Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Joseph Zbukvic en jzbukvic.com/Home.html) (*)
Era laboriosa la carga, acarreo y almacenamiento de los haces de alfalfa. La carga sobre todo de las muy pesadas pacas, más que laboriosa, resultaba en extremo penosa. Nueva visita al “ferial” éste en Zaragoza, pionera en el cultivo del que tratamos. El progreso de maquinaria agrícola expuesto en el “ferial” era por demás evidente. No sólo para la “alfalce” como allí la denominan, sino para la robotización de todos o casi todos los cultivos.
Resultó llamativo y aleccionador cómo había allí cantidad de maquinaria, menos para la remolacha azucarera. Tanto habían abusado de sembrar la planta para endulzar a España que, para regenerar las tierras, incrementaron la siembra de alfalfa en esos pagos. Lección ésta, que no pasó inadvertida. Nuevo y mayor desembolso para adquirir el “último berrido” del progreso de agricultura progresista y robotizada. Nueva segadora, ésta para acoplar a un lateral en la toma de fuerza de un nuevo tractor.
A punto de abandonar el recinto, entró un artilugio también novedoso de última hora: cinta cargadora- transportadora de pacas. Imposible resistir la tentación, porque aunque la pala cargadora hiciera bien el oficio, raramente estaba disponible por el uso continuado en múltiples menesteres. A los pocos días, y con este nuevo robot, los habituales cargadores que, ayudados por los horquines de garfios como el brazo y mano del pirata manco, “enllenaban” las galeras –antes carros- dejando resuello y sudores como riego anticipado sobre el perfecto rastrojo del forraje segado, presenciaron atónitos cómo la novedad ”que trajon de quisió ande” no sólo recogía las pacas del terreno, sino que las transportaba hasta lo más alto del remolque donde un solo operario las colocaba, si no caía catapultado al recibirla, con el orden debido. Con tal potencia y precisión cumplía su oficio el nuevo robot, que, en silencio clamoroso de significado, los cargadores, obsoletos para este oficio, recogieron los hatos y tomaron el camino entre pinares del pueblo. Fenómeno éste que, visto lo visto, y por repetirse tantas veces a cada nuevo robot que entraba en la Dehesa, veremos qué dicen las conclusiones. Aunque sin pretender aconsejar, diga nada más, créanme que las temo como a un nublado, temeroso como aquéllos procedentes de la Atalaya de Traspinedo. Otra historia que ahora no corresponde; pues si Dios es servido, aún seguiremos con la “alfalce”.
¿Les parecerá un insulto si con voz enérgica les digo “¡cuscuta!”? Pues como un insulto dañino es lo que, como un ladrón acampó en nuestros alfalfares. Son hilos de oro de una belleza increíble. Muy bellos, sí; si no fuera porque tanto amaba la cuscuta de oro a quien verde la sustentaba, que se abrazaba amorosa… a los tallos, con un abrazo ¡de muerte por asfixia! La cuscuta es una mala hierba que, como la hiedra en las casonas de la Montaña, si no se la controla, arruina el edificio. Y la cuscuta ¡voto a bríos la cuscuta! Tanto y tanto amaba a los tallos verdes y tiernos que no se cansaba de repartir abrazos a diestro y siniestro. ¡Ni que fuera de izquierdas (lo digo por lo de siniestro) la muy puñetera! Plaga a combatir.
Sin dañar ni contaminar los alfalfares, el bombo (unido al robot- para todo, tractor), con brazos largos, largos y difusores en ellos, aspergió de herbicida selectivo y que costaba un riñón -si es que todavía quedaba-, hectáreas y más hectáreas del preciado forraje infectado de cuscuta. Sólo la semilla con denominación de origen “Totana” (de Navarra) ofrecía garantía, aunque a precio de oro. ¡Todo sea por la causa! : como pepitas de oro, la extraordinaria Totana acabó con la cuscuta ¡y con los “cuartos”! Es que hay que roerse…¿eh?¡qué vida la del labrador, que de tal manera “tira el oro” como si le sobrase… !
Para economizar tiempo y dinero en nuevos viajes a los feriales de maquinaria agrícola, que… ¡cachis!… no paraba de progresar, imposible que pasase inadvertida un revolucionario artilugio, para desmenuzar el terreno recién roturado de alfalfa u otros cultivos tras la arada a destiempo. ¡El impresionante “rotabator”! Total, y ya de perdidos… ¡al río! Y Con rugido de fiera herida en giro vertiginoso de cuchillas batiendo el terreno con “túrdigas” quedaba liso como una carta. Desmenuzado.
Obsesión del rezongón y de tantos otros rezongones-labradores, de preparar el terreno “en condiciones”, para recibir luego la semilla de lo que fuere. Labor ésta que piensa quien lo escribe, y dicho sea de paso,que es imprescindible tanto para las labranzas como- quien lea entienda- para los que siembran “la Palabra”.
Como la serie aún no ha finalizado y sin pretender aconsejar que evolucionen a este ritmo endiablado, digo nada más que sigan, por favor, que el progreso y los robots, continuarán si Dios es servido.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/4/3771/33658813876_10c0837c20_b.jpg
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