Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Álvaro en El Norte de Castilla, el pasado día 17 de marzo) (*)
Creo que fue hace una semana aproximadamente cuando escribí un artículo en el que, como ejemplo extremo del desbarajuste al que se está sometiendo a la ciudadanía y sobre todo a los más jóvenes, presentaba a un individuo cuya aspiración más decidida era la de eliminar sus genitales para así convertirse en un ser asexuado. Pocos días han transcurrido desde entonces y ya se han ido acumulando perlas con las que se podría fabricar sin gran esfuerzo un collar de los de doble vuelta.
He aquí por qué lo digo: personas de fiabilidad bien asentada relataban en un programa de televisión el caso de alguien que se quedó intrigado al oír como uno de los participantes en un coloquio, hombre de cierta edad según se dijo, se expresaba sin parpadear utilizando el término “nosotras” al referirse a él mismo y a sus acompañantes de ambos sexos. Creyó entonces el buen hombre que se trataba de un error involuntario, así que se extrañó cuando la reiteración de tamaño error gramatical le hizo constatar que se trataba de una expresión dicha a conciencia. Y es que, por lo visto, entre las muchas estupideces paridas por nuestra confusa y reivindicativa progresía se incluye ya la idea de alternar el masculino y el femenino, supongo que a tiempos cronometrados para no caer en la incorrección política. ¿Qué le parece a usted, improbable lector mío? ¿No le rechinan los oídos?
En línea parecida, esta noticia coincide con la de otro debate; éste en el Parlamento. Se trata de la aprobación o el rechazo de una disposición sobre la estiba. Por lo visto hay que liberalizar el gremio, blindado desde siempre para conservar privilegios de antaño por un sistema endogámico incompatible con la libertad de contratación preconizada por Europa. Un arreglo que permite a los trabajadores monopolizar unos puestos que así se mantienen en familia.
Usted, querido lector mío, pensará que la progresía está del lado de la libertad y de esa modernidad que queda tan bien en los estrados, pero aquí en España lo “normal” es todo lo contrario. Ni progreso, ni garambainas: lo principal es decir lo contrario que el gobierno, que además no es de la propia cuerda, así que ahí tenemos a la portavoz de nuestros nuevos bárbaros tratando de convencernos de que el documento expuesto a aprobación es nada menos que “salvaje”, con lo cual insulta ya directamente al resto de los países de la Unión Europea, guardianes de las libertades que asentaron los padres fundadores. .
Pero la cosa no queda solamente en esto, ya que después de expresarse como suelen ella y sus amigos – es decir, atendiendo a la consabida matización de sexos incluida en el libro de estilo con las consabidos “compañeros y compañeras”, “nosotras y nosotros” y demás muestras – he aquí que la susodicha incurre en un fallo clamoroso. Me explico: aunque le cueste a usted creerlo, al referirse precisamente a los estibadores la joven diputada se refiere al gremio – ¡horror! – tan sólo en masculino. Y la razón es obvia: no existen tal cosa como las “estibadoras” porque ésta es precisamente una de las características del sistema que ella defiende en el escaño al tiempo que una vulneración antidemocrática y machista como pocas de la libertad propugnada por Bruselas, es decir, una de las causas principales por las que nos obligan a cambiar de sistema so amenaza de endilgarnos una multa. Sí, señores: lo que ella está defendiendo en el escaño excluye a las mujeres de la estiba, norma que si pudiera comprenderse en otros tiempos en que la carga se movía a brazo o por procedimientos que exigían poderosos bíceps masculinos, no es admisible en absoluto ahora que se mueve accionando maquinaria moderna y manejable.
¡Horror! ¡Tierra, trágame! Con lo bien que habría resultado la irrupción en el hemiciclo de unas “femes» con los senos al aire… Ahí podría haber tenido su momento de gloria un buen coro de feministas, indignadas, incluida la actual concejala que ya expuso sus pechos en un entorno de capilla y pintadas amenazadoras. “Arderéis como en el 36” decían ellas. Pero como es habitual se trata de otro gremio que también matiza.
Y, mientras tanto, los “estibadores” – que no “estibadoras” – asisten al rechazo tan contentos, pues pretenden tener asegurado no sólo su puesto de trabajo sino también el de sus hijos – que no el de sus hijas – y seguir cobrando más que un ministro en ejercicio.
He aquí por qué empiezo ya a entender a Venny Ohh. Esto de “compañeros y compañeras”, y de ”nosotros y nosotras” o a la inversa, no tiene ya otra solución que no nos deje con el trasero al aire sino la de arrancarse de una vez los genitales y convertirse en seres asexuados. Así nos ahorraremos tener que mostrar al público los senos o que nos riñan por no emplear debidamente el tema de los géneros.
¿Y las multas? Bueno, esas ya las pagaremos los demás españoles.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/4/3927/33389655791_91541240b1_b.jpg
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