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El Gobierno que viene

Tres foramontanos en Valladolid 19 Ago 2016 - 07:22 CET
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Por José María Arévalo

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 28 de julio ) (*)

Si es que viene, si el PSOE no se empeña en impedirlo, que todo puede ocurrir, a la vista de los intereses de Sánchez y de que el CIS en su última encuesta le da como único partido que mejoraría en terceros comicios sus resultados. Pero el CIS ya anunció el “sorpasso” de Podemos y se equivocó, así que no deberían los socialistas confiar en él demasiado. En todo caso quedarían como los culpables de impedir el gobierno del país, y sin que, muy probablemente, las terceras elecciones arrojen resultados diferentes de las anteriores, ni las cuartas, ni las quintas, un desastre de empecinamiento de los socialistas.

Por el contrario Rivera se ha lucido, cambiando el veto a Rajoy por que trague con las seis condiciones que impone Ciudadanos, algo parecido a lo que exigió a Cristina Cifuentes en la Presidencia de la Comunidad de Madrid –tres de las exigencias son iguales-, aunque quizá un poco más difícil. Sobre todo la de una comisión de investigación sobre el propio Partido Popular, lo que les habrá sentado a los populares como una puñalada trapera. Muchos nunca votaremos a Ciudadanos por sus planteamientos izquierdistas en temas éticos, la libertad de enseñanza, el derecho a la vida, etc., pero hay que reconocer que está realizando una labor necesaria. Me recuerda la función de los sindicatos como muro de contención de las empresas; son impresentables pero imprescindibles. Sería estupendo que se renovasen, para mejor, claro. De momento con esos toros hay que lidiar.

El pasado día 10 Rivera, en la reunión en el Congreso de los Diputados de los líderes del PP y Ciudadanos, urgía a Rajoy: «La investidura, cuanto antes, España no puede esperar más». Y tenía razón, aunque también era razonable la contestación de que había que ratificar en su Ejecutiva las seis condiciones propuestas y determinar la fecha de investidura. Y después negociar los demás aspectos menores que también Rivera ha dicho lleva en cartera.

Ignacio Camacho escribía entonces en ABC que “Sorprende que entre su pliego de exigencias no figuren medidas económicas; simplemente ya están negociadas `sotto voce´ entre De Guindos y Garicano y no existen diferencias esenciales porque tampoco las hay de modelo de sociedad ni de ideario”. Esto último no parece tan claro, supongo que el periodista lo ha dicho echando un órdago en favor del acuerdo. Me parece bien, hay que apoyar, no poner piedras en el camino.

Para Ciudadanos el punto fuerte de sus propuestas -coinciden todos los comentaristas- es obtener una ley electoral más justa y equitativa que la actual, que le deja con un número de escaños desproporcionado respecto de los votos que consigue. Pero una nueva ley electoral exige más consenso que el de una alianza puntual, necesita al menos el aval del partido socialista, y a los socialistas no les interesa perder el plus que la actual concede a los partidos con mayor implantación. Incluso puede exigir una reforma constitucional.

Hasta los tertulianos de Esradio –que sigo bastante en esta materia- desconfían de la reforma electoral propugnada o apuntada, porque tampoco han concretado hasta ahora. A pesar del talante liberal de la mayoría de sus comentaristas. En lo que todos estamos de acuerdo es en las listas abiertas, que uno pueda votar a quien quiera, no a la lista de un partido. Pero ni siquiera esto queda claro que lo defienda Ciudadanos, al menos como punto importante. Ya se ve que queda mucho por negociar entre los dos partidos, que no se ponga tan nervioso el señor Rivera.

Comentaba Mayte Alcaraz, refiriéndose al ya histórico 10 de agosto, que “la primera señal la dio el vicesecretario popular, Javier Maroto, cuando a primera hora de la mañana le dijo a Carlos Herrera en la Cope que el PP «estaba dispuesto a dar todo». Era una manera elegante de hacer ver que el que cede parece que ofrece y el que exige, pide. A esa hora, nueve de la mañana, PP y Ciudadanos empezaban a hacer política. Y nadie se había dado cuenta”.

José María Carrascal – para el que Rivera ha lanzado un órdago por romper el impasse que atenaza la escena política española desde hace meses- “lo que no sabemos es si el PSOE aportará los votos que faltan para que [Rajoy] sea investido. Y, menos todavía, si ese gobierno sacado con fórceps podrá gobernar. Pero el que se constituya sería ya un triunfo. Los españoles podrían terminar aliviados sus vacaciones. Aprovéchenlas. El otoño que nos espera será, en cualquier caso, de agárrate”.

Pues sí, algo se está fraguando en nuestro país, y parece para bien. Que así sea.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/9/8095/28297340844_3d09a1162c_b.jpg

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