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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 26 Jun 2017 - 07:28 CET
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“Y lo bien que lo dicen”,de El Aguijón, y “Dejar morir no es matar”, de Roberto Germán Zurriaráin

( Viñeta de Esteban en La Razón el pasado día 14) (*)

Y LO BIEN QUE LO DICEN

Artículo de El Aguijón publicado en La Gaceta el pasado día 15

El Congreso no es una aula de la facultad y Rajoy no es el chico de la primera fila con la cara llena de granos que atiende embobado al discurso de su profesor. Masticando como acompañamiento al café mañanero las intervenciones de los podemitas en la moción de censura he recordado, palabra por palabra, una conversación mantenida con un viejo conocido hace un año. El tipo, de ascendencia filofascista, venía fascinado después de un mitin-fiesta de Unidos Podemos. Con barra a precios populares, cantautor trasnochado y puños en alto, el discurso de Iglesias, Garzón y Bescansa hizo chispa en el cerebro de un sujeto que andaba a la deriva ideológica. Mi amigo decidió el sentido de su voto con apenas tres horas de adoctrinamiento jaranero.

En sólo quince minutos desmonté el argumentario demagógico utilizado por los tres participantes en el acto, mi colega, que aún mantenía una sonrisa bobalicona, no sé si por el contenido del discurso o por el del líquido que había bebido, lo tenía claro, vale, puede que me hayan engañado, pero “Y lo bien que lo dicen”.

Nada es casual en el mundo de Podemos. Su llegada a la política se engendró después de un duro trabajo en la Universidad Pública. Utilizaron como conejillos de indias a niños y niñas que recibían en las neuronas lo que habían pagado por obtener.

El auditorio era perfecto, receptores poco preparados ansiosos de recibir una lobotomización ideológica de manos de instructores pagados por los contribuyentes.

El siguiente paso era aún más sencillo, alcanzar a una ciudadanía desesperada utilizando para expandir el mensaje a propios miembros de las unidades familiares. El resultado ya lo padecemos hoy, políticos mediocres con un discurso de hace dos siglos en todas las instituciones españolas.

El problema se presenta cuando se lleva esa política de panchangueo a un auditorio serio como el Parlamento. Podemos nunca ha pretendido sacar adelante la moción de censura a Rajoy, ni ha intentado, como mantienen algunos, dar un toque de atención al nuevo PSOE de Pedro Sánchez en el Congreso. El único objetivo del circo orquestado por Iglesias y sus fieles es llamar la atención, y no dudan en usar todos los medios a su alcance.

El Congreso de los Diputados no es una aula de la facultad de Políticas y el Presidente del Gobierno no es el chico de la primera fila con la cara llena de granos que atiende embobado al discurso de su profesor.

Los interminables y rancios discursos de Irene Montero, quien lleva la voz de Podemos en la Cámara con el simple currículo de ser la pareja del “macho alfa” y de Pablo Iglesias, recuerdan al Fidel Castro más infumable y han sufrido la réplica de un político más preparado y cuyos argumentos van más allá de los manuales caducos de la biblioteca de la “facu” y están extraídos directamente del mundo real, muy alejado del leninismo amable que pregonan los oligarcas de Podemos.

El resultado, a pesar del trabajo de los trolls morados en las redes sociales, ha sido el esperado, una correlación interminable de “zascas” de Rajoy al discurso demagógico y manipulado de la pareja podemita.

El diputado Rafa Mayoral ha anunciado que Podemos estudia presentar una nueva moción de censura después del verano, y es que “lo importante es que hablen de nosotros, aunque sea mal”.

Artículo en: http://gaceta.es/aguijon/dicen-15062017-0730

DEJAR MORIR NO ES MATAR

Artículo de Roberto Germán Zurriaráin publicado en Aceprensa el pasado día 7

En un artículo publicado en Cuadernos de Bioética ( “Vulneraciones de la dignidad humana al final de la vida”, Cuadernos de Bioética, n. 92, vol. XXVIII, 1ª, 2017, págs. 83-97), Roberto Germán Zurriaráin aborda las diferencias entre sedación terminal y eutanasia. Ofrecemos un extracto.

Aunque hoy día la eutanasia no está permitida en España, mucha gente opina que la sedación es una forma solapada de esta. No es de extrañar que un mal uso y abuso de la sedación aboque […] a comprenderla como una eutanasia encubierta. Es un hecho que cuando se inicia una sedación lo más habitual es que a las pocas horas se produzca la muerte del enfermo.

Efectivamente, la sedación deteriora el nivel de conciencia, pero no provoca intencionadamente la muerte, sino el curso natural de la enfermedad grave. La sedación, bien entendida y bien aplicada, no es eutanasia. No va en contra de la dignidad humana. Todo lo contrario.

La sedación no tiene como intención la muerte del paciente, sino el alivio de un síntoma intolerable

Para evitar estos equívocos se tiene que decir, en primer lugar, qué se entiende por sedación. Siguiendo la definición de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos esta la define como la disminución del nivel de conciencia del paciente de manera deliberada, una vez obtenido el oportuno consentimiento, mediante la administración de los fármacos indicados y [en] las dosis proporcionadas, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por un síntoma o síntomas refractarios.

Por tanto, a nivel teórico la diferencia entre sedación y eutanasia es muy grande. Se aplica una eutanasia cuando algo se hace o se deja de hacer con la intención directa de producir o acelerar la muerte del enfermo, sea o no terminal. En la eutanasia la muerte del paciente ha de ser el objetivo buscado. Esta puede producirse por acción (administración de sustancias, etc.) o por omisión (no asistir médicamente). En cambio, la sedación no tiene como intención la muerte del paciente, sino el alivio de un síntoma intolerable.

Por consiguiente, ante una situación clínica objetivamente conflictiva, no es lo mismo provocar directamente la muerte del enfermo con la finalidad de terminar con sus sufrimientos y posibles dolores (eutanasia directa o activa), que llevar a cabo un tratamiento cuyo objetivo es el alivio de esos sufrimientos y posibles dolores sin intención de provocar la muerte (sedación), aunque es posible que se acelere la muerte natural debido a los fármacos suministrados.

Los sedantes, en las dosis adecuadas

Esta confusión [entre sedación y eutanasia] obedece a la relación errónea que se establece de causa-efecto. Parece como si la sedación al enfermo fuera una manera de adelantarle la muerte sin sufrimiento y sin dolor, es decir, como si se le hubiera aplicado una eutanasia.

Pero no es así. No se produce la muerte por la sedación, sino porque el paciente está muy mal. La sedación tiene como efecto accidental y no querido la posible aceleración de la muerte del enfermo. Pero en la sedación no se busca, ni como fin ni como medio, la muerte del enfermo, sino la administración de un fármaco sedante, no letal, que tiene por finalidad paliar el dolor y/o el sufrimiento del enfermo. […]. Si no se explica bien, es normal que algún familiar piense que lo que se ha hecho con el enfermo ha sido una eutanasia.

El recurso a la sedación al final de la vida será aceptable éticamente cuando sirva a los mejores intereses del paciente que está en etapa de muerte inminente

Efectivamente, para el trato debido a la dignidad de todo ser humano y [para] no caer en eutanasia tiene suma importancia distinguir la acción de “dejar morir” de la acción de “matar”. El médico no debe pretender la muerte del paciente, sino que deja de intervenir en un proceso abocado a la muerte. El médico, que “deja morir” al paciente, no persigue su muerte directa, sino que le deja en situación de que muera de muerte natural.

Así es: cuando se administran fármacos en la dosis necesaria para controlar los síntomas (en la sedación), el efecto deseado es el alivio del sufrimiento, el efecto indeseado es la disminución de la conciencia, pero la muerte no puede considerarse como el efecto indeseado, ya que el paciente fallecerá a consecuencia de su enfermedad.

Esto no es óbice para la existencia de aplicaciones médicas imprudentes de la sedación por debajo de los estándares recomendados, abusos en su aplicación, o un uso inadecuado o inapropiado de la misma, [como cuando] se administran sedantes a un paciente con la intención de aliviar síntomas, pero en circunstancias clínicamente inapropiadas, como por ejemplo, cuando no se ha realizado una cuidadosa evaluación clínica del paciente y se consideran como refractarios (aquellos que no pueden ser controlados con los tratamientos disponibles) síntomas que en realidad no lo son […].

Con todo, el uso más inapropiado de la sedación es aquel que tiene como intención primera acelerar la muerte del enfermo terminal. En este caso, el abuso de la sedación, al administrar dosis de sedantes más altas que las que el enfermo necesita médicamente, [es] la causa de la muerte del paciente.

Por el mejor interés del paciente

Hay que tener en cuenta que las únicas “alternativas” a la sedación serían o “matar” al paciente, esto es, abogar por la eutanasia, o mantenerlo con suero sin sedarlo, que conduce a prolongar la agonía. Estas dos “alternativas” son actividades contrarias a la lex artis del médico y a cualquier ser humano. Esta ley remite al derecho que tienen los médicos a establecer los criterios para decir lo que es indicado para cada paciente en cada circunstancia. Tanto es así que lo que está en juego es la dignidad de la vida humana y la de la vocación médica.

El recurso a la sedación al final de la vida será aceptable éticamente cuando sirva a los mejores intereses del paciente que está en etapa de muerte inminente, cuando exista una indicación médica correcta, tras deliberación y reflexión compartida por el equipo sanitario, autorizada por el enfermo (en su defecto, por la familia) y cuando otros recursos terapéuticos que no disminuyen el nivel de conciencia para el control de los síntomas hayan demostrado su ineficacia.

Lo que se trata es que la sedación no se convierta en un recurso que, en vez de servir a los mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo del equipo médico que le atiende, el propio sufrimiento de la familia, o se le aplique atendiendo a criterios meramente economicistas. […] La sedación del paciente no descarga al equipo médico de la dignidad intrínseca del paciente, de la ética de la propia profesión y de los cuidados básicos que todo enfermo precisa.

Ver artículo completo en: http://www.aceprensa.com/newsletter-article/dejar-morir-no-es-matar/

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4218/35212183051_aca2b39718_b.jpg

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