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El Rezongón. Robots y progreso. 6. Más sobre la alfalfa

Tres foramontanos en Valladolid 19 Abr 2017 - 07:25 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Joseph Zbukvic en jzbukvic.com/Home.html) (*)

Seguimos con el progreso. El referido a nuevos robots utilizados uno tras otro en el cultivo y recolección de la alfalfa. El alimento imprescindible para mantener una ganadería “que haga próspera la alquería”. Las cuadras enormes que existían y existen en la Dehesa de Peñalba, fueron construidas por Napoleón como caballerizas de su ejército potente que quiso, y al fin no pudo, conquistar España.

La nave de no menos de sesenta o más metros, albergó todo el ganado mular y caballar, que anterior al progreso que venimos citando, era de absoluta necesidad en cantidad y calidad. Medida la extensión de las labranzas de entonces por el número de “pares” necesarios en ellas, les puedo decir que personalmente recuerdo que en uno de los laterales de la gran nave, había atados a los rústicos pesebres de madera, no menos de diez-doce pares de ganado caballar; similar número de mular y otros tantos de vacuno al otro lado más numerosas cabezas de una considerable vacada, destinada al cebo y posterior matadero. De aquí el nombre –cebadero- por el que desde siempre fue nombrada.

La vacada y los pares también fueron desplazados, que no eliminados los primero sobre todo, por el imparable progreso de la mecanización. Hubo que construir nuevas cuadras y corrales para el vacuno en semi-estabulación. Y el cebadero, junto a la ampliación de los apriscos existentes, albergar hasta mil cabezas de ganado ovino. Apartado éste, necesario para que el lector se haga idea de las necesidades de alfalfa, para alimentar “tantísmas” cabezas, sobre todo durante el “ivierno”. Almacenada la alfalfa en pequeños haces primero y en pacas luego en el almacén -2ºpiso- del cebadero, se las hacía caer por una trampilla en el techo al pasillo central. De ahí se distribuía con mayor facilidad y abundante mano de obra a los pesebres. El lecho de paja- previamente empacada con el progreso, y desmenuzada luego para camas del ganado y complemento del pienso junto a los excrementos, era lanzada a “garia” por numerosas ventanas al corral; y de él transportada, en carros primero y con las “galeras” y tractor luego, al estercolero situado próximo pero parte atrás del corral y caserío. Bien “hecho” el estiércol en el “chascolero” (¿), surgían serios problemas a resolver: carga primero de las pacas de alfalfa y paja y distribución luego, hecha basura, en las tierras a estercolar.

Para lo primero imaginen la estampa vivida y ejecutada por este Rezongón: con “horquines” de varias púas aceradas y varales largos, muy largos, como mangos de ellos (de las pequeñas horcas), había que pinchar bien la paca de alfalfa o paja dejada en tierra por el robot-empacadora, levantarlas a pulso(20-30Kgs) en el aire y depositarla sobre el carro primero o sobre la galera-remolque luego. Problema menor para las primeras filas que el operario de arriba colocaba cuidadosamente para no “parir” en el camino. Y problema mayor cuando la carga tomaba altura. Entonces el que levantaba en alto las pacas había de hacer equilibrios par no “trastornar”. Trabajo también cuasi inhumano. Sobre todo cuando habían de “dar” al de arriba, la cuarta o quinta fila de pacas para completar la carga. Pasable en el primer o segundo viaje, pero con sudor a raudales cuando se repetía una carga tras otra hasta la puesta del sol.

Si el trabajo con la alfalfa o paja eran inhumanos, qué decir con los del estiércol; penoso como el que más entre olores no precisamente a colonia. Carros y pares en abundancia para transportar, y cantidad de mano de obra para esparcir el producto lo más “agudo” posible, para que no se volatizasen las mejores propiedades de la basura. Mano de obra ya escasa y jornales en alza imparable por robotización pareja en los domicilios aún en los más modestos, con numerosos artilugios. Robots que humanizaban el trabajo de las amas de casa -hasta entonces en casa con “la pata quebrada”-, pero que costaban “mu bien de cuartos”. Los que procedían, claro, del mismo puchero…

De nuevo tuvo que venir el progreso como solución con el estiércol: pala cargadora y remolque distribuidor de la basura. Inventos “de los demonios” del que algo diremos en otro artículo próximo, si Dios es servido.

Suma y sigue, pues, de sustitución de mano de obra por robots y al alza continua los jornales. Los que honradamente ganados por menos personal y más cualificado, no supuso alivio para el agricultor-empresario. Lo que se ahorraba en nóminas, por una parte, que fue mucho, se le iba con creces con la otra.

Cierto que aumentaron los rendimientos en los diferentes cultivos robotizados, pero no en cantidad suficiente para pagar el incremento imparable de las deudas contraídas. Ya saben lo que reza la sabiduría popular al respecto: “mucho saca y no pon, pronto se llega al hondón”. Para que rime he de añadir: Veremos lo que le sucede al Rezongón. El que sin pretender aconsejar…, dice nada más.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/3/2856/33543463242_af8a0bc8a6_o.jpg

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