Por José María Arévalo

( Retrato de Antonio Machado. París, 1955. Impresión fotomecánica de Pablo Picasso en la Colección Francisco Quero, Málaga. 65 x 50) (*)
El Museo Patio Herreriano de Valladolid quería que Picasso fuera, de una manera original, protagonista de la nueva etapa del centro. Y así presenta esta exposición, coincidiendo con el centenario de la publicación de la primera monografía a él dedicada, «Picasso y alrededores» de Aksiónov (1883-1935) el primero en escribir un ensayo crítico sobre Picasso, respuesta a la primera recepción en Rusia de su obra. La exposición ‘Picasso: el trazo y las letras’, además de un gran interés estético, destaca por su clara intención investigativa y didáctica: el mundo de Picasso y su relación con la literatura y los libros.
A partir de esta monografía, se extiende esta exposición del Patio Herreriano, que podrá verse hasta el día 25 de junio, conviviendo con la gran muestra de Antonio López y sus compañeros, “Realismo”, que ya hemos reseñado en estas páginas. Está formada por grabados originales de libros ilustrados, obras relacionadas con el mundo de la lectura, dibujos, fotografías de Duncan, Gyenes o Edward Quinn, entre otras, en las que aparece Pablo Picasso en su biblioteca o consultando libros, así como con las ediciones fundamentales de la vasta bibliografía de Picasso y las de los libros que el propio artista malagueño escribió y se publicaron en vida de éste. La presentación del ‘El trazo y las letras’ ha coincidido también con el 80 aniversario del Guernica.
La literatura presente en la vida y obra de Picasso es, pues, el tema de la exposición que supone una mirada más allá de la obra pictórica del artista malagueño para descubrir su otro yo, el que él mismo denominó “poeta recién nacido“. Recoge, en su mayoría, obras de otros artistas relacionadas con la figura de Picasso, como grabados procedentes de libros ilustrados, dibujos o bibliografías de su vida. También muestra una pandereta que perteneció el artista e incluso una bacía de cerámica pintada que reflejan el mundo exterior que rodeó al pintor y los aspectos más interiores de su vida. Un conjunto de reproducciones de obras del pintor o de las que él es protagonista que tratan de analizar cómo la literatura influyó en la obra pictórica de Picasso y en su posterior pasión por la poesía. La mayoría de los libros que se exponen en esta obra -bibliografías y ensayos sobre su vida y obra- son primeras ediciones y todos ellos fueron publicados en vida del autor.

( Primera monografía dedicada a Pablo Picasso, «Picasso y alrededores» de Iván Aksiónov. Moscú, 1917) (*)
A través de los retratos que Picasso grabó de Balzac y León Tolstói, todos ellos realizados en Francia, se puede apreciar su temprana admiración por estos autores que más tarde influirían en su propia obra y cómo reflexiona sobre ellos a través de sus retratos. El comisario de esta exposición, Rafael Inglada, ha mencionado el “enorme” interés de Picasso por los clásicos y por las “luces y sombras” del Barroco que tanto le influyeron. En este sentido, ha destacado el aspecto documental y científico de la exposición, y la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo, ha añadido que se trata de una “manera diferente” de acercarse a este personaje y que supone una nueva oportunidad para “repensar” a Picasso.
Reproducimos ahora el comentario que publica El blog de Cícero y recoge info.valladolid.es, sobre esta muestra que ha sido posible gracias a la colaboración del Museo Picasso de Barcelona, el Museo Picasso Málaga, la Fundación Picasso/Ayuntamiento de Málaga, el Museo Picasso de Buitrago del Lozoya y la colección Quero Muñoz/Moyano Nieto.

( Negre, negre, negre… Retrato de Aimé Césaire laureado. Vallauris, 1949. Punta seca y raspador sobre cobre de Pablo Picasso en el Museo Picasso de Málaga. 39,5×28,5) (*)
“En 2017 se cumple el centenario de la publicación de la primera monografía dedicada al artista, ‘Picasso y alrededores’, de Iván Aksiónov, una publicación que aparece en 1917 en la editorial CentriFuGa de Moscú. Hace, pues, un siglo de la primera edición de esta rara obra que abrió paso al esplendor del nombre del pintor malagueño en letra impresa, algo que, sin embargo, venía aconteciendo ya desde su lejana adolescencia coruñesa, cuando el nombre de Picasso vio la luz por vez primera en letras de molde en 1895.
Es este centenario, la excusa y el eje desde el cual se desarrolla la muestra ‘Picasso. El trazo y las letras’ es una conversación mantenida entre los que hablaron de él -tanto en monumentales como en discretas biografías y ensayos-, así como la respuesta que les dio el propio Picasso, haciéndolo frecuentemente con una labor silenciosa, ardua, mordaz y cautivadora.

( Los juegos y la lectura. París, 1953. Aguada cera y pluma sobre zinc, de Pablo Picasso, en el Museo Picasso de Málaga. 50,5 x 64,2) (*)
Precisamente, es el mundo de la lectura, las vanitas heredadas del barroco, el universo de los poetas y de los novelistas, el de su interés por todo lo relacionado por la literatura en general, especialmente por los clásicos, lo que originó en Picasso -y también en quienes lo acompañaron- ese punto de inflexión, de intimidad medida que aparece en su producción. La mujer que lee en la privacidad familiar, el personaje leído, el artista que lee y que, a su vez, escribe, como se contempla en su propia obra teatral y poética editada, otorgan un espacio de atención sobre el pintor que, en palabras suyas, hubiera querido pasar a la historia como poeta. Por aquí se vislumbran tanto las conveniencias y gustos literarios de Picasso (Ovidio, Cervantes, Góngora, Balzac, Machado…) como aquellos autores con los que el artista dialogó y afirmó su relación a través de las colaboraciones (Max Jacob, Éluard o Césaire).
Pablo Picasso y las letras
Pablo Picasso no escribió́ ningún libro de ensayo ni ningún tratado de pintura. Su pensamiento, sus aficiones, sus criticas y sus valores quedan profusamente plasmados en sus creaciones, la inmensa mayoría plásticas y una minoría escritas (poemas, piezas teatrales, cartas, dedicatorias). Para seguir la expresión verbal de su pensamiento, resulta inestimable recurrir al testimonio escrito de quienes le conocieron, de los estudiosos que le trataron, de los amigos que le quisieron.

( Jacqueline leyendo. Cannes, 1957. Aguada y lápiz tipográfico sobre zinc de Pablo Picasso. En Museo Picasso de Málaga. 66.50.5) (*)
Pero en su obra descomunal, junto a los problemas generales y artísticos, está siempre presente el hombre: Picasso, con sus vivencias personales, sus cóleras, sus dramas. En ella nos ha dejado el artista una apasionante confesión intima en más de veinte mil cuadros, grabados, esculturas, dibujos, ensamblajes y collages. Su vitalidad nunca desmentida le llevó a afrontar en su vida y en su arte toda clase de paradojas y contradicciones, manteniendo siempre una fidelidad última a sí mismo.
Recordando al admirado Santiago Amón, «Picasso ha sido el hombre feroz, implacable, inmisericorde, que ha desmoronado, de norte a sur, el ventanal de la edad antigua para instaurar a partir del escombro del vidrio fracturado un semblante nuevo y un nuevo paisaje».”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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