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El Rezongón. El porqué de los ídolos

Tres foramontanos en Valladolid 06 May 2016 - 07:26 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Xiao Hui en Facebook ) (*)

Los motivos del cómo y por qué obramos de modo distinto cada día – es decir, nuestro “caso”- le decía hoy a un verdadero amigo, que no se lo iba a enumerar. Sin embargo a “todos” ustedes (¿o será impropio aquí el plural…?), no voy a seguir esta norma. Y no porque como todos hemos sufrido mucho, no por ello, digo, debo dejar de contarles “mi caso”, sino porque puesto el título, he de contestar al interrogante que creo de interés.

¿Ídolos…? Cuántos y desde cuándo… Dejen, por favor, correr la imaginación a tiempos tan remotos como los del homo sapiens o al erectus antes, si es que de verdad ese tiempo y esos “homos” existieron. Otra vez y por favor, piensen conmigo: según parece desde siempre tuvo el hombre penuria de ver, admirar o adorar a un ser superior a las muchas limitaciones de los racionales. Al no conocer otra deidad o ser superior, por no sé –o sí- qué extraña necesidad, se lo inventaron. Tuvieron mucho donde elegir. Seguramente no tanto como nosotros ahora. Aunque muchas parezca que es sólo cuanto abarca la circunferencia trazada con el dedo pulgar colocado como centro en el ombligo. La ciencia, que ésta sí evoluciona superándose cada día con novedades portentosas, nos ofrece muchos más ídolos que a nuestros más remotos antepasados. Pero vayamos por orden.

Como aquéllos (los homos) tenían tantas carencias, se asombraban de las que en todo o en parte satisfacían sus muchas miserias. Seguramente fue ídolo primero el sol, porque les daba la luz y calor que ellos -y nosotros-necesitamos. Y adoraron al dios sol que se lo proporcionaba.

Cuando vinieron épocas o edades del hielo o glaciares, puede que, casualmente, descubrieran el fuego con el que necesitaban contrarrestar al menos el frío intenso. Y adoraron al dios fuego con el que sobrevivieron.

Cuando les llegó por razón de ser lo que eran (racionales) entendieron que, bien por el exceso de calor o de frío, necesitaban abrigarse unas veces y aliviar los calores otras, para lo primero les fue imprescindible el agua fresca de ríos, fuentes y mares. Y encontraron en ellas el remedio. Adoraron, pues, al agua que se lo proporcionaba. Para lo segundo y sin querer ni poder estar siempre al amor de la lumbre, hubieron de recurrir a las de los irracionales con mayor abrigo de sus pieles; las que ellos no tenían.

Cuando vieron la procedencia por los volcanes de un fuego y calor jamás conocido, adoraron primero al oso, tigre, leopardo…que, cazado, se lo proporcionaba. Y a la montaña luego, que vomitaba fuego como el dios insuperable del calor por el pavoroso que salía a borbotones de las tenebrosas profundidades. Adoraron, pues, al dios-volcán de las alturas.

Como el más fuerte era quien conseguía más y mejores “trofeos”, adoraron al dios-hombre de más y mejores cualidades y fortaleza.

Junto con los dioses más diversos, pasaron tiempos y civilizaciones con más y mayor ciencia. No pasó la necesidad de más y más dioses. Al no conocer otros se los siguieron inventado. Sin dejar nunca de tenerlos alusivos a lo que ellos no alcanzaban y lo deseaban: algo o alguien superior a lo simplemente humano. Dioses y más dioses según razas, pueblos y lugares de asentamiento.

Dejada atrás la prehistoria y comenzada la historia, los dioses se multiplicaron. Sin que ninguno abarcase del todo necesidades o caprichos. Tanto adoraron al dios de la guerra como al del viento, del amor o de lo desconocido…

Pero fue cuando aconteció el suceso más asombro que conocieron los siglos, cuando uno tras otro cayeron los dioses. Y el único que abarcaba todo cuanto el hombre puede necesitar -él anunciado siglos atrás por un pequeño pueblo elegido- fue cuando vino ese Dios desconocido. El que como para casi todo el mundo pasó inadvertido. Fue entonces cuando los más sabios de los homos barruntaron la falsedad de los de sus antepasados. Ante la grandiosidad del misterio, preguntaron a unos y otros con insistencia: ¿Es que no sois vosotros aguas de fuentes, ríos y mares dios? En lo más profundo del lugar donde residía su sabiduría y ciencia, oían si ruido de palabras nítida la contestación: No; nosotros no somos dios. Preguntaron a montes volcanes y demás deidades tenidas por dioses durante siglos: ¿Acasono sois vosotros dios? Sin sonido exterior alguno supieron, silenciosa en su interior, la respuesta: No; tampoco nosotros somos dios.

Cuando Éste nació de mujer, las gentes siguieron inventando y buscando dioses. Y el dios desconocido, estaba entre ellos en pueblo y lugar tan remoto como ignorado por insignificancia dentro del más grande de los imperios. El que tuvo Roma por capital.

Fue entonces cuando no el homo sapiens, sino el homo “humilis” conocieron y supieron de la llegada de la plenitud de los tiempos con la venida del Dios verdadero. El que, nacido de mujer, dio contestación al interrogante de sabios, filósofos y científicos de todos los lugares y tiempos. Y de los que corrientes y molientes alguna vez no hemos extasiado al contemplar montes, ríos, valles, páramos, volcanes… montañas y mares. Y los hemos amado.

Lugares todos ellos de belleza tan singular y a la vez diferente, que como el Rezongón podríamos habernos preguntado. ¿Sois acaso vosotros Dios…? Con la Fe recibida y la razón estudiada, el Rezongón con ustedes, habremos escuchado la respuesta en lo más hondo de cada uno: No; sin ser dioses, nosotros sí “somos ¡hechura de Dios!”.

Si en otras creencias o religiones, buscan la paz interior, el relajamiento, la comprensión y sosiego con Sakia Muni (Buda, Brahma Shiva y Vishnu) como los “yoguis”, hoy tan de moda, u otros inventos, todo lo hemos encontrado nosotros en ese portento que son las aguas y quienes las habitan; en el espacio infinito cuajado de soles, lunas y estrellas y de cuantos seres vivos lo comparten. La naturaleza, en fin, toda que, hechura de Dios, bendice de continuo –himno de “los tres jóvenes”- a quien lo creó con todo lo mucho y bello que hay en ella.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1616/26547270345_c89993d4c6_b.jpg

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