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Asombros en los Juegos

Tres foramontanos en Valladolid 01 Sep 2016 - 07:24 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Cartel de las Olimpiadas de Río 2016)

Ya saben ustedes que una de mis fuentes favoritas para escribir aquí son los asombros. Lo que ocurre es que yo me asombro de cosas bastante tontas aparentemente y que suelen traer al pairo a la mayoría de mis conciudadanos. Por ejemplo, que con un simple “bip” elétrico que le enviamos desde aquí pueda frenarse en media hora un artefacto que se halla a una distancia sobrecogedora de nuestro planeta y avanza a una velocidad de vértigo. Total, algo que, efectivamente, a nadie importa.

Ahora me referiré, por ser tema del día, a mis asombros más olímpicos. Hemos pasado unas semanas haciendo recuentos de medallas y observando las gestas de algunos españoles dando muchas cosas por normales siendo así que a mí me hacen pensar. Procuraré presentarles algunas de ellas en un esfuerzo de sinceridad.

Me ha sorprendido, por ejemplo, la irrupción brutal de las tecnologías más punteras en las presentaciones de los Juegos, pues ya contemplamos sorprendidos cómo llegan a confundirse la realidad y la ficción. Estamos ya en el espectáculo total por no decir casi sideral: luces e imágenes que nos superan en su complejidad y nos impactan visualmente transportándonos a mundos irreales, pero que están ahí, frente a nosotros, combinados con los figurantes en una mezcla tan complicada que nos conduce a imaginar unos ensayos imposibles. Sólo la movilización que exigen y su preparación para lograr una intervención fluida parece superar la posibilidad de emprender tan ambicioso empeño. Igual que el combinarlo con proyecciones ambientales y prodigiosos fuegos artificiales que siguen un ritmo desbordante.

También me han sorprendido cosas tontas como, por ejemplo, que sea considerado olímpico un deporte que, como el taekwondo, consiste en luchar usando solamente las piernas y los pies pero sin perder jamás el equilibrio. Imagino la paliza que deberá aguantarse cuando uno se pasa la vida haciendo solo esto. Y en realidad, practicando muchos de los deportes que incluye el programa, como el salto de altura por poner un ejemplo: años y años haciendo sólo una única cosa de ejecución tan sumamente breve. Y me cuesta imaginar que pueda haber variedad en los consejos transmitidos por un entrenador para la ejecución de un solo movimiento – siempre el mismo – a lo largo de un montón de años de práctica.

También me sorprende ciertamente, pues me parece poco menos que imposible, no ya la perfección que se ha alcanzado, sino la simple realización de lo que vemos en la natación sincronizada, sobre todo desde que nos muestran escenas subacuáticas. Me cuesta imaginar que sea posible, no sólo maniobrar sin respirar durante tanto tiempo, sino calibrar con la cabeza boca abajo y desde la profundidad de la piscina el efecto exterior de cada acompasado movimiento de las piernas. Como la perfección que alcanzan las olímpicas que combinan la gimnasia y el ballet con un espectacular manejo de mazas, cintas y aros sin acabar más o menos enredadas. Y a fuer de sincero diré también cómo me causa asombro que aún haya deportes de uno y otro sexo sin que hayan saltado ya las femes y otras organizaciones feministas para denunciarlo. O el hecho de que llegue a admitirlos una sociedad que ya no acepta sino la igualdad total. Sí; me extraña incluso, que, aún en el caso de algunos deportes de los que se practican por “unos y por otras” esto se haga por separado; así ambos sexos jugarán al rugby, al balonmano, al fútbol y hasta al golf, mas cada uno por su lado.

Otra cosa que de verdad me asombra es que aún se acepte el boxeo como deporte olímpico cuando se encuentra postergado desde hace tiempo por nuestra quisquillosa sociedad debido a que se trata de arrearle al vecino y si es posible dejarle sin sentido. Piensa la gente que cuando alguien pierde algo tan importante lo primero es trasladarle al hospital.

Y finalmente confieso que me ha causado asombro la casi total ausencia de problemas, por lo menos desde el punto de vista de lo que llega hasta el televidente. ¿Qué ha sido, por ejemplo, de los peligros de Río de Janeiro – que ha quedado ya simplemente en “Río” – para los asistentes a los Juegos? ¿ Y qué hay de los robos en plena vía pública, de los secuestros y de tantas y tantas amenazas como se cernían desde las favelas? ¿Qué fue del zica y sus mosquitos? ¿Y qué de aquellas aguas plagadas de inmundicias?

En fin, hemos pasado algunos días contando las medallas conseguidas por nuestros atletas, actividad muy saludable en el estío y que nos saca de contar las veces que dice “no” un sujeto que siempre dice “no” y otras estupideces que nos tenían sorbidos el seso y el entendimiento. Que esto ha sido lo mejor de los Juegos de Río: hacernos pensar en otras cosas.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

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