Por José María Arévalo

( Soy un pez. Ilustración de Jose Ramon Sanchez. 621×311) (*)
Seguimos con exposiciones de ilustradores que continúan en las salas vallisoletanas desde la de la Casa Revilla “Ilustradores vallisoletanos, entre la creación y el oficio”, que abrió este ciclo, y que responde a una larga tradición, que empezó con el nacimiento en nuestra ciudad de “El guerrero del antifaz” y “El capitán Trueno”- Ahora es el Patio Herreriano quien ofrece “Cambio de luces. Ilustración española de los setenta”, un recorrido por la obra de once ilustradores de la generación de los setenta, con 114 trabajos que reflejan cómo estos ilustradores devolvieron la modernidad a este género, y marcaron el gusto estético actual en la materia.
“Fue – explicaba el comisario de la exposición, Felipe Hernández Cava, en la inauguración- la primera generación que trató de organizarse y de luchar para que los derechos de los dibujantes tuvieran un reconocimiento del que carecían”. Crearon una asociación y reivindicaron sus derechos, entre ellos “defendíamos que se pusiera nuestro nombre en la cubierta de los libros, algo impensable en ese momento”, y que cobrasen derechos de autor en futuras reediciones y ventas a segundos países, explicaba también el ilustrador Miguel Ángel Pacheco.
La muestra ha sido organizada por el Museo ABC, y viene a Valladolid como segunda estancia, con originales de José Ramón Sánchez, Fina Rifà, Pilarín Bayés, Asun Balzola, Manuel Boix, Miguel Calatayud, Luis de Horna, Miguel Ángel Pacheco, Karin Schubert, Carme Solé Vendrell y Ulises Wensell. Puede verse en la La sala 1 del Museo Patio Herreriano hasta el 16 de septiembre.
Para Hernández Cava, es más «que una exposición de dibujos para niños», por cuanto es la expresión de una generación que defendió su «trabajo siendo el mejor artesano posible», por cómo habla de su cercanía «al arte pop y su renovación», por el empeño en «cambiar la sensibilidad de los lectores, la importancia educativa de su trabajo» y por el resultado, «la transformación del gusto estético popular de un país». Sus dibujos no fueron sólo para niños. Hasta ese momento, las ilustraciones eran una reproducción gráfica del texto de los libros, mientras que entonces los ilustradores comenzaron a introducir nuevos elementos con los que “el adulto podía crear una lectura distinta, porque mediante la ilustración podíamos crear cosas que no estaban en el texto”, asegura Miguel Calatayud. Estos artistas fueron los primeros en cruzar la frontera y en tener referentes internacionales.
En la inauguración estuvo también presente el artista salmantino Luis de Horna, el único dibujante castellano y leonés de la selección, para el que «el ilustrador debe ser una artista y una persona honesta». Su cometido, «realizar imágenes que complementen el texto, lo que es una contradicción ya que es solo la interpretación que un lector hace del texto, condicionando así la imaginación del destinatario, del lector. Por eso digo que la mejor ilustración es la que no se hace porque de alguna manera la ilustración frustra la imaginación de los niños. Por otro lado, tienen la capacidad de educar el gusto de los niños, mostrarles s nuevas formas, técnicas y autores que cuentan otras cosas».
( Ilustración de Luis de Horna, el único dibujante castellano y leonés de la exposición) (*)
El propio contexto histórico en el que vivía España es el desencadenante para que surja esta generación de ilustradores, comprometidos política y socialmente con un trabajo en el que aplicaban una gran destreza técnica. En ese momento también se vive en el mundo del arte una gran apogeo del arte pop, a pesar de que se había iniciado en los años 50. “Algunos de estos artistas se alinean con la estética pop, y otros no tanto pero sí que participan de ese espíritu de renovación”, explica Hernández Cava.
Fue un grupo que no era homogéneo y al que tampoco podemos referirnos como una escuela, “yo creo que la grandeza estaba en la calidad que tenía cada uno, y en otro factor que no había descubierto hasta hoy: la diversidad”, explica José Ramón Sánchez, el más veterano de los dibujantes.
Once artistas que revolucionaron con lápiz, gouache y acuarela el dibujo en aquellos momentos. Un acierto recordar ahora su aportación.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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