Por José María Arévalo

( Llanto sobre Cristo muerto. Tabla atribuida a Alonso Berruguete, adquirida para el Museo Nacional de Escultura. 27×37) (*)
Este verano el Museo Nacional de Escultura se ha marcado un tanto importante. Dice la web Hoyesarte de la nueva exposición ‘Últimos fuegos góticos. Escultura alemana del Bode Museum de Berlín’, con obras de Erasmus Grasser, Tilman Riemenschneider, Hans Thoman y Hans Leinberger, entre otros, procedentes de la Gemäldegalerie berlinesa, que al tratarse de obras frágiles, este tipo de colecciones apenas salen de sus museos, dadas las exigencias en materia de conservación que implica su traslado, y que “su presentación ofrece una ocasión sin precedentes”. Como puede verse hasta el 6 de noviembre, ya la comentaremos despacio. Ahora apuntamos el éxito del museo vallisoletano, fruto de la colaboración entre éste y el berlinés para exhibir medio centenar de piezas de la edad de oro de la imaginería alemana en los siglos XV y XVI.
El Museo Nacional de Escultura ha cedido, a cambio, al alemán, seis piezas que habitualmente se exponen en Valladolid y un paso de Semana Santa, para la exhibición en éste, hasta finales de octubre, junto a otras obras de arte nacionales en una muestra que se titula ‘El siglo de Oro. La era Velázquez’. Son nada menos que el ‘Cristo Yacente’, el paso ‘Camino del Calvario’ y ‘Santa Teresa de Jesús’, de Gregorio Fernández; ‘San Nicolás de Tolentino’, de Juan de Mesa; ‘Virgen de la Soledad’, de José de Mora, y ‘Ecce Homo’, de Pedro de Mena. Así que un éxito la exposición en el Palacio de Villena, frente al Museo Nacional, y otro éxito dar a conocer en Berlín nuestro museo, en un año en que se celebran eventos centrados en el arte español en Alemania, como las dos grandes retrospectivas dedicadas a los pintores Joaquín Sorolla, en la Kunsthalle de Múnich, y a Zurbarán, en el Museum Kunstpalast de Düsseldorf.
“La muestra berlinesa viajará después del 30 de octubre a la Kunsthalle de Múnich y permanecerá hasta diciembre. Las piezas estarán de vuelta antes de la Semana Santa de 2017, un requisito imprescindible para la salida de pasos tan sensibles y con tanta carga histórica y emocional como el ‘Camino del Calvario’, que procesiona por las calles de Valladolid”.

( Evangelistas. Predela del retablo de Münnerstadt. 1490-1492. Madera de tilo. Bode-Museum, actualmente en la exposición del Palacio de Villena) (*)
‘El Siglo de Oro. La era Velázquez’, reúne en la Gemäldegalerie de Berlín 130 piezas de museos internacionales – Museo del Prado de Madrid, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y el Museo del Louvre de París, entre otros- que aportan obras de pintores de la época, como Murillo, El Greco, Velázquez, Ribera y Zurbarán, al igual que de escultores como Gregorio Fernández, Pedro de Mena y Juan Martínez Montañés. En un recorrido cronológico, la exposición evoca el desarrollo general de la pintura y la escultura del Barroco durante los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. El retrato, naturalezas muertas y la vinculación entre pintura y escultura son algunos de los temas que aborda esta muestra organizada en colaboración con Kunsthalle München y la Obra Social la Caixa.
También ha sido importante este año para nuestro Museo Nacional de Escultura la asignación que le ha hecho a principios de año el Ministerio de Cultura de tres obras. una de Salzillo, otra atribuida a Berruguete y un anónimo del siglo XVI, que adquirió por 217.250 euros, comprados a dos propietarios particulares en una subasta.
Salcillo es el autor de la ‘Virgen Inmaculada’ con cuya foto ilustramos este artículo, creada en barro policromado en Murcia en torno a 1770, y que ha sido adquirida a un particular en Madrid por 150.000 euros. Es la obra –explicaba Jesús Bombín en El Norte de Castilla- por la que se ha realizado el mayor desembolso y se trata de una escultura de oratorio de 52 centímetros de altura que a su calidad escultórica une una curiosa peripecia histórica. Cuando fue creada, la composición sirvió como modelo para una Inmaculada de madera que realizó Francisco Salzillo para el convento de San Francisco de Murcia y, ante el éxito que tuvo, esculpió otra grande en madera destinada a una iglesia de la localidad murciana de Hellín. Ambas figuras se quemaron, una en 1931 y otra en 1936. «Las piezas de madera se han perdido y solo se ha conservado la ‘Virgen Inmaculada’ que Salzillo realizó como modelo para el palacio de Antonio Fontes Ortega en Murcia», refería Manuel Arias, subdirector del Museo, quien destacaba que la talla ha permanecido en propiedad de esta familia desde entonces. «Por el carácter que tiene de modelo, por el material de barro, por su calidad y por la escuela a la que pertenece, con esta imagen el museo profundiza en su vocación nacional, cubriendo flancos geográficos, en este caso de la escuela levantina; y llega aquí para reunirse con lo mejor de la escultura española del siglo XVIII». De Francisco Salzillo el Museo Nacional guarda en sus dependencias una talla de San Francisco y otra de Santo Domingo.

( Salzillo es el autor de esta ‘Virgen Inmaculada’, creada en barro policromado en Murcia en torno a 1770, que ha sido asignada este año al Museo Nacional de Escultura) (*)
La tabla atribuida a Alonso Berruguete, uno de los autores icónicos del museo vallisoletano, ‘Llanto sobre Cristo muerto’, tiene unas medidas de 27 centímetros de alto por 37 de largo y por ella se han abonado 65.000 euros a un particular de Madrid. Para Manuel Arias, esta pintura reúne los rasgos propios de factura de Alonso Berruguete: «Su cromatismo, el tratamiento y el juego con la luz tenebrosa, la caracterización de la fisonomía de los personajes, el expresionismo de sus gestos y las posturas apuntan a su autoría», comenta, destacando que se trata de una pieza relevante para la colección: «La estudiaremos para conocerla más a fondo y averiguar más datos».
La última de las obras que el Ministerio de Cultura ha asignado al Museo Nacional de Escultura es la ‘Virgen con el Niño’, una pieza de alabastro (siglo XVI) en cuyo anverso muestra a la Virgen con el Niño y en el reverso el escudo de la familia Manuel, vinculada a Valladolid. Su tamaño es de 26 por 20 centímetros y ha sido obtenida tras la puja en una subasta por 2.250 euros. «Nos interesa mucho este material, pues el mundo del alabastro fue importante en la Corona de Aragón y en Castilla, y esta es una obra que ayuda a explicar el mundo de la devoción particular. Su autor es desconocido, de momento», apunta Arias. De hecho, siguiendo el rastro de la pieza afirma tenerla identificada con una que figura en el inventario de 1586 de un obispo de Sigüenza llamado Don Juan Manuel, en el que se menciona «una imagen de alabastro y, a las espaldas, las armas de los Manueles».

( Medalla de autor anónimo con el escudo de la familia Manuel, adquirida para el Museo Nacional de Escultura . Pieza de devoción del siglo XVI esculpida en alabastro, que muestra una virgen con el niño, en el anverso, y el escudo de la familia Manuel, en el reverso) (*)
Además, el investigador añade otra circunstancia: el obispo Don Juan Manuel quiso ser enterrado en el Colegio de San Gregorio, al que legó su biblioteca, «por tanto –sostiene– es un pieza que nos viene muy bien para la sala en la que se cuenta la historia del Colegio de San Gregorio a través de objetos y obras de arte que enriquecen ese relato a lo largo de los siglos». En el almacén están ya guardadas las obras de Berruguete y Salzillo y se espera que en breve recale la de autoría anónima. Antes de ser sacadas a las salas para ser exhibidas al público, serán sometidas a un exhaustivo proceso de revisión, estudio y conservación en el que técnicos del museo certificarán sus características artísticas.
Los presentadores de las adquisiciones explicaron que, desde 2005 al 2015 el Museo Nacional de Escultura ha invertido más de 3,4 millones de euros en la compra de piezas para enriquecer la colección aún en los años más duros de la crisis. En total, por compras y donaciones de particulares han recalado en este periodo en el centro unas setenta esculturas, pinturas y otros objetos artísticos.
Finalmente, fue noticia también este año – y seguimos en ella también a El Norte- la renovación de la escenografía del Belén Napolitano que se expone permanentemente en el Palacio de Villena, frente al Museo de Escultura. El Belén Napolitano, que cada Navidad se podía visitar en una pequeña sala del primer piso del Palacio, se ha trasladado a un recinto de la planta baja que triplica el espacio expositivo para dar cabida a unas 600 piezas y ser contemplado por los visitantes durante todo el año.
La nueva escenografía, realizada por Ignasi Cristiá, recrea el paisaje de Nápoles con el volcán Vesuvio y el atardecer de su bahía, sus calles y su ambiente sobre un pavimento de lava. Las piezas escenifican la vida diaria de la ciudad con la idea de «mantener el protagonismo de la colección a la vez que se potencia el ambiente que la rodea», señalaba en su presentación María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura. «Con este nuevo enfoque se trata de ver el Belén no solo como un conjunto artístico, sino como un retrato cultural del Nápoles del siglo XVIII de Carlos III».

( Una escena del Belén Napolitano, en el Palacio de Villena de Valladolid, con figuras del belén personal de Carlos III) (*)
La coreografía en miniatura que se ofrece ahora reúne una gran variedad de personajes en torno a oficios, diversiones, tiendas, vendedores ambulantes, artesanos, tabernas llenas de parroquianos, músicos, mendigos, pastores, animales y numerosos objetos como vajillas, instrumentos musicales, herramientas o alimentos. En varios paneles y en vitrinas complementarias se informa sobre la construcción del Belén y se da cuenta de cómo se han organizado sus escenas, las técnicas y materiales empleados, el juego con la perspectiva y el tamaño de las figuras así como su historia.
También se ha ampliado el número de figuras con la incorporación de una veintena procedentes del belén Olaguer, que permanecían almacenadas en las dependencias del museo por falta de espacio expositivo. Otra de las novedades en la sala es una gran pieza que muestra la arquitectura de un portal del siglo XVIII. Esta renovación del Belén Napolitano, que ha tenido un coste de 153.550 euros, ha permitido también restaurar los textiles de algunas piezas.
Con el nuevo recorrido museográfico se pretende buscar «la inmersión en la tradición de los belenes y Nápoles; estamos ante uno de los mejores belenes de Europa –explica María Bolaños– que incluye figuras del belén personal de Carlos III para el que su mujer, Amalia de Sajonia, confeccionaba trajes de los pastores».
En fin, un año de nuestro Museo Nacional de Escultura de renovación y éxitos, con los que ahora hemos referido y algunos más de los que ya dimos cumplida noticia en la reseña de las varias exposiciones presentadas. Enhorabuena a los responsables por tan eficaz gestión.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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