Por Javier Pardo de Santayana

( Acuarela de Bárbara Rosenzweió. Foto en Google ) (*)
Múltiples han sido los acontecimientos relacionados con el fútbol que en estos días han llegado a superar los límites de lo que consideramos el puro deporte para convertirse en indicadores de los males profundos de la sociedad española y sobre todo de la confusión que padecemos.
Un jugador del Barcelona y del equipo nacional de España que es archiconocido por su verborrea se ha ensañado sin venir a cuento con su adversario natural – el Real Madrid de sus pecados -, no ya en el plano deportivo, sino principalmente como urdidor de misteriosas tramas que trascienden al campo del balón. “Bueno, cosas del fútbol”, pensarán algunos. Pues no señor, porque el equipo al que este joven pertenece se considera a sí mismo bastante más que un club como expresión de su beligerancia en el ámbito político. Al menos así lo han expresado repetidamente sus mentores apoyando abiertamente la independencia catalana con el pretexto de que “Madrid les roba”. Y lo hacen descaradamente con el silencio cómplice de quienes por apego al más que abundante dinero que les pagan no se resisten a ser utilizados en estas inaceptables maniobras. He aquí, por tanto, un caso de intromisión política en el deporte del balón redondo.
La segunda imagen es la de un club de tercera división al que se acusa de dejarse ganar para sacar provecho a las apuestas. El caso se destapó tras su derrota a cargo de un Barcelona bis por la no desdeñable diferencia de doce goles sin respuesta; que yo digo si no habría bastado con que les metiesen, por ejemplo, un dos a uno o dos a cero simplemente, que a cualquiera con dos dedos de frente se le alcanza que más allá de diez goles sin colar ninguno es algo tan aparatoso que llama la atención del periodista. Se ve que estos pazguatos quisieron perder – o más bien ganar – a pulso la partida: que no cupiera duda en ningún caso.
He aquí un ejemplo, pues, de corrupción al límite, y como tal de ese sustrato de rapiña que siempre existió pero que ahora ya remonta hacia la superficie: recuerden cuantas veces se llevó a las pantallas el tema de tejemanejes semejantes en las carreras de caballos o de coches por poner un ejemplo. O en los combates de boxeo, tan codiciados por las mafias.
Lo curioso es ver cómo también ocurren estas cosas entre los equipos más “modestos”. Y me sorprende saber que el grupo inversor y el entrenador de este equipo de tercera, casi desconocido, no son de la cantera ni de la oferta futbolística española, sino extranjeros como los de los equipos de postín. Para más precisión diremos que son italianos – ¿a qué les suena? – demostrando que el actual equipo es un tinglado que busca la explotación de unas apuestas: un artificio para forrarse sin que nadie se percate de ello. De ahí que no se entienda ese forzar la cosa como se forzó con un resultado a todas luces excesivo que naturalmente ha llamado la atención. He aquí un ejemplo flagrante de cómo funciona la corrupción aquí en España incluso en el deporte más mediático.
El tercer caso que también me viene a cuento roza un tema tabú de nuestros días: me refiero a la aparición en las pantallas de un equipo femenino de fútbol, que no de fútbol femenino, puesto que la actualidad de la noticia viene precisamente de haber vencido a un equipo del sexo contrario. Efectivamente, la noticia destacada en los medios dice que las muchachas derrotaron a sus adversarios masculinos, motivo por el cual aquéllas saltaron a los focos. Lo cual demuestra paladinamente que su derrota se daba por sentada por la sola razón de ser mujeres.
Y a mí me extraña soberanamente que tal cosa ocurra en nuestros días, cuando, según los medios nos recalcan, todos somos iguales y es tema tabú hasta ponerlo en duda pues esto de volver a lo del “sexo débil” y el “sexo fuerte” es ya algo relegado al pensamiento íntimo y retirado de su exposición en público, al menos en nuestra susceptible España. Quiero decir que, frente a una progresía que modela y fija en nuestros pagos la “corrección política”, podríamos encontrarnos ante un caso de discriminación sexual y de expresión “machista”; en suma, de una vulneración – esta vez en el ámbito del todopoderoso balompié – de las convicciones y la sensibilidad vigentes en materia de relación entre los sexos. Perdón, de relación entre “los géneros».
Lo cual, por cierto, nos hace imaginar el pedazo de galimatías que se planteará previsiblemente en el futuro a la hora de organizar las lides deportivas – hoy limitadas a la distinción típica entre competiciones “masculinas” y competiciones “femeninas” – si por ventura llegara a prosperar el engendro de diversos “géneros” distintos, incluso con matices, que nuestros nuevos bárbaros intentan endosarnos a fortiori.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/4/3848/33048779273_317c07cd56_b.jpg
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