“Ciudadanos y la Ley de Violencia de Género”, de Santiago Navajas, y “Diaconisas en la sociedad moderna”, de Ignacio Aréchaga

( Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 19 de mayo) (*)
CIUDADANOS Y LA LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO
Artículo de Santiago Navajas publicado en Vozpopuli.com el pasado día 16 de mayo
Ciudadanos era el único partido, entre los que tenían una alta probabilidad de representación parlamentaria, que proponía una reforma de la denominada “Ley de Violencia de Género” para eliminar la asimetría penal consistente en que cuando es el hombre el que maltrata a su pareja femenina recibe más castigo que si es al revés, o si la pareja es masculina o ambas son mujeres. Para las próximas elecciones, desde el partido liderado por Albert Rivera, que se define como liberal-social, se ha anunciado que harán una reforma de su propuesta originaria. No está claro si será sólo retórica, modificando la manera de expresarlo de forma que sean más difíciles las manipulaciones torticeras, o se sumarán al consenso mayoritario entre los partidos políticos para mantener la discriminación penal contra los hombres, “justificada” en las estadísticas y… la teoría feminista “de género”, según la cual vivimos en una “sociedad patriarcal”, “heteronormativa” y machista, lo que haría necesario un contrapeso penal para ir más allá de la mera igualdad formal y conseguir una igualdad “real”.
A dicha igualdad sólo se accedería, según dicho feminismo radical, a través de la discriminación legal, que implica más castigo para los hombres así como que pasen a ser presuntamente culpables por el mero hecho de ser hombres, de pertenecer al culpable “género” masculino. Subyace al feminismo “de género” el dogma ingenuo de la empirista “tabla rasa”, según la cual no tenemos “esencia” sino sólo “existencia”, y el postulado marxista de la conciencia “de clase” (transmutada en “de género”) en relación antagónica y maniquea con el resto de clases.
Como suele suceder cuando alguien se sale de la norma, Ciudadanos fue muy criticado por el resto de partidos. Al redil de la doctrina de género ya se había incorporado el PP, que tras criticarla estando en la oposición, pasó a defenderla desde el Gobierno. “Hay que aplicar la ley con toda la firmeza. Lo que no podemos es estar debatiendo mientras matan a mujeres personas con antecedentes“, “Ciudadanos desconoce que la violencia sí tiene género” o “Quiere acabar con las penas específicas por violencia machista” fueron algunas de las andanadas dirigidas contra Ciudadanos por parte del resto de partidos. Es decir, se negaba la posibilidad del debate, sustituyendo la razón crítica por la fe ciega; se confundía torticeramente un hecho con una interpretación; y, finalmente, subrepticiamente se acusaba a los críticos de “machistas”. Para un político resulta casi imposible la tentación de sustituir un razonamiento por una falacia, un argumento por un sofisma.
La persecución del lobby del feminismo “de género” es tan fuerte que en su momento la directora del Instituto de la Mujer de Andalucía presionó a la editorial Tecnos para que se retirara el prólogo a su manual de Derecho Penal, que había escrito el catedrático Enrique Gimbernat. Según las apreciaciones de la señora Ana Soledad Ruiz Seguín, Gimbernat había proferido unos juicios de valor que iban “más allá del derecho a la libertad de expresión, pues vulneran el principio constitucional de igualdad entre hombres y mujeres, y suponen un grave atentado contra la dignidad humana”. Es decir, una feminista “de género”, erigida en “poder establecido”, se considera legitimada para amenazar con denuncias y tratar de censurar a quien no está de acuerdo con su opinión. Lo paradójico es que una de las afirmaciones de Gimbernat que más había escocido a la directora del Instituto andaluz de la Mujer era que el catedrático identificaba el feminismo con el nacionalcatolicismo. Aunque, como le aclaró Gimbernat, ni siquiera durante el franquismo los falangistas, o la directora de su Sección Femenina, se habían atrevido a tratar de censurar alguna de las críticas que éste había hecho a sucesivas reformas penales.
Por muy loables que sean los deseos que inspiran la formulación de una ley, si esta no se atiene a los principios racionales, los resultados suelen ser desastrosos, tanto por los deseos insatisfechos como por los principios vulnerados. Winston Churchill se lo explicó en un aforismo genial a Neville Chamberlain a propósito de las negociaciones del primer ministro laborista con Adolf Hitler: «Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra”.
El lobby del feminismo “de género”, a diferencia del feminismo liberal, mantiene una visión colectivista de los seres humanos y una concepción de las relaciones entre hombres y mujeres de lucha de “géneros” y de suma cero. Los partidarios de la ley se arrogan la preocupación por las mujeres mientras que los contrarios a ella lo harían por machismo implícito. Las ciencias sociales, sobre todo la antropología y la sociología, están en trance de dejar de ser ciencias para convertirse en organizaciones de activismo social. El activismo sacrifica la verdad y la validez, los dos valores fundamentales en el ámbito científico, por valores políticos. Según Miguel Lorente, ex comisario político de la Ley de Violencia de Género, los que criticamos la ley podemos contribuir a que haya más víctimas porque los hombres violentos que están pensando en llevar a cabo una agresión contra su mujer (de las mujeres violentas y de los hombres que ejercen la violencia contra otros hombres se olvida) se sentirán reforzados al ver criticada la Ley de violencia de género. Pero no creo que se sintieran tan reforzados cuando, como era el caso de la propuesta primigenia de Ciudadanos, se pida un aumento de las penas y un agravante en el caso de que se demuestre la intencionalidad machista. Se pueden conseguir resultados mucho más efectivos en la lucha contra la violencia sin tener por ello que vulnerar los principios de la justicia.
Como en el caso del nacionalismo, el feminismo “de género” es una ideología basada en el resentimiento hacia los que no forman parte de su colectivo, el sentimentalismo como reacción primaria ante los problemas y un talante inquisitorial ante los que no participan de sus dogmas. Tanto en un caso como en otro, Ciudadanos emergió como un partido que, a diferencia del PP y del PSOE, no había vendido su alma ilustrada bajo el hechizo de los cantos de sirena electoralistas, el “buen rollismo” mediático y la difuminación postmoderna de los principios. Ante la próxima publicación de su programa electoral remozado esperemos que aún quepa el derecho a la esperanza para que en España haya medidas contra la violencia doméstica en todos sus ámbitos y dimensiones, de manera que se reduzcan las muertes y maltratos sin que por ello haya que anular la presunción de inocencia, el principio de igualdad y el de responsabilidad personal.
Artículo en: http://vozpopuli.com/blogs/7268-santiago-navajas-ciudadanos-y-la-ley-de-violencia-de-genero
DIACONISAS EN LA SOCIEDAD MODERNA
Artículo de Ignacio Aréchaga publicado en Aceprensa el pasado día 17 de mayo
La contestación del Papa a una pregunta sobre la posibilidad de que las mujeres sean diaconisas ha vuelto a poner en marcha un proceso ya repetido en este pontificado. Ante una propuesta, el Papa deja abierta la posibilidad de estudiar un cambio en un terreno que conecta con la sensibilidad actual. Los titulares periodísticos transforman el estudio en decisión y dan por hecho que el Papa quiere el cambio. Los reportajes del día siguiente van más allá y vaticinan que es el primer paso para el sacerdocio femenino. La Oficina de Prensa del Vaticano tiene que achicar agua y Lombardi aclara que “el Papa no ha dicho que pretende introducir la ordenación diaconal de las mujeres”. Los que creen que el Papa Francisco comparte sus ideas para el cambio en la Iglesia, aseguran que el reformismo del Papa es frenado por los conservadores que ponen palos entre las ruedas.
Un poco más de calma y memoria ayudaría a situar la cuestión en su contexto. El Papa ha dicho en una respuesta informal que puede ser bueno que una comisión de estudio clarifique si en la Iglesia actual es posible que haya mujeres que realicen las tareas que en la Iglesia primitiva estaban a cargo de las que en algunos documentos se mencionan como diaconisas.
Sin prejuzgar lo que pueda decir tal comisión, no está de más recordar que ya el conservador Ratzinger, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no tuvo inconveniente en encargar a la Comisión Teológica Internacional un estudio sobre la evolución del diaconado, en el que entre otras cosas se trataba del ministerio de las diaconisas.
Sin pretender dar una conclusión definitiva, el estudio afirmaba que las “antiguas diaconisas” no eran asimilables a los diáconos de hoy, y que el diaconado actual forma parte del sacramento del Orden, que solo pueden recibirlo válidamente los varones.
Como el Papa ha reafirmado en más de una ocasión que la Iglesia no admite el sacerdocio femenino, los titulares de estos días decían que las diaconisas podrían celebrar bautismos y matrimonios, sacramentos para los que no se requiere ser sacerdote. Pero ¿realmente la Iglesia necesita diaconisas para estas tareas? No da la impresión de que haya niños que no puedan ser bautizados por falta de sacerdotes ni matrimonios que aguarden impacientes a encontrar a un cura para que los case. De todos modos, en caso de necesidad cualquier fiel puede bautizar y, donde no haya sacerdotes ni diáconos, el obispo puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios (Código de Derecho Canónico, c. 1112).
Así que la idea de las diaconisas no parece exigida por necesidades de la Iglesia, sino más bien por el deseo de realzar el papel de la mujer en la Iglesia. Pero aquí también habría que distinguir entre revalorizar y clericalizar. Por una parte, no hay que olvidar que la idea de las diaconisas se suscita en una reunión del Papa con las superioras religiosas, y quien hace la pregunta lo plantea como una extensión de las tareas que ya realizan las religiosas. Pero la inmensa mayoría de las mujeres en la Iglesia son laicas, que tienen otras ocupaciones y situaciones de vida. Hoy día, más que mujeres que bauticen, necesitamos madres dispuestas a tener los hijos que han de ser bautizados. Y más que diaconisas que casen, se echan en falta mujeres y hombres bien preparados para casarse.
Nada es más ajeno al pensamiento de Francisco que la idea de que el único modo de hacer algo importante en la Iglesia es ser clérigo. Ya en otra ocasión, a propósito del nombramiento de mujeres cardenales, explicó: “Las mujeres en la Iglesia deben ser valoradas, no clericalizadas”.
Revalorizar el papel de la mujer en la Iglesia no exige darle más espacio en el altar, sino valorar más y contar con su opinión en importantes espacios que ya ocupan y que en muchos casos dirigen. Dentro de la Iglesia, a menudo son mujeres la que se ocupan de transmitir la fe a los niños, las que organizan las actividades caritativas, las que hacen posible que marche una parroquia, las que mantienen vivas las devociones populares y tantas otras cosas en las que la aportación de la mujer es insustituible. Esto ocurría ya en las comunidades de los primeros cristianos, como lo reflejan los Hechos de los Apóstoles y las cartas de San Pablo.
Pero, sobre todo, si algo necesita la Iglesia en este momento es el testimonio y la acción de la mujer católica para esa “Iglesia en salida” que predica el Papa Francisco. Hace falta su influencia en la enseñanza, en el mundo de la moda, en la comunicación, en el arte, en la política, en la humanización de las prácticas empresariales, en la conciliación entre trabajo y familia, en las relaciones entre hombre y mujer, y en tantos otros ámbitos donde la mujer puede llevar esa visión más elevada que aporta la fe y la sensibilidad femenina.
Ver artículo completo en: https://blogs.aceprensa.com/elsonar/diaconisas-en-la-sociedad-moderna/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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