Por Javier Pardo de Santayana

( Jirafa. Acuarela de Louise de Masi en etsy.com) (*)
La incapacidad temporal de nuestra hija para conducir, motivada por una operación quirúrgica, nos ha permitido a mi mujer y a mí recuperar en parte el ambiente africano en que vivimos no hace mucho tiempo. Ahora será en su casa de Madrid, donde los muebles que antes albergaba una casa de inmensas dimensiones se han cedido a una situación bien diferente. Así por ejemplo la cama de matrimonio que ahora ocupamos los abuelos en espera de despertar a nuestros nietos para llevarlos temprano al colegio estará escoltada por dos jirafas de dos metros de altura: aquellas que esculpieron artesanos de Suazilandia, aquel país de ensueño con el que un día soñé pero al que nunca llegué por una triste circunstancia familiar. De ahí que, como fruto de aquella frustración, se me ocurrieran estos versos:
MI HISTORIA ES LA DE UN REINO
Mi historia es la de un Reino
que no hubiera existido,
de un reino que estuviera
en un lugar perdido.
Mi historia es la de un Reino
de montañas y ríos;
de pájaros exóticos
volando sin sentido.
Nadie lo habría encontrado
porque no había caminos,
sólo sendas cerradas
y bosques infinitos.
Mi historia es la de un Reino
que no hubiera existido.
Yo habría soñado un día
encontrarlo dormido,
escondido en las verdes
riberas del destino.
Y habría murmurado
dulcemente a su oído
alguna frase mágica
que él hubiera entendido.
Quizás así pudiera
despertar del olvido,
y hacer correr las fuentes
y las aguas del río,
y contar las montañas
y limpiar los caminos.
Hasta llegó un buen día
que pude haberlo visto,
pero un soplo de viento
se lo llevó consigo.
Mi historia es la de un Reino
que no hubiera existido.
Pero estas jirafas no son las únicas, porque las hay más pequeñas también – y algunas de colores – en la casa. Como hay caracolas, y muñecas, y las máscaras clásicas, y collares duros y redondos fabricados con cientos de pequeñas conchas, y una bandada de amarillos pájaros metálicos, y cabezas de antílopes, y la gran cruz traída de Etiopía adquirida en uno de sus muchos viajes por mi yerno. Y recuerdos de los tiempos de Ghana, como aquella escalera labrada en el tronco de un árbol.
En las paredes, cuadros de autores ghaneses de renombre que son como una ventana abierta a algunos paisajes entrañables: uno de ellos, representando el típico gran árbol africano centro de reunión y a la vez templo y escuela; otro, con las figuras de una mujer y un hombre que, como señala una leyenda, plantan su huerta al final de las lluvias. Y aún un tercero que representa un poblado palustre de la que era alcalde un valenciano: Pepe “el de Nzulezu”, sobre el que escribí otro artículo. ¿Recuerdan ustedes su increíble historia?
En otros lugares, grandes fotografías artísticas de rincones sugerentes de Mozambique, aquella legendaria isla cuyo nombre inspiró el de todo el país: fotos de soledad y de silencio que reflejan el paso de los siglos; puertas abiertas al ensueño.
En fin, reminiscencias de la magia que en su día intenté reflejar en mis artículos. Aquella que, incluso antes de conocerlo, me inspiró poesías como las de estos dos sonetos:
GHANA
Yo te sueño en el sol omnipresente
que calcina el verdor de tu paisaje;
yo te sueño en el mar y el oleaje
y en la luz de un verano permanente.
Te sueño en el orgullo de una gente
que no quiso saber de vasallaje;
te sueño en el empuje y el coraje
de un pueblo soñador e independiente.
Te sueño en el valor de ese tesoro
de ríos y diamantes escondidos
que hicieron fértil esa Costa de Oro.
Y en tus noches de fuegos encendidos
que nunca vi, y sin embargo añoro
te sueñan ya mis ojos doloridos.
MOZAMBIQUE
Mozambique sonoro de silencio y de luna,
de rugidos que hieren la paz de la sabana;
allá donde la mano de la diosa Fortuna
escondiera el secreto de la noche africana.
Cuando su nao buscaba sin esperanza alguna
el resplandor primero del sol de la mañana
tú ofreciste al marino la ensenada oportuna
y el refugio seguro de una patria lejana.
Ahora, que te veo surgir de entre la bruma
para esmaltar de ensueños mi mascarón de proa,
yo te imagino, amigo de la brisa y la espuma,
evocando saudades de Damâo y de Goa
y del soplo del viento salino que perfuma
los celajes azules del puerto de Lisboa.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4782/40654582202_909d451e71_o.jpg
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