Por Guillermo Fernández de la Yeza. Introducción de Carlos de Bustamante

( Lavabo del servicio. Acuarela de Jesús Lozano Saorín.) (*)
Por exigencia de nuestra Revista de veteranos de las Fas, es preciso que lo publicado en ella sea inédito. Por la utilidad de información fidedigna sobre esta malintencionada (Demoníaca) ideología, aprovecho que ya se ha publicado esta segunda entrega, para continuar la difusión e información sobre lo que insiste el Papa y todas las autoridades del Magisterio de la Iglesia en denunciar las consecuencias debastadoras, para la familia y la sociedad. En la confianza de que serán muchos los que lean nuestro blog, transcribo esta segunda parte de cuatro con la misma procedencia de mi querido amigo el General Willy.
“Cada persona evacua diariamente un litro y medio de orina y unos ciento cincuenta gramos de heces fecales, cuya eliminación resulta tanto más problemática cuanto mayor es el número de habitantes de las poblaciones. A lo largo de los siglos se han utilizado procedimientos más o menos ingeniosos e incluso expeditivos para, al menos, retirarlos de los domicilios. Así, se llegó hasta tiempos de Carlos III, a nuestro “¡agua va!”, que los arrojaba a la calle con peligro de los viandantes; a defecar directamente en las calles por algunos, como en París, lo que dio lugar a su prohibición por el Ayuntamiento, suscitando las entonces lógicas protestas; al traslado de la corte francesa de un palacio a otro, según dicen, para limpiarlo cuando su ambiente resultaba ya irrespirable, y hasta a la concesión de un título nobiliario en Inglaterra, muy preciado, a quien tenía la alta misión de resolverle este problema al rey (“Un cargo de postín” TG Pardo de Santayana, T. M y A.,num.355/4).
En 1775, el inglés Cumming patentó el inodoro, en el que un tubo en forma de ese, el sifón, hace de cierre hidráulico para evitar olores desagradables; pero transcurrieron setenta años hasta que un acta de Salud Pública inglesa obligara a instalarlos en las casas de nueva construcción y hasta 1890 para que el invento se extendiera a toda Europa. Por supuesto, hubo que disponer también las canalizaciones, así como los sistemas de almacenamiento y eliminación necesarios.
Actualmente, lo normal es que exista un cuarto de baño completo e incluso un aseo, ambos con su inodoro, en los domicilios privados, así como amplios espacios con servicios para cubrir estas necesidades en los locales abiertos al público. Es evidente que los inodoros o retretes y los lavabos son de uso indistinto; pero, sobre todo en los servicios públicos, se han añadido unas tazas especiales, urinarios o mingitorios, adaptadas al fácil y más higiénico uso por quienes están adecuadamente dotados por la naturaleza para ello.
En definitiva, el ingenio humano ha dado solución eficaz y reciente al problema. En los lugares públicos, ha adaptado los servicios a los atributos evacuadores de cada uno y a la salvaguarda del pudor, mediante la separación de hombres y mujeres. Para no equivocarse, en las puertas de acceso se colocan letreros, como “Caballeros” y “Señoras”, o dibujitos de lo más variado.
Así de fácil ha sido hasta hace poco tiempo: Una mujer sabía dónde tenía que entrar, aunque luego haya de traspasar otra puerta para acceder a un inodoro individual, equipamiento también existente en los servicios de caballeros. Esa segunda puerta es quizá hoy la barrera del último reducto del pudor, y no en todas partes.
Como digo, esto ha sido así hasta hace poco tiempo, porque ahora, como una de las muchas conquistas de la ideología de género, el sexo ha entrado en estos espacios. Sí, ahora existe un movimiento pro “baños transgénero” tan importante que hasta el Sr. Obama ha intervenido en apoyo de las normativas favorables dictadas en algunos de sus estados. En síntesis, no se vincula el acceso a disponer de un pene o una vagina, para entendernos, sino también al sentimiento o convencimiento de ser hombre en un cuerpo de mujer o viceversa, lo que así debe ser también considerado y respetado por los demás, como algo natural.
Creo que tengo la solución: eliminar los letreritos aplicando lo que he observado en algunos buques de pasaje: Un número adecuado de puertas, cada una de acceso a un inodoro, a lo largo de un pasillo, para uso indistinto. Puede mantenerse un espacio con urinarios para uso de quienes estén facultados para ello. Desde luego, quizá desaparezca su utilización como lugar de reunión; pero todo sea por la convivencia pacífica entre sexos (no géneros), sin perjuicio del necesario alivio fisiológico.
Ya ven que este es un problema que tiene solución, o me lo parece. Otros se me antojan más complicados: Supongamos que un “matrimonio homosexual” adoptó una criatura; pero la convivencia se complicó y decidieron separarse, surgiendo el problema de la custodia del niño o niña. Los jueces, hasta ahora, suelen concederla a la madre; pero en este caso ¿a cuál de los o las dos? ¿Quién asume el papel de madre?
¿Y si el varón tiene derecho preferente a una herencia, pese a ser el menor de los hermanos y una de sus hermanas dice que se siente hombre? Seguramente este caso no prosperaría, pues seguiría siendo legalmente mujer ¿Y si dejara de llamarse legalmente Carlota, para ser Carlos en toda su documentación? Hombre, siempre podría aducirse la forma de sus genitales. Pues supongamos que se opera para sustituirlos. Claro, la solución definitiva está en modificar el Derecho de sucesiones para adaptarlo a esta ideología, lo que estimo que, en la propia lógica de esta, debería consistir en aceptar el cambio de género (esa mujer es un hombre) sin necesidad de modificar que el varón siga siendo el receptor de la herencia; pero mientras se le da solución jurídica, se trata de un problema potencial importante. Fíjense en Japón, donde el emperador ha decidido abdicar en su hijo, a quien le corresponde sucederle; pero su nieta, también hija única, no podrá heredar en su día el Imperio, por ser mujer; lo hará el pariente varón más próximo del entonces emperador. Con independencia de lo que pensemos sobre este sistema, menudo lío como se acepte allí la ideología de género hasta ese nivel.
El diccionario de la Real Academia Española ha introducido la acepción de la palabra “género”, junto a las de siempre, vinculadas a mercancías, telas, gramática, literatura, música, clase o tipo de personas o cosas, biología, etc. Dice así: “Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”. Esta definición, que no estoy muy seguro de que coincida totalmente con los criterios sustentados por esa ideología, ha llegado tras o al mismo tiempo que su introducción en el lenguaje y la legislación. Que yo recuerde, en España, en el trámite de debate del proyecto de “Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, se discutió sobre la aceptación de esa palabra. Se propuso “doméstica”, entre otras alternativas, sin ningún éxito. Se aprobó así, como Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.
Actualmente, la ideología de género está asumida por casi todos nuestros partidos políticos, que votan por práctica unanimidad disposiciones a favor de los LGTBI (Lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales) y también en muchos otros países y organismos internacionales de altísimo nivel, que hasta presionan de forma difícil de resistir a los que no la aceptan en su totalidad o en parte, como están sufriendo ahora Polonia y Hungría. Se trata, pues, de un ejemplo de transversalidad que resulta paradigmático. Su rápida implantación ha sido posible por los apoyos de muchos medios de comunicación, de instituciones sociales y políticas, de normativas de todo rango y hasta de carácter económico, con cargo a presupuestos públicos y bolsillos privados.
La aceptación o el silencio casi general en la sociedad ante esta ideología son indudables, sea por convencimiento, por no ir contracorriente y ser políticamente correctos, o por la dificultad de resistir la presión que la acompaña, incluida la persecución, ejercida por lobbys poderosos. Asuntos sobre los que pensar.”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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