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El Rezongón. ¡Centinela alerta! (I)

Tres foramontanos en Valladolid 27 Ago 2017 - 07:21 CET
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Por Carlos de Bustamante

( La rambla. Acuarela de Margarita Forteza Villar en fortezavillar.blogspot.com) (*)

He de advertir previamente a los amigos lectores de nuestro blog, que este Rezongón no ha podido verificar si lo que a continuación expone es la verdad solamente la verdad y nada más que la verdad. Así pues esta voz de alerta procede de que la noticia, no sin perplejidad, rayana en la incredulidad, sea o no del todo cierta.

Escuchaba absorto en el “parte” de la televisión, y con el dolor común a todos los españoles, cómo se sucedieron los atentados yihadistas y la barbarie criminal en las españolísimas tierras catalanas. Era un programa especial que se emitía en una cadena de televisión con tertulianos que, por lo general, son de fiar. Con imágenes escalofriantes se narraban las tristes consecuencias que, consternados, todos conocemos. La locura de los cuasi adolescentes fundamentalistas del Daesh desatada sin piedad contra españoles y turistas extranjeros que disfrutaban del paseo por las bellísimas Ramblas de Barcelona. El cómo se desarrollaron los crímenes infames asesinatos, ni me pete, ni es preciso recordarlos cuando la macabra escena aún está grabada en la retina y en el alma de todos los españoles e incluso de cuantos han sufrido en otros países crímenes semejantes o aún mayores.

Si mal no recuerdo -y ustedes perdonen si a este viejo Rezongón le patinan las neuronas- entre los tertulianos estaba el portavoz de la Policía Nacional, dos o tres personas más y un Tte. General de nuestras FF.AA., creo que retirado.

Manifestaba el portavoz, entre dolido y perplejo, y a preguntas del director del programa si hubo o no descoordinación en las fuerzas de Seguridad en alerta -4- como de todos es sabido. O sea, muy alta, casi alerta máxima. Siendo el -5 la mayor y siguiente. La contestación fue rotunda: ¡descoordinación total! El motivo que explicó detalladamente fue el que descompuso lo más íntimo del Rezongón. Intentaré recordarlo textualmente: ofrecida la ayuda por el alto mando de la Policía Nacional el refuerzo a los Mossos de E´scuadra que el nivel de alerta requería, la contestación negativa fue, además, desoladora: “la Policía Nacional del Estado (las mayúsculas son, por supuesto mías) no tiene por qué inmiscuirse en asuntos que son de nuestra exclusiva competencia”.

Otro tertuliano, que hizo uso de su tablet, para leer sin equívocos lo escrito que también quisiera que pese al tremendo impacto que me produjo, fuera textual: “Hace tan solo unos días que el Servicio de Inteligencia de EE.UU. advirtió a la Generalidad – ¿y por qué no al gobierno español? -, (precisión que no dijo), que la CIA tenía noticias fidedignas de un próximo atentado del ISIS en Barcelona, ¡concretamente en las Ramblas! ¿Conocen ustedes las medidas extraordinarias que se tomaron ante estas informaciones…? Servidor tampoco. Perdón, sí. Si hemos de dar crédito al portavoz de la Policía Nacional: rechazar su oferta de apoyo. Tan graves han sido las consecuencias, tan tristemente conocidas de todos, que no quisiera estar en el pellejo, con perdón, del portavoz si hubiera mentido.

Con el estado de ánimo que ustedes se pueden suponer, aún pude escuchar la intervención de mi amigo y compañero el Tte. General, cuyo nombre -¡ay!- tampoco recuerdo.

Preguntado si él elevaría al nivel -5- la situación de alarma, sin el menor titubeo la respuesta fue afirmativa. Nivel de alerta que como sabrán conlleva la colaboración del Ejército en misiones de seguridad ciudadana y actuación antiterrorista en caso necesario.

Aunque hubo sus más y sus menos entre los tertulianos, al fin prevaleció la opinión del más experimentado en situaciones similares, en la que este Rezongón fue necesariamente experto.

Con la brevedad que me sea posible les informo del porqué experto: Eran los años en que otros criminales, que en poco se diferencian de éstos, mantenían en vilo a España con crímenes por casi todos conocidos. Por los mayores al menos. En el apogeo del crimen premeditado y organizado, consideró el gobierno de turno (no recuerdo cuál) la necesidad de alerta -5-, que denominada o no así, requería el refuerzo del Ejército al resto, impecable e incluso heroico de las Fuerzas de Seguridad del Estado: Guardia Civil y Policía Nacional. A lo que por supuesto, éstas no se opusieron.

Comandante entonces este Rezongón de hoy en el Regimiento de Infª San Quintín, fui nombrado organizador del mencionado apoyo. No recuerdo si se me fijaron los posibles objetivos de la banda terrorista Eta, o los seleccioné de entre los posibles los más probables; y de entre éstos los más peligrosos, como mandan los cánones en la milicia. El caso fue que en cada repetidor importante de televisión o telefonía y también en diversas subestaciones de suministro eléctrico o de abastecimiento de aguas, tenía una guarnición de tipo Sección de Infª con mando de un teniente. El Servicio de Información de Capitanía General, tuvo conocimiento de la posibilidad de un atentado inminente en la subestación eléctrica tan importante como es la de la de un pueblo vallisoletano de todos conocidos por este fundamental centro de distribución eléctrica para toda España.

Al cargo entonces de la 4ª Sección de Regimiento con todos los vehículos de la unidad mecanizada que era, elegí vehículo y conductor de entre los muchos que disponía el Regimiento. El conductor del jeep, un muchachote, recio como un roble y vasco de Vizcaya, me recogía muy temprano a la puerta de casa y era entonces cuando le indicaba el destino de inspección de cada día. Ni que decir tiene que nadie de entre los míos ni siquiera conocidos sabía la misión y el itinerario a seguir al lugar tampoco desvelado. En llegando a lugar, multiplicaba los ensayos a los diferentes supuestos que pudieran presentarse. En tal grado de asimilación de cómo actuar en cada caso llegaron los soldados de reemplazo en cada “objetivo”, que la reacción hubiera sorprendido hasta a los mismos terroristas en lo que era su asesina especialidad.

Nadie, ni el propio comandante en jefe, penetraba en el lugar custodiado sin la más minuciosa identificación de la propia persona, registro minucioso del vehículo y objeto de la visita. Y si, por un casual, algún pequeño detalle pasaba inadvertido al centinela, de inmediato el teniente comandante del puesto recibía la amonestación correspondiente. Ni que decir tiene cómo cada jefe de destacamento se esmeraba en prever todas las posibles artimañas de las que los terroristas podrían valerse. Nada quedaba al azar ni a la improvisación. Incluso proveedores y provisiones diarias eran objeto de la más rigurosa inspección. Vamos, que por la cara allí no entraba “¡ni el tato!”.

Me perdonarán que ponga punto y no final al artículo. El que, si Dios es servido tendrá una segunda entrega. ¿Y rezongar…? En el próximo.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4341/36515128332_9729fda5ca_o.jpg

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