Por Carlos de Bustamante

( Rosa blanca. Acuarela de Tóbal, en tobalacuarelas. blogspot.com) (*)
El polen derramado por las flores masculinas y conducido por el viento, se deposita sobre los estilos. Estos son receptivos a todo su largo, y por ser de carácter mucilaginoso (húmedos y pegajosos), permiten la adherencia y germinación del polen. Cada estilo puede ser colonizado por varios granos de polen, pero sólo uno de ellos, luego de germinar, penetrará al interior a través de su tubo polínico; éste se elonga hasta alcanzar al óvulo y fecundarlo.
¿Y esto “a qué ton” y por qué Rezongón…? : “¡Aguarden!”. Tiendan por favor con la imaginación, la vista sobre un campo de mieses. Si es época de floración, a buen seguro que no les dice nada; como mucho y con la probabilidad de que se les supone, apreciarán la belleza inmensa del ondular de las no ha mucho formadas espigas. Y si es la época, el misterio oculto en un prodigio de la naturaleza creada como es el “cerner”. Para que el de capital me entienda: cierne el “cerial” cuando las diminutas flores machos, fecundan con el polen a los estilos de las diminutas flores hembras, hasta llegar al ovulo, naturalmente femenino. Referido a los dos cereales más comunes por estos pagos de “pan llevar”: el trigo –cereal rey- y la cebada. No creo que le suponga excesivo esfuerzo al sufrido lector trasladar este prodigio “in ocultis” ” a nuestros ojos tantas veces si no ciegos, puede que nublados de la naturaleza creada al ser humano que, como el “cerial” y toda la especie animal o vegetal desarrolla a lo largo de una vida más o menos larga, viva, nazca y se reproduce de formas con algún parecido al dicho.
Para el que, sin queriendo, le resulte dificultoso y con perdón de la mayoría: ¿no tiene parecido el polen masculino de algunas flores con el espermatozoide de los humanos varones o, sin perdón machos? ¿No tendrán cierta similitud los “estilos” femeninos de las flores con los óvulos en la mujer que es y será hembra? ¿Y acaso, en fin, no nace el grano (el pan) tras la fecundación del polen macho al óvulo femenino que existe sólo en la hembra?
Complicado de verdad ver y observar cómo este prodigio se realiza. Pero complicado o no, esto es así. Y lo es del tal forma, que sin polinización del macho a la hembra, no habría grano, ni pan hecho harina luego con que alimentar a la especie humana ni a la animal que utiliza el hombre para su servicio.
¿Vislumbran al menos a qué ton la parrafada primera y barruntada al menos la segunda? Pues si les parece de interés les ruego que prosigan la lectura para desvelar del todo el portento.
Habríamos de preguntarnos primero, dónde tantos insectos (por lo general abejas), para realizar el transporte del polen de las flores masculinas a los estilos femeninos en los millones de flores en un campo de cereal de grandes o medianas labranzas que previamente recibieron múltiples granos de sembradura. No por sabido, dejaré aparcado el “gustazo” de seguir paso a paso las diferentes etapas del portento tantas veces inadvertido.
Muere el grano depositado en tierra, bien sembrado “a voleo” en tiempos de Maricastaña, bien por el progreso de los monstruos robots que arrastra el no menos monstruoso robot-tractor que nos “trajon de quisió ande” con el tantas veces mentado progreso. Y tras la muerte surge, por imperativo de quien lo creó, la vida: primero la yerba, luego la caña de la yerba hecha tallo, y en proceso que no abarca la inteligencia, la espiga luego. Como “bendita la rama que del tronco nace”, la espiga inhiesta y gallarda como cabeza hermosa pero sin seso, va y florece: no como todo lo creado plantas y animales que pululan por éste nuestro planeta azul por arte de birlibirloque, sino por imposición sabia de quien es Sabio Creador del universo.
Hechas las consideraciones anteriores, vistas, sabidas y vividas, permítanme que traiga a colación lo que para la mayoría, por sabido, les resultará familiar: “Oyeron después los pasos del Señor Dios, que se paseaba por el jardín de Edén a la brisa de la tarde, y el hombre y su mujer se escondieron de su vista entre los árboles del jardín»…
Con y en la brisa estaba el Creador: en el ondular de las mieses, Alguien debe estar, para que así se realice la polinización. ¿No es una maravilla que hasta en los vegetales sean necesarios dos sexos (no géneros) que con la brisa realicen cada cual su función y no otra? ¿No es arriesgado cuan do menos, llevar la contraria a la naturaleza creada por quien todo lo hizo bien? ¿No es de poco cuerdos los que, creyéndose dioses Le quieran así enmendar la plana? ¿Y no queda claro, por último, el porqué rezongón?
Sin que no crea haberles descubierto ningún nuevo Mediterráneo, puesto a poco que sean son ustedes, mis amigos lectores, mucho más “agudos” que quien les escribió de nuevas vidas con polinización y flores, supongo disipadas las nada probables dudas sobre el sexo que no género y los rezongamientos en esta dichosa materia tan en boga.
Queda descifrar el porqué del título. Acudo a recuerdos remotos que no le serán ajenos al foramontano Javier, que también los vivió.
Fue en el campamento de Montaña de los Caballeros Cadetes en Ezcaray, lo que ahora les digo que sucedió. No me pregunten el porqué de este recuerdo, porque no lo sé. Sencillamente me vino a la memoria y lo puse como título oportuno. Si lo es o no, ustedes dirán. Yo… digo nada más.
Teníamos en la Academia G. M. un coro de más de 50 voces, dirigidas por un verdadero maestro; que “es”, creo, de gratísimo recuerdo.
En el pueblo, Ezcaray, de la Rioja Alta, se celebró una Misa a la que fuimos invitados. La iglesia, preciosa, tenía en lugar elevado un coro donde nos instalamos. Las bóvedas del templo favorecían y no poco la sonoridad de los voces recias, varoniles de los Caballeros Cadetes. De las canciones entonadas durante la Santa Misa no recuerdo el título aunque sí letra y música. La de referencia al título fue la última. Mientras el sacerdote finalizaba con el “itae Misae est”, entonamos, ¡cómo no!, una canción a la Virgen Inmaculada. Bien porque las bóvedas multiplicaron la sonoridad, bien porque los cadetes pusimos alma y corazón al interpretarla, el caso es que puestos en pie los asistentes escucharon perplejos la oración cantada imponente: “Inmaculada, siempre y siempre pura/, diste el Ser de tu carne al bien mío/ así en la altura/ la nieve se hace río/ sin perder su limpieza y su blancura/…. En un silencio de impresión atacamos con entusiasmo la estrofa final, recia y extremadamente sonora: ¡Cantad, cantad, amores, que un ángel en las nubes a cantado/: ¡Alégrate Israel porque ha llegado/ el día de los hombres deseado/ ¡¡ Y EL ROSAL DE DAVID HA DADO, FLORES”…!! Estalló como un trueno allá arriba en el coro. Flores, rosal, milagro, el Ser por excelencia… , ¡qué sé yo! Con imaginación calenturienta adopté el título y ya está.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4248/34366978090_18ea3c7976_o.jpg
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