Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 26 de junio) (*)
Querido amigo y compañero: Como ves, mi general, me he permitido llamarte de tú y no desde el anonimato. Por si éste mi escrito llegases a conocerlo algún día, me presentaré como mandan nuestros cánones: con el nombre y apellido dicho, soy Coronel de Infantería. Retirado, aunque no como tú. Tu retiro, mi general, fue voluntario por razones, dices, de ética; valor sin el que nuestra vocación de servir a la Patria sería de todo punto imposible. Ética y moral que, mamadas primero en nuestras casas, entendimos y practicamos con mejor o peor aprovechamiento en nuestras Academias respectivas: la de San Javier de Aviación en tu caso, y la Academia General Militar de Zaragoza primero y de Infantería en Toledo luego en el mío.
Según has manifestado en los “medios”, pediste el retiro voluntario, porque querías “cambio político”. Supongo que convencido y sin ánimo de ofender, añadiste públicamente, que “si más de la mitad de los españoles no lo quieren, es que no tienen ética y esto comienza ser peligroso”. Créeme, querido amigo y compañero, que en principio me sentí ofendido. Mas cuando vi quién te acompañaba al tiempo de expresar tu iluminada frase, pensé que era una broma; pesada y de mal gusto, pero que con la libertad de expresión sin límites que hoy impera, era eso y “sólo eso”: una broma.
Perdona, mi General, y antes de que se me olvide, que vuelva a lo del Retiro. En el no va más de nuestra carrera, llegaste al culmen de ella -es de suponer que por méritos propios… – como JEMAD de los Ejércitos. Los motivos, que por supuesto fuiste muy libre de tomar, fueron para así poder afiliarte a un partido político donde, según el criterio manifestado, la ética presidiría su ideario. Los míos, motivos no solicitados, sino impuestos a los 49 años de edad, fueron debidos al serme concedido el honroso título de Mutilado Absoluto por la Patria en Acto de Servicio. Era por entonces ni por asomo JEMAD, pero sí Gobernador Militar de Palencia. Dicha la notable diferencia y con un tanto, creo, a mi favor, continúo:
Pues qué bien ¿verdad mi General? Siguiendo éstas nobles premisas de la ética y moral inseparables, comenzó tu nueva andadura. En búsqueda legítima del honor de Diputado en el Congreso español, recibiste el disgusto morrocotudo (y perdona, mi General la expresión) de unas calabazas descomunales en Zaragoza. Tu sillón, mi General en el Congreso – desde mi punto de vista siempre de menor categoría que el del JEMAD, lo ocupó un correligionario tuyo o quedó desoladoramente vacío. Correligionario, mi General, de hombres honrados ¿verdad…? ¡Es que este Calderón de la Barca tiene unas cosas…!
Pero como reza el lema de la Academia de suboficiales de talar: “a España servir hasta morir”, lo hiciste, ejemplarmente propio y te volviste a presentar en segunda ronda de votaciones esta vez por Almería y como número uno de la lista.
Injusticias que tiene la vida, mi General, porque tampoco se te concedió el sillón ansiado. Y no sólo eso, mi General, sino que el partido de la Ética y Moral, que, naturalmente es el tuyo, sufrió el más estrepitoso de los fracasos. De veras que lo sentí por ti, mi General y por lo mal que quedaron tus valores éticos y morales que abanderaban tus correligionarios de partido. Si ya lo decía yo…: ¡que te equivocas, mi General…!, ¡que te equivocas! Mas como reza la sabiduría popular: “Tú lo quisiste fraile mostén, tú lo quisiste, tú te lo ten”.
Antes de finalizar, y con tu permiso, mi General, quisiera añadir unas consideraciones sin importancia… Tanto en mi familia como en la de otros muchos de tus compañeros, por ética y moral, muchos de ellos padres, tíos, hermanos nuestros, entregaron lo mejor que tenían: la vida, en defensa de esos valores que tan afanosamente buscabas -ejemplar- con el “cambio”. ¿Y sabes, mi General, quiénes fueron los que los hicieron mártires? Increíble, pero cierto: ¡¡los mismos que como éstos eran depositarios de la ética y moral por las que tú suspiras!!… Ironías de la vida ¿verdad? Termino el atrevimiento de este viejo coronel “del que no te llega ni la humedad en el escalafón” (me entiendes), copio y pego lo que la RAE define sobre los valores en cuestión:
Del lat. ethĭcus, y este del gr. ἠθικός ēthikós; la forma f., del lat. tardío ethĭca, y este del gr.ἠθική ēthikḗ.
1. adj. Perteneciente o relativo a la ética.
2. m. Persona que estudia o enseña moral.
3. f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva.
4. f. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus
Valores.
¿De qué ética nos hablas, mi General? Es que, perdona mi torpeza, la que tú defiendes en ese partido, no la veo por ningún lado. ¡Y mira que la he buscado! ¿No te habrás confundido de puerta?
En fin, mi General, que como rectificar es de sabios y de tonto (con perdón otra vez) no tienes ni un pelo ni aun en la barba, me permito aconsejarte que públicamente reconozcas tu error y pidiendo por ello disculpas, puedas retornar al trato con tus amigos y compañeros de esta gran Familia a la que has dejado confundida, perpleja y un tanto humillada. Olvídate, si puedes y quieres, del apodo con que te distinguían tus compañeros en San Javier. Y recuperada la ética y la moral, para lo que aún estás a tiempo, vuelve, mi general –te lo ruego- al redil. A tus órdenes, rectifiques o no, como mandan nuestros inmutables principios. Queda por tanto a tus órdenes tu Coronel.
Carlos de Bustamante.
P.D.: porque me autodenomino el Rezongón debo y quiero añadir la coletilla (¡ojo no se confunda!) acostumbrada. Y que conste que no pretendo aconsejar; yo… ¡digo nada más!
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/8/7738/28077123105_4167ea8ae4_b.jpg
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