Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 8) (*)
Había pasado una larga temporada con fiebre alta y ésta acababa, por fin, de remitir. Así que dije: bueno, pues echaré un vistazo a lo que está pasando por el mundo. Y encendí la televisión para ver algo.
“¿Qué ha pasado?” exclamé despavorido. A mediodía ya estaba media España por la calle. Todas eran mujeres, y cuando aparecía un hombre, cosa rara, lo hacía como pidiendo perdón e intentando dejar claro que no era de aquellos malos que matan a las mujeres o las explotan de alguna vil manera. Todos – unas y otros – lucían lazos morados como de luto sobrevenido. Afortunadamente no eran amarillos, así que respiré.
Se trataba – supe más tarde – de una huelga. ¿Qué habrá pasado? me pregunté desconcertado. Mi mujer me explicó: “Se trata de una huelga organizada por los sindicatos que apoyan la reivindicación de las mujeres y que ahora alcanza a todo el mundo”. “Pues supongo que habrán aprovechado para cambiar de raíz su actual política”, comenté, “ya que yo sepa todo líder sindical es, sin exclusión, del sexo masculino». “¡Que va! me dijeron. Siguen igual que siempre…” “ Pues algo gordo tiene que haber pasado en estos pocos días, porque esto tiene todas las trazas de responder a un acontecimiento recién sucedido…”
“Espera que yo te lo explique” me dijo mi mujer. “Efectivamente, la situación del país es como de estar en pie de guerra, con manifestaciones por doquier. Y ya no se habla de otra cosa. Hasta hay pintadas en las instalaciones de televisión clamando algo así como venganza. Y los medios están saturados con el tema. ¿Recuerdas cómo sólo hace unos días no hablábamos mas que de la situación de Cataluña? Que si Cataluña por aquí, que si Cataluña por allá… Porque no se hablaba de otra cosa… Pues ahora es igual, pero como movimiento reivindicativo de las pobres mujeres marginadas, tratadas por el hombree como si fueran trapos”.
“En todo caso no comprendo este cambio así tan repentino… Algo gordo tiene que haber pasado en estos días de mi fiebre. Claro que no me habré enterado.” “Cuenta, cuenta…” pedí. Mas no me lo aclaró, como si tuviera miedo a discrepar o mostrar su incorrección política.
Se trataba por lo que se ve de lo de siempre, pero que de pronto había estallado y ya no se pensaba en otra cosa. Era como si de pronto y sin causa especialmente definida todo el mundo hubiera caído en la cuenta de una situación indeseable aunque ya existente desde antiguo. Algo así como la caída de Pablo en el camino hacia Damasco.
“Pues no lo entiendo. Porque si no ha ocurrido nada nuevo. ¿qué mosca nos ha picado para esta efervescencia que percibo…Porque están todos como locos…”
“Mire usted, me dijeron: la cosa es que, como siempre, la cosa ha comenzado en Norteamérica. Sabe usted que los productores cinematográficos tuvieron siempre la desfachatez de ofrecer trabajo en Hollywood a las muchachas aspirantes a costa de servicios personales, y que éstas caían como pajaritos por aquello de que “París bien vale una misa”. Usted supongo que me entiende…”
Pues bien, eso fue como el detonador de un movimiento que demostró que allí todas habían sufrido en mayor o menor medida aquel acoso. Y todo Hollywood vistió de negro y ahora aquí lo cambiaron por el morado. Y hasta han sacado el consabido lazo, porque aquí quien más quien menos, todas en mayor o menor grado lo experimentaron. Y, por lo que se ve, como ocurrió en Estados Unidos nadie dijo nada nunca. Así que sólo ahora rompen el silencio y lo llevan hasta el extremo, de tal modo que de un día para otro hasta las jugadoras de futbol reclaman la igualdad en sus emolumentos aunque no sé de donde sacarán para pagarlas, pues para eso habría que empezar por llenar los estadios – primera opción – o meterte en los equipos con los tíos – la segunda -, es decir, con esas malas bestias que te patean los tobillos y si te descuidas te meten los codos a lo bestia. Y que además te escupen.
“Pues, la verdad – me permití decir sabiendo que pecaba – ahí me resulta difícil imaginar el cambio, como se lo diría a usted en el caso del rugby por ejemplo. Incluso – le diré a usted – en el llamado water polo, porque supongo que usted se habrá dado ya cuenta de lo que unos y otros se hacen mutuamente luchando bajo del agua…” “
Sí que lo he comprendido siempre, – proseguí – y siempre me ha extrañado hasta el punto de no creérmelo, que para hacer lo mismo y en las mismas condiciones y con igual conocimiento y formación haya quienes distinguen entre hombres y mujeres – en detrimento de éstas – a la hora de pagar a fin de mes”. “Y como jamás lo comprendí, me asombra que hayan tenido que venir aires de California para abrir los ojos a esos políticos y a esos sindicalistas tan majos que siempre tuvimos desde que nos homologamos con Europa.”
PS: Después me enteraría, para mayor asombro, de que los españoles no andamos tan mal en esta cuestión de la igualdad de sexos cuando nos comparamos con otros países europeos. Además de que tenemos unas femes que lo resuelven todo oreando sus senos. Así que ya hay asegurado un buen futuro de igualdad salvo por lo concierne a los sujetadores.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4792/39828182445_eddc58043a_b.jpg
Home