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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 05 Sep 2016 - 07:28 CET
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“Anticuento de Navidad”, de Pedro J. Ramírez, y “No tener hijos, la última ocurrencia ‘científica’ para luchar contra el calentamiento global”, de Victor Gago

( Ilustración de Tomás Serrano en El Español el pasado 28 de agosto) (*)

ANTICUENTO DE NAVIDAD

Artículo de Pedro J. Ramírez publicado en El Español el pasado 28 de agosto

Hasta que no lo vean no lo van a creer. Fíjense en el cartel con que Disney promocionó en el mercado de habla inglesa su versión del Cuento de Navidad de Dickens y díganme si esa mirada de desconfianza bajo las gafas volátiles, esa mandíbula hundida hacia delante de tanto mascullar entre dientes, esa barba rala de rácano hasta de las apariencias no son las de Rajoy. Es cierto que la caracterización de Jim Carrey como el avaro Scrooge incluye una nariz más prominente, pero tómese aquí ese apéndice como representación de las rampantes mentiras políticas del todavía líder del PP y la similitud será completa.

En ese cartel de la pulcra película del neogótico tecno, firmada en 2009 por el mismo Robert Zemeckis de Forrest Gump o Regreso al futuro, puede verse al prestamista acechando con acritud biliosa, desde la bóveda de un Londres nevado que se afana en celebrar la Navidad. Lleva en la mano la palmatoria de cobre sobre la que se yergue la vela que simboliza a la vez el tiempo que le queda por consumir y la actitud indagatoria e inquisitorial contra la felicidad ajena.

Scrooge detesta la Navidad y hasta le reprocha a su empleado Bob Cratchit que vaya a cobrar ese día sin trabajar. Algo parecido debe pasarle a Rajoy cuando amenaza con obligar a los españoles a votar precisamente el 25 de diciembre si antes no ha sido investido como jefe de Gobierno por el Parlamento. De hecho, la única alternativa a que padezca esa fobia antinavideña sería considerarle un oportunista sin escrúpulos, capaz de convertir a toda la ciudadanía en rehén de sus ambiciones.

Rajoy se merecería que se le apareciera el fantasma de Aznar, reprochándole esa marrullería impropia del partido que un día fue la esperanza frente al juego sucio en la política, de igual manera que Scrooge recibe la visita del espectro de su difunto socio Marley para pedirle cuentas por su cruel vida de usurero. En la escena en la que Jim Carrey aparece con camisón y gorro de dormir con las enjutas canillas al aire como quien está esperando al pedicuro, sólo falta desde luego el sudoku difícil que cada noche acompaña al jefe del Gobierno, esté o no en funciones.

En el caso de Rajoy, más que pedicuro sería pedicura, porque, a la vista de lo sucedido primero con la fecha y luego con el cambio de horario de la investidura, ya sabemos que la función primordial de Ana Pastor como presidenta del Congreso es hacerle los pies al presidente cual odalisca del barreño. Nunca habíamos visto el prestigio personal de alguien caer tan en picado, en tan poco tiempo, por mor de la servidumbre voluntaria.

Decía el represaliado Fray Luis de León que «los pastores serán brutales mientras las ovejas sean estúpidas». Dos siglos después León de Arroyal ahondaba en el concepto en su panfleto «si no hubiera esclavos, no habría tiranos». De león a león, así ruge también hoy EL ESPAÑOL. Pueden parecer expresiones demasiado contundentes pero sólo la condición sumisa y lanar que impregna nuestra tradición política explica que España no esté patas arriba por el escándalo de ese avieso calendario que en la práctica vacía de contenido las previsiones constitucionales sobre disolución automática de las cámaras y el propio derecho universal al sufragio.

El único antecedente que casa con el cinismo de Rajoy cuando el otro día dijo que «sería un disparate votar en Navidad», es el de aquel paisano suyo de El Ferrol cuando comentaba que a uno que había mandado fusilar, «lo mataron los nacionales». No sé si Albert Rivera se dio cuenta de que la semanita de retraso en la aprobación de sus seis condiciones con la excusa de no estropear el puente de agosto al Comité Ejecutivo del PP, estaba encaminada a encajar el calendario para urdir esa celada. Pero en todo caso Ciudadanos debió bloquear todo el proceso de diálogo con el PP hasta que la infamia quedara corregida.

El silencio de Rivera a ese respecto ha causado desconcierto entre sus seguidores y ha permitido a Sánchez tomar la iniciativa en una cuestión que atañe a las reglas esenciales de la democracia. El líder del PSOE ha hecho suya la propuesta de EL ESPAÑOL, pergeñada por nuestro colaborador Enrique Arnaldo, para reformar la Ley Electoral por el procedimiento de urgencia, acortando la campaña una semana. Puesto que Podemos y Ciudadanos a remolque ya han dado su conformidad, la iniciativa tendría mayoría absoluta y los hipotéticos terceros comicios en menos de un año se adelantarían al 18 de diciembre.

No se trata de apostar de nuevo por las urnas sino de eliminar del abanico de alternativas el chantaje esperpéntico de unas elecciones con millones de votantes desplazados, decenas de miles de presidentes de mesa, suplentes y apoderados arrancados a sus familias el día de Navidad y un mensaje de Nochebuena del Rey en la jornada de reflexión. Hay que ser muy malvado para haber maquinado una encerrona así, pretendiendo culpar al PSOE de no impedir tal naufragio con la lógica torticera de quien tras colocar una bomba, achaca a la Policía el no desactivarla a tiempo.

Sólo restableciendo la normalidad democrática que haga viable la alternativa de las urnas, habrá llegado el momento de preguntarle precisamente al PSOE qué piensa hacer para evitarla. Porque lo que sería no ya un «disparate», sino una afrenta imperdonable de la clase política sería tener que tripitir como votantes, en Navidad, el 18 de diciembre o el 32 del mismo mes.

“¿Por qué habría de conceder Sánchez esa misma abstención que tan despectivamente le negó Rajoy a él, estando en juego el liderazgo de la oposición y la hegemonía de la izquierda?”

Así como me desconcierta la ansiedad con que Girauta suplicaba al PP el jueves -«Queremos votar sí a Rajoy, dennos motivos»-, como si Ciudadanos padeciera de repente el síndrome del comprador compulsivo que entra a la tienda a que le vendan lo que sea, entiendo tanto política como humanamente el cierre en banda de Sánchez. ¿Por qué habría de conceder esa misma abstención que tan despectivamente le negó Rajoy a él, estando en juego el liderazgo de la oposición y la hegemonía de la izquierda?

La actitud del PSOE es hoy inobjetable, pero dejará de serlo el próximo viernes cuando su segundo ‘no’ ponga en marcha el reloj de la disolución automática. En ese momento, como ahora, Sánchez tendrá la llave de la situación y deberá elegir entre cuatro puertas. Si excluimos la de las nuevas elecciones que puede parecerle tentadora para noquear a Podemos, pero implica el grave riesgo de hacerle quedar como culpable de meternos a todos en ese bucle, sólo le restan tres.

A Sánchez le encantaría, tú dirás, intentar de nuevo su propia investidura con el apoyo de Podemos, los separatistas catalanes y los nacionalistas vascos, pero sabe de sobra que esa amalgama incluye demasiados elementos tóxicos para gran parte del PSOE y que por lo tanto sucumbiría en el empeño. Las dos únicas opciones realistas que le quedan son permitir la investidura de Rajoy en un segundo intento -evidenciando así que lo que buscaba era saldar cuentas personales, lo cual quedaría feo- o hacer lo propio con un nuevo candidato propuesto por el PP.

Si el PSOE no se abriera expresamente a esta, a mi entender, única salida viable al bloqueo institucional que venimos arrastrando, acuñaría una imagen de obcecación intransigente que le haría muy difícil recuperar el poder durante mucho tiempo. Todo indica que el SMIC (Sindicato Marianista de Intereses Creados) que incluye a altos cargos monclovitas, jerifaltes del Ibex y directivos de medios de comunicación, está preservando la Operación Menina para ese escenario, pero cambiar a Rajoy por la consejera delegada del rajoyismo sería hacer un pan como unas tortas.

Aunque la simpatía que pude sentir por él cuando fue miembro del Consejo de Unidad Editorial ha quedado pulverizada en el mortero de la decepción personal, las circunstancias han querido que Luis de Guindos sea el candidato idóneo para este rebus sic stantibus. Es un hombre del PP sin carné de militante, conoce como nadie la agenda europea, daría confianza a los mercados y contribuiría a alargar el ciclo expansivo de la economía durante un par de años de Gobierno de gestión. Un Monti a la española con mayor base política y mejores circunstancias económicas que el modelo italiano.

Pero, en fin, no dejemos volar la imaginación. Yo sigo en mis trece de que Rajoy se merece ser investido para que pase después las de Caín. Y así como las secuencias más espectaculares de la película de Disney, inspirada en el cuento de Dickens, son los viajes de Scrooge de la mano de los espectros de las Navidades pasada, presente y futura, me relamo con la descripción de sus visitas a la covachuela de Bárcenas, los conciliábulos peperos en los que hoy se le pone a caldo y las esquelas que reflejarán su mezquindad política. Con la diferencia, claro, de que la película termina bien porque el avaro se vuelve generoso y, por usar un concepto en el que puede quedar atrapado Albert Rivera, Rajoy seguirá siendo Rajoy hasta que la última gota de cera se derrita sobre la palmatoria de cobre.

Artículo en: http://www.elespanol.com/opinion/carta-del-director/20160827/151184882_20.html

NO TENER HIJOS, LA ÚLTIMA OCURRENCIA ‘CIENTÍFICA’ PARA LUCHAR CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Artículo de Victor Gago publicado en Actuall el pasado día 25 de agosto

Expertos y ONG proponen políticas de ingeniería de la población para combatir el calentamiento global. “Tal vez debamos proteger a los niños no teniéndolos”, dice Travis Reider, de la universidad Johns Hopkins. Lo malo de las sociedades híper seculares es la enorme cantidad de religiones organizadas que quieren salvarte aunque te resistas. Una de las más resueltas es la religión del calentamiento global de los santos últimos días. No confundir con la ciencia del calentamiento global y su saber razonable y cauto sobre el impacto del ser humano en el clima. La religión del calentamiento global es una fe del tipo milenarista, que anuncia el fin del mundo para dentro de unos años. Como los testigos de Jehová, pero, en vez de un mesías en el último minuto, un oso polar flotando confuso en la bahía de Cartagena de Indias.

Un artículo en la NPR, la radio pública de los Estados Unidos, se pregunta: “¿Debemos tener niños en la era del cambio climático?”. Travis Reider, profesor de la universidad Johns Hopkins, cree que “tal vez debamos proteger a los niños no teniéndolos”.

Era cuestión de tiempo que la religión del calentamiento global y la religión de la contracepción se fusionaran. Aquí está, al fin, el gigante de la consultoría apocalíptica. En realidad, una y otra siempre han ido de la mano. A principios de los años 70 del pasado siglo, los primeros apóstoles del cambio climático predicaban la glaciación inminente de la Tierra y el agotamiento del petróleo, mientras sus hermanos de profecía vaticinaban la “bomba de población” que acabaría con los recursos naturales.

Como todavía seguimos yendo a la playa, viajando en aviones e inventando cosas que mejoran la vida de las personas, ahora predican el derretimiento de los casquetes polares, el efecto invernadero y la desaparición de Manhattan bajo las aguas –como mínimo, de todos los edificios de dos plantas–.

Tampoco han dejado de propagar la visión malthusiana de una humanidad que se reproduce como conejos y arrasa el planeta. De poco ha servido que Julian L. Simon y otros economistas hayan mostrado, apoyándose en multitud de evidencias empíricas, que el principal recurso natural, el más valioso y productivo, es el ser humano.

Para Travis Rieder, en cambio, tener hijos es una agresión al clima, como las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero

Para Travis Rieder, en cambio, tener hijos es una agresión al clima, como las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero. Opina que los niños son “una externalidad” cuya posesión puede que sea beneficiosa para el individuo, pero perjudica a la sociedad. Travis es profesor de Bioética. Es de suponer que en el mismo sentido en que Joseph Mengele era profesor de Medicina y Radovan Karadzic es psiquiatra, y un afamado autor de libros de autoayuda.

Junto a sus colegas Colin Hickey y Jake Earl, de Geogetown –la universidad católica fundada por la Compañía de Jesús, donde hace poco habló Cecile Richards, la presidenta de Planned Parenthood, ante un público entusiasta de profesores y alumnos–, ha escrito un ensayo titulado: “Ingeniería de la población y lucha contra el cambio climático”. La idea principal es que la planificación centralizada de la natalidad debe incorporarse a la estrategia contra el calentamiento global, al mismo nivel que las políticas de control de las emisiones de CO2. Es lícito y recomendable, en estas circunstancia apocalípticas excepcionales, que los Estados impongan la “ética de la pequeña familia”, una guía de conducta que el Gobierno chino, con menos complejos, llama “política de hijo único”.

Identificar el calentamiento global con la natalidad humana facilitará la extensión de las políticas de promoción del aborto y la contracepción, particularmente, en los países pobres. En los ricos, no hace falta: ya nacen menos niños que los adultos que mueren; y en algunos –entre ellos, todos los de la Unión Europea, incluido España– se ha producido la “reversión histórica” de la población, y ya hay más ancianos que niños.

En una entrada anterior, describíamos el cambio demográfico que está en marcha: De adolescentes perpetuos, a abuelos de nadie.

La doctrina del calentamiento global unida a la ideología de la contracepción hará que la decisión de no tener hijos sea percibida como un acto de responsabilidad y de compromiso con el medio ambiente.

Hay ONG que están visitando los campus universitarios en Estados Unidos para convencer a los jóvenes de que lo mejor que pueden hacer para luchar contra el cambio climático, además de reciclar la basura y no comer alimentos transgénicos, es dejar de tener hijos.

Conceivable Future es una de esas organizaciones que van por el mundo predicando que “la crisis climática es una crisis reproductiva”. El nuevo libro de Travis Reider se titula Hacia la ética de la familia pequeña. Cómo la sobrepoblación y el cambio climático están afectando a la moralidad de la procreación.

Toda una generación de jóvenes se ve aliviada de la responsabilidad de la transmisión de la vida. Negándose a tener hijos, millones de jóvenes millennials de las ciudades prósperas sienten que ayudan a salvar el planeta. Puede que sea un mundo en el que sobrevivan los glaciales y las ballenas, pero no hace falta ser profeta para saber que será un mundo, al principio sin libertad, finalmente sin seres humanos.

Artículo en: http://www.actuall.com/criterio/vida/la-invasion-los-ninos-efecto-invernadero-victor-gago/

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/9/8417/29187248202_ea894985a6_b.jpg

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