extraña mezcla de matones y de señoritos de los del tres por ciento que no saben por donde salir y se pelean entre ellos, unidos sólo por la intención de romper una realidad histórica de muchos siglos y dejar sin su patria a varios millones de españoles. Todo ello aderezado con mentiras burdas en las que se inventan unas cosas tan chuscas que mueven a la risa pero también al llanto.

Lo peor de este confuso panorama es que lo tomamos ya como algo natural cuando tan sólo hace unos años nos habríamos considerado inmunes como ciudadanos europeos que éramos y como supervivientes de una amenaza felizmente superada que culminó con los sucesores de los ideólogos comunistas dándose golpes de pecho por el fracaso de sus teorías “regeneradoras” y por el dolor causado a sus conciudadanos y también a medio mundo.

Y aún encontramos otros trastos incómodos en nuestro panorama actual: ahí tienen ustedes a esos tipos que degüellan a sus prójimos delante de las cámaras de la televisión y que han improvisado hasta un estado propio. Pero en este caso no se preocupen, que uno de nuestros más eximios líderes políticos ya se propuso suprimir el ministerio de Defensa.

Mas no crean que en Europa encontraremos un panorama precisamente grato con el terror ganando sus calles y con los británicos planteándose el abandono de lo que hasta hace poco fuera una aventura fascinante que convertiría al continente en un modelo de éxito. Además veremos a millones de ciudadanos embobados con unos casposos “renovadores” amigos del retorno a las viejas y desacreditadas teorías o a los impresentables “frentes populares” de sangriento recuerdo en nuestros pagos. O sea que hemos pasado de la euforia de una “Sociedad del Bienestar”, de una Europa modélica y de una España en fulgurante ascenso, a una atonía general y un despiste generalizado amén de a un pesimismo cultivado por algunos para obtener réditos políticos con el resultado de un desplome del nivel alcanzado por una sociedad antes ilusionada. “Más dura será la caída” podríamos haber dicho entonces al ver cómo se disparaban las expectativas, pero tampoco era cuestión de lamentarse antes de tiempo.

“Prohibida la esperanza” parecen decirnos ahora los irresponsables que nos ofrecen sus servicios y quienes con ellos se enredan buscando un buen asiento de sus nalgas mientras nos tragamos cuanto nos dicen las pantallas de los móviles y de las televisiones: esas que tanto nos informan de los niños hambrientos que deambulan por las calles españolas como del problema de la creciente obesidad infantil o de las sutilezas de la nueva cocina. Naturalmente, con los supermercados, los restaurantes, los cines – y no digamos las agencias de viaje – a tope.

No es de extrañar por tanto que los españoles se vayan lejos de aquí como mis hijos se fueron en su día: a jugarse la vida con el riesgo de que, al volver animados por las buenas noticias que de nosotros mismos dan todos los otros países europeos, se encuentren con que nuestros gobernantes revocaron cuanto hicieron quienes nos salvaron de la quiebra, pasando así a integrar de nuevo las listas del paro o a trabajar en las actividades más humildes para sacarse cuatro perras.

Y encima tengo el ordenador en estado caótico. Claro que mientras aguante la salud…

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1509/25842619453_6a54851b6b_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by