Por Carlos de Bustamante

( Surcos en verano. Acuarela de J.M Arévalo. 34×46 ) (*)
Mas “los tiempos adelantan que es una barbaridad”; y de armarse un tremendo revuelo al descubrirse en mi Unidad una mujer soldado, hemos pasado a la modernidad, opinable, de admitir igualmente hombres o mujeres en el Ejército de tierra, mar, o aire.
“Naturalmente”, insisto, fue preciso modificar dormitorios y aseos para preservar la intimidad, de unas y otros. Desaparecieron las naves dormitorios con camas o literas, y rápidamente fue preciso instalar (construir) camaretas para varias inquilinas. Para no discriminar, lo mismo camaretas para varios de ellos. Unas y otras camaretas con los correspondientes servicios de duchas y aseos; imprescindibles, para la imprescindible y referida intimidad.
Sin disentir, pues, ni discriminar. ¿Y ya está…? ¡Pues no!
Surge como por encanto, es decir encantada quien impuso varios artículos de las RR.OO. , que rezan así:
CAPÍTULO II. GÉNERO. RELACIÓN CON LOS SUBORDINADOS.
Nº 73.-Convivencia en su unidad.
“Velará por la convivencia entre todos sus subordinados sin discriminación alguna por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género-“gender…-”, orientación sexual, (es de suponer que declarada u oculta), religión o convicciones, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, fomentando la convivencia, el compañerismo y la integración intercultural”.
Artículo 25. Formación: “Mantendrá una sólida formación moral(¿), intelectual, humanística y técnica, un elevado conocimiento de su profesión y una adecuada preparación física, que le capaciten para contribuir a la eficacia de las Fuerzas Armadas y faciliten su adaptación a la evolución propia de la sociedad y del entorno internacional , así como a la innovación en medios y procedimientos”.
Definidos ambos conceptos y referida la adaptación de dormitorios y servicios como corresponden a la diversidad interna y externa de soldados en las modernas Fas por la condición de hombres y mujeres voluntarios en la igualdad de servir a España, le toca el turno resolver la disensión sin discriminación ante la adaptación referida.
Bien por capricho del big-bang, por la evolución, la casualidad o la Creación, según lo que libremente piense y crea cada uno, hay algo que es común sin remedio a todos los supuestos dichos y por decir: que en todas las especies animales y vegetales que existen en nuestro planeta azul, hay machos y hembras. No sé si es correcto decir de los animales y vegetales que en la diversidad de funciones y caracteres tienen los mismos derechos. Sí que debiera de serlo -aunque en ciertos menesteres tenga alguna duda- en la especie humana sean hombres o mujeres. Pero en lo que no hay “tío páseme usted el río”, es en que hombres y mujeres son macho o hembra con vistas a la ineludible función de procrear y, como en los vegetales, subsistir especies y razas sin peligro de extinción.
Sabiduría sorprendente que big-bang, evolución, casualidad o creación impusiera unas reglas para, a pesar de muchos pesares, a veces, en los humanos y no pocas dificultades en los vegetales la procreación fuera posible. Reglas que en la especie humana son de mutua atracción: lo masculino por lo femenino y viceversa. Y la maravilla de las maravillas con la polinización que se realiza de formas y modos diferentes. Polinización que, como bien sabemos, es el proceso de transferencia del polen desde los estambres hasta el estigma o parte receptiva de las flores en las angiospermas, donde germina y fecunda los óvulos de la flor, haciendo posible la producción de semillas y frutos. En todas sus formas de manera sencillamente asombrosa. Ver para creer. Impresionante. Labor de las abejas unas veces que, al posarse de flor en flor para libar el néctar, depositan el polen “masculino” adherido a las patas, en las angiospermas u óvulos femeninos. Y en el mismo instante, formación embrionaria, como en los humanos, del fruto.
Mayor asombro, si cabe, la fecundación de las mieses: cuando la brisa ondula los campos ya espigados, diminutas partículas de polen se desprenden de los estambres de espigas, para, invisibles en el susurro, depositarse en los estigmas de flores también diminutas, que contienen los óvulos donde se forma el prodigio del grano. Hecho el discurso de cuanto sucede en la naturaleza, volvemos a la necesaria transformación de naves en camaretas tanto para futuros mandos como para la tropa de soldados profesionales voluntarios. Sin perder el punto de vista sólo natural, será en el próximo, si Dios es servido. Como habrán podido leer, dejo constancia de que no pretendo aconsejar; el Rezongón… dice nada más.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/8/7619/27442056083_323cf7ddeb_b.jpg
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