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Las consecuencias de jugar con fuego

Tres foramontanos en Valladolid 11 Oct 2016 - 07:26 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 2) (*)

“Que nos devuelvan el partido que les dejaron los mayores” Estas palabras de quien fue un destacado gobernante que se distinguió por no tener pelos en la lengua, o sea, por decir lo que pensaba sin ningún tapujo, resume mejor que cualquier circunloquio la razón de la debacle que estamos viviendo. Eran los suyos tiempos en que el partido al que hoy nos referimos había dejado de coquetear con el marxismo y abrazado la socialdemocracia, homologándose así con sus parientes europeos. También – por puro sentido común, y aunque a regañadientes – había abandonado su inquina contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte; que en eso se les veía el plumero. Incluso dio a la Otan un buen Secretario General. En resumidas cuentas, el partido al que me estoy refiriendo había dado un golpe de timón a tiempo para poder poner a España en condiciones de entrar en Europa. El resultado fue el de todos conocido: el éxito que obtuvo entre los votantes moderados que, con diversos matices, suelen ser quienes crean mayorías.

Póngase ustedes ahora en el panorama español de nuestros días. Aquí mismo escribí un artículo tachando de falacia la afirmación que el actual dirigente del partido al que nos referimos tomaba como axioma en el sentido de que el ganador de las elecciones generales no debería gobernar España porque se veía superado por una “unión de las izquierdas” que no era sino la amalgama de todos los demás. Yo negaba la mayor y lo consideraba un truco-trampa, pero el hecho es que, de una forma u otra, la gente se tragó el engaño y se creyó que, efectivamente, el gobierno podría no corresponder a quien ganara aunque lo hiciera de forma holgada. Lo cual nos tiene sin cabeza; situación en la que llevamos ya casi un año entero pendientes de que el perdedor más destacado, que es al que nos estamos refiriendo, consiga un imposible cuya superación entra en la pesadilla del querer y no poder. Y así llegamos a necesitar psiquiatra.

Parece mentira que en un país en el que todos estudiamos el bachillerato, o sea que algo hemos leído, seamos incapaces de reflexionar. Así que tengo la impresión de que algunas asignaturas o no se estudian o están amañadas para sacar tajada de ellas; por ejemplo, la historia, que nos debiera haber enseñado lo que ocurrió aquí mismo en Europa y no digamos en España. Hace solo unos días que he oído incluso a miembros y simpatizantes del partido mencionado – sin que nadie les censurara – lo que ocurrió en los años 30 cuando Largo Caballero, un socialista, se echó en las manos de los comunistas; decisión que acabaría provocando la indignación de algunos destacados y conocidos compañeros suyos. También he oído por primera vez en mucho tiempo que si no se hubiera producido aquel desvío tampoco hubiera habido una guerra civil.

Todo esto al hilo de los recientes acontecimientos nacionales, cuando, según parece, los más sensatos tuvieron constancia de que algo parecido estaba a punto de ocurrir de nuevo en en su partido con la añadida circunstancia de que, además de realizarse con ocultación y con engaño, la pretendida maniobra contravenía el mandato recibido.

En el fondo, el problema estriba en que el líder se proponía deshacer lo hecho, es decir, aquello que tan buenos resultados les venía dando, pues abandonaría la moderación para coquetear con el marxismo, el comunismo y otros movimientos revolucionarios – amén de con el separatismo – practicando así una especie de “Brexit” que nos alejaría de Europa. Y, aunque tampoco la Unión ande como desearíamos, conserva por lo menos una memoria del pasado. Memoria que nos habla de falta de libertad, de tiranía, de opresión, de persecuciones, de gulags y de “nomenklaturas” cuando no de ruptura entre los españoles. Y, por añadidura, de muertos, demasiados muertos.

Así que nada de cambio por el cambio, que en este caso sería a peor. Y nada de alianzas por el “progreso”, porque a estas alturas ya tenemos tal palabra en nuestro diccionario de eufemismos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5497/30092111075_bf4b5648a8_b.jpg

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