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Sobre la memoria

Tres foramontanos en Valladolid 11 Feb 2018 - 07:25 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

( Pintada en Callosa de Segura pidiendo que se queme la cruz de la plaza del pueblo. Foto en Actuall.com) (*)

Dirán ustedes que me sorprende todo, y tendrán razón en comentarlo. Me asombra, por ejemplo, la memoria. Porque el hombre está acostumbrado a montar cosas que han de funcionar con precisión y lógica, pero suele tratarse de trastos y artilugios formados por componentes más o menos estables: piezas metálicas, de piedra, de cristal o de madera – incluso de papel o de cartón – que cuando exigen movimiento para ser colocadas en su sitio, desplazarlas o producir un determinado efecto, dependen de que utilicemos la energía.

De ahí lo sorprendente que es el hecho de que nosotros mismos dispongamos de un archivo accesible y cuyo contenido pueda ser reproducido de forma instantánea, pero que es de una naturaleza tan blanda y tan carente de diseño como nuestra sesera: un “artefacto” que además evoluciona – supongo – con el tiempo y que ha de albergar recuerdos de tipos muy diversos: palabras, imágenes, sonidos, impresiones, olores y sensaciones de toda clase que deberán quedar almacenadas de tal forma que permitan el acceso a todos ellos en cualquier momento. Y que no deben sufrir apenas deterioro a lo largo de toda una vida de utilización constante.

Se trata, pues, de un tipo de montaje que debe ser portátil y soportar sacudidas y desplazamientos; que ha de responder con prontitud y con la mayor exactitud y precisión cualquiera que sea lo que se le demande, porque el “usuario” no admitirá otra cosa ya que la exigencia de imágenes, sonidos e impresiones del pasado para su utilización en el presente tenderá a ser constante y reiterada. Para mayor complejidad, el aparato en cuestión deberá ser indeformable para que no se altere el contenido con el movimiento del cuerpo del “usuario”. Que pueda hasta rematar un gol con la cabeza sin afectarlo lo más mínimo. Téngase además en cuenta que el portador de tanta información – millones de datos albergados – no puede meter sus manos o fijar sus ojos para intervenir en la selección o en el rescate de los contenidos.

Es de suponer que los científicos, igualmente asombrados y curiosos, habrán dado ya infinitas vueltas a esta realidad tan sorprendente y sabrán de ella bastante más de lo que imaginamos. Nos dirán por ejemplo, que la memoria se encuentra repartida entre lugares concretos del cerebro. Sin embargo, por mucho que lleguen a saber de localizaciones o de las sustancias en las que reside la información acumulada, mucho me temo que no tengan aún una explicación satisfactoria para saber por qué ayer me sorprendí a mí mismo canturreando una canción de mis tiempos de niño que nunca más volví a cantar. Fue un recuerdo sonoro combinado de música y palabra que se mantendría sin variación alguna en algún lugar de mí cerebro ocupando un lugar determinado y supongo que en la forma de un mensaje encriptado que nunca sufriría alteración alguna y cuyos datos habrían estado siempre en disposición de ser recuperados en su naturaleza original. Así su inesperada aparición podría haberse producido por un cruce fortuito con otras órdenes de activación de mis recuerdos.

Verdaderamente cuesta pensar que la sencilla canción ahora evocada formara parte de mí mismo durante más de sesenta o de setenta años y que permaneciera en mi cabeza formando parte de mis propios sesos: de esa masa blanda y casi informe que aparenta ser más o menos homogénea. O que estuviera ahí dentro con toda su capacidad de ser reproducida tal como lo fue en su día; con sus matices e incluso con el acompañamiento de algunas otras sensaciones también evocadoras del momento en que se produjeron.

¡Oh la memoria! Qué sería de nosotros si no la tuviéramos constantemente disponible. Podemos hacernos cargo de ello pensando en lo que nos ocurre a veces con la edad; cuando el perverso Alzheimer nos hace hasta olvidar el propio nombre. Entonces caeremos en la cuenta de que es imposible vivir sin su concurso.

De aquí que nos sorprenda la obsesión actual de algunos de nuestros compatriotas que, según parece, pretenden arbitrar disposiciones oficiales que castiguen severamente a quienes al ejercer libremente su capacidad evocadora y de discernimiento encontraran en ella recuerdos de su vida que por algún motivo resultan incómodos a algunos. Por ejemplo, porque el recuerdo de tiempos pasados trae a la luz el vil comportamiento de sus antepasados.

Así no sólo quieren cerrar la boca de quienes pudieran recordarles que sus abuelos intervinieron en la mayor matanza de cristianos que registra la Historia Universal, sino que pretenden negar la memoria de los asesinados derribando las cruces con sus nombres. Y que ellos fueron los que hicieron arder aquellos templos como ahora lo desean volver a hacer sus nietos, y asesinaron sin piedad a sacerdotes, jóvenes y padres de familia, religiosas y monjas de clausura. O que, sin ir más lejos, mantuvieron tres años en la cárcel a mi suegro – un abogado que nunca se metió en política – simplemente porque se declaró monárquico. O liquidaron una familia entera – la de mi propio yerno, incluido el coadjutor de la parroquia – por tener en el pueblo una casa y unos campos de labranza. O que ataban una carga explosiva a la cintura de tu padre y te dejaban huérfano, como sucedió a un amigo mío. O que montaban checas para “pasear” impunemente a quienes les parecía conveniente. O tiraban a la gente desde lo alto de un faro para que se ahogaran. O mataban incluso a sus compadres por simples discrepancias.

Los que asesinaron al Jefe de la oposición parlamentaria previa amenaza en el congreso, que tiene bemoles el invento. O falsificaron el resultado de las elecciones para forzar la victoria de un “frente popular”; que de ello existen pruebas que lo demuestran sin lugar a dudas.

“Memoria Histórica” llaman ahora a negar la memoria que molesta. Y la practican intentado entrar en nuestros propios sesos. Que otra cosa bien distinta es el perdón.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4742/39296423444_0c6d268de6_o.png

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